Miles de personas tienen la osadía de enfrentarse a la odisea que significa hoy trasladarse fuera de su localidad en medios de transporte obrero o público.
Una publicación reciente de este medio de comunicación revelaba la principal causa del gran problema: la economía cubana no pudo consumir 2 millones 667 mil 800 toneladas de combustibles en relación con lo planificado al cierre de mayo pasado, debido al cerco energético impuesto por el imperio norteamericano desde enero del presente año.
Concuerdo con el criterio de que nuestro país sometido a esas restricciones significa menos transporte y movilidad, más dificultades para producir y prestar servicios.
Muy cierto es también que el enemigo no es el único culpable. Por ejemplo, jamás se ha dado una puntada en el taller de confecciones textiles del poblado de Pina, en Ciego de Ávila, donde retiraron del poste el transformador que alimentaba de energía a las máquinas de coser.
¿Dónde están sus empleados?, pasando trabajo. Fueron reubicados en una de las unidades de Confecciones Trébol, en la capital provincial, viajando a merced de los precios.
Los ómnibus arrendados circulan a base de 700.00, 600.00 y 500.00 pesos por persona. En los que transportan trabajadores le cobran, a las llamadas gente de la calle, 350.00 y 400.00; y las guaguas menos desenfrenadas subieron de 50.00 a 100.
Es cierto de que la mayoría de esos medios ruedan gracias al sacrificio de los choferes que gestionan piezas, neumáticos, combustibles, lubricantes y las reparaciones de los vehículos.
Sin embargo, la solidaridad no debiera estar ponchada. Hay evidencias de los malintencionados, como aquella vez, cerca de la media noche, que un chofer apresuró la marcha, dejando a los que esperaban en el crucero del ferrocarril en Ceballos. ¿Una broma?
Días después, en el punto de embarque de Pina, un asiduo viajero ascendió a un ómnibus con asientos desocupados. El hombre al volante, espetó: “no puedo llevarlo, este carro es exclusivo para trabajadores”. ¿Un pretexto? A otro conductor el letrero lumínico en el parabrisas lo identifica: El tóxico. ¿Un chiste?
Coger “botella” es hoy una gestión embarazosa, no solo por las tarifas exageradas, sino por el robo de celulares y otros objetos de valor, la ausencia de inspecciones oportunas y otros avatares de la vida en carreteras y puntos de embarque de pasajeros.