Unos temblores le recorren el cuerpo a Marilyn cada vez que llega la corriente. Aunque ya son muchos meses y años en esta situación no se acostumbra. Se altera. En cuanto se enciende un bombillo, su mente la pone en estado de alerta y cronograma milimétricamente cada tarea. Se pone a hacer de todo, o casi todo.
De las cosas que más lamenta es la de no poder nunca sentarse a ver el televisor, ver Rusia Today o Telesur. Y es que en su casa siempre han sido de estar actualizados por esa vía y desde que esto de la corriente se ha complicado se sienten perdidos, desinformados.
Entonces solo queda lo que encuentras en el celular. Y ahí, como dice, hay de todo y no siempre lo mejor. Además, la cobertura no ayuda y “somos el pueblo, los que estamos en la calle, los que nos sentimos perdidos y mal informados y eso influye en la ideología aunque no lo crea”.
A las deficiencias y dificultades que sufre Cuba, se suma, como un factor clave, la comunicación y sobre todo aquella que se gesta en la comunidad o para ella. El cubano siempre ha preferido los hechos, es cierto; pero los discursos bien ejecutados y con sustancias siempre son aceptados.
Por eso es necesario proveer de herramientas para la comunicación desde la comunidad a factores fundamentales, como el delegado, el presidente del CDR, pero también al bodeguero, al de la venduta o al vecino con más tiempo en el barrio.
Un ejemplo lo vivió Marilyn, cuando en su bodega comenzaron las dificultades con el arribo de la leche para los niños. Nadie les explicaba el por qué no llegaba o se echaba a perder. Una simple explicación de cómo la carencia de combustible incidía en esto, hubiera evitado alteraciones y discusiones. Pero esas nunca llegaron en tiempo y los más afectados tuvieron que exigirlas a gritos.
La información es un bien de carácter público. Y es ahí, en la calle, donde comienza todo y donde deben terminar los diálogos que guían, las explicaciones, las posibles soluciones.
La gente, el pueblo, necesita saber, entender constantemente los obstáculos que enfrenta el país, y aunque creamos que lo estamos contando todo por diferentes plataformas, siempre quedan hendijas.
Para sortear un poco esto, y otros elementos, comenzó el proceso Mi Barrio por la Patria, con la cual busca acercarse a las calles y mantener informadas a las personas. Pero aún quedan formalismos que eliminar para que sea más efectivo.
También la Ley de Comunicación surgió para robustecer el proceso a diferentes niveles, pues entre sus normativas responsabiliza a los máximos directivos de las instituciones a gestionar sus procesos de comunicación interna para garantizar más derechos a los trabajadores, mayor participación en la toma de decisiones y mejor clima laboral.
Y eso irradia al público externo. Nadie va a dudar de lo que diga el vecino que trabaja hace años en la empresa tal o el que produce más cual cosa; lo que ellos puedan informar cuando llegan a casa, también aporta claridad en la comunicación.
La macro comunicación necesita que la que se da en pequeños espacios sea eficiente. La realidad, las historias, la vida ocurre en las calles. Allí debe ser reina la comunicación y guiar los engranajes de la Revolución y sus principios.