No puede producir rechazo hablar del tema entre quienes lo sufrimos ni tampoco servir de excusa para los burócratas. El bloqueo económico, comercial y financiero y ahora energético que impone el Gobierno estadounidense a nuestro pueblo es una tuerca que se aprieta y aprieta desde 1962. Y no se va de rosca, todo lo contrario, exprime y asfixia para provocar que explote desde adentro una nación que solo ha querido tener un sistema social más justo y revolucionario a 90 millas de ellos.
Es pura verdad que los Departamentos de Estado y del Tesoro de Estados Unidos han emprendido una cacería de brujas contra todo aquel que tenga negocios o vínculos con Cuba. La posible afectación en sus cuentas bancarias en territorio norteño es el arma preferida para el chantaje, aunque la estrategia es más profunda. Intentan inducir el desplome de nuestro sistema por tantas carencias materiales y malas condiciones de vida, para lo cual ya tendrán ahuyentado a cualquier posible rival comercial.
Quizás nos han faltado más ejemplos humanos, de esos que estremecen la piel, para ilustrar al mundo que la tuerca del bloqueo estadounidense sigue intacta y viene directo a nuestro cuello, para quitarnos el sueño una vez más.
“Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí”, resume y desmonta la idea que hoy pretende vender al mundo Marco Rubio y su pandilla. Y con ella vamos a la esencia mayor: levanten las sanciones y déjennos vivir. No somos sus enemigos, solo somos vecinos diferentes y soberanos.