Nacido en San Antonio de los Baños, La Habana, el 21 de abril de 1871, Daniel Gispert García ingresó al Ejército Libertador con 24 años el 15 de junio de 1895. Tuvo su bautismo de fuego en el ingenio San José y luego participó en los combates de San Felipe y Los Hondones; incorporado al 4º Cuerpo del Ejército Libertador del cual llegó a ser Jefe de Sanidad, su labor como médico asistencial fue calificada de excelente. En octubre de 1897 fue nombrado médico del Consejo de Gobierno del presidente Bartolomé Masó, cargo con el que terminó la guerra; el 24 de agosto de 1898 fue ascendido a General de Brigada.

En la paz ocupó múltiples cargos, entre otros: médico sanitario en La Habana; subdelegado de sanidad en San Cristóbal, Pinar del Río; director de la sala de veteranos del Hospital General Calixto García; director del Hogar de Ancianos de Guanabacoa; delegado de Sanidad en Candelaria; presidente de la Junta Superior de Sanidad y secretario de Sanidad y Beneficencia durante el gobierno de Gerardo Machado. Se jubiló en 1947 y murió a los 93 años en la ciudad de La Habana el 25 de junio de 1964, fue el último general mambí en fallecer.

Vale apuntar que el doctor Gispert mantuvo siempre una conducta cívica correcta. El 7 de noviembre de 1956 le escribió al historiador Luis Felipe Le Roy y Gálvez en relación con una carta en contra del doctor Máximo Zertucha Ojeda, médico de Antonio Maceo Grajales. Dice Gispert: «Consecuentemente con lo que le expresé de palabra hace unos pocos días, le expreso ahora por escrito, puesto que Ud. así lo desea, que de una carta de protesta contra Zertucha que apareció en La Lucha del 27 de enero de 1899, en su página 4, y al final de la cual aparece mi nombre entre los firmantes, he venido a tener noticias, por primera vez, ahora que Ud. me ha regalado una copia fotostática de la misma».
Y continúa el médico: «Yo nunca tuve conocimiento de ese escrito, se utilizó mi nombre sin que yo lo supiera y de haber sido informado de su existencia, en aquel entonces, lo hubiera desautorizado, como lo hago ahora […] quiero manifestarle que tampoco hubiera permitido en aquella fecha que se incluyera mi nombre […] espero haberle complacido en su deseo de esta aclaración histórica». Fue justo el mambí al informarle al investigador la verdad del hecho histórico en el que habían incluido su nombre sin su consentimiento.

Seis años después, el 26 de agosto de 1963 ya había triunfado la Revolución cubana, el doctor Daniel Gispert García le envía una carta al Primer Ministro del Gobierno Revolucionario Fidel Castro Ruz, donde le trasmite su interés de no entregar al estado la entidad Industrias Gispert S.A., cuya propiedad pertenecía al galeno y a su hijo. Fidel delega en el comandante Guevara para dar respuesta. Con prontitud, siete días después, el Che le responde al médico y general de brigada del Ejército Libertador.
La epístola, fechada el 2 de septiembre, Año de la Organización, va dirigida al Dr. Daniel Gispert, General del Ejército Libertador, radicado en carretera del Cuervo, Luyanó, Habana. Inicia el Che con el saludo «Señor» y acusa recibo de su carta, luego escribe: «En relación con su interés de no efectuar por el momento la venta de la entidad Industrias Gispert S.A., de la que son dueños Ud. y su hijo, es mi deber informarle que de acuerdo con la política del Gobierno Revolucionario, ha llegado el momento de integrar a la economía nacional todas las ramas de producción, por muy modestas que sean las fábricas, de acuerdo con un proceso ordenado y paulatino».
Le explica el Che la política de nacionalización, proceso que se realizaba de manera organizada pero sin establecer excepciones de lo pautado por la ley revolucionaria. Luego prosigue: «Por todo lo anterior es necesario continuar los trámites de compra, por el estado cubano de Industrias Gispert S.A., en la seguridad de que el Gobierno Revolucionario le brindará todas las garantías y facilidades que su caso requiere». Se despide «atentamente» y firma Comandante Ernesto Che Guevara, con copia al Primer Ministro.
Es cierto que el doctor Gispert, veterano de la guerra de independencia, contaba con una abundante hoja de servicios en favor de la Patria, pero la Revolución naciente, que había apostado por las nacionalizaciones, no podía exonerar sus propiedades. Fue designado el Che para responder a la carta y lo hizo con firmeza y responsabilidad, virtudes que siempre distinguieron al Guerrillero Heroico, asegurándole respeto por las garantías y facilidades que les correspondían.
Acerca del autor

Dr. C. Ricardo Hodelín Tablada*
Médico e Investigador histórico. Doctor en Ciencias Médicas. Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Neurocirujano del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente “Saturnino Lora”. Santiago de Cuba. Miembro de la Uneac, de la Unhic y de la Scjm.

