Hoy los cubanos viven una paradoja que atraviesa cada bolsillo: el vaivén del dólar. Una moneda que sin circular de forma estable en los bancos nacionales se ha convertido en árbitro cotidiano de precios y contratos. Basta con un movimiento en el mercado cambiario para que se eleve el precio de cualquier producto, aunque ocurre más en los de primera necesidad como el pan, el aceite, el combustible…, en tanto el peso cubano (CUP) permanece atrapado en esa dinámica.

Según la tasa informal, el pasado 16 de septiembre el dólar rompió la barrera de los 700 CUP y estableció un nuevo máximo histórico. Llama la atención que en el 2023 se registraba a 193 CUP, una diferencia que multiplica tres veces su valor, escenario que ilustra el desajuste desproporcionado al que ha ascendido. No es un hecho aislado, sino la introducción matemática a un problema más complejo. Cada alza o caída dentro de ese circuito se traduce en inflación, incertidumbre y desigualdad.
“Proveedores y comerciantes —obligados a adquirir divisas en el circuito informal— terminan ajustándose a estos valores”, expresó José Ramón Campaña Tejeda, un jubilado del sector del turismo con mucha experiencia en cargos de dirección política y administrativa.
Otros entrevistados aseguraron que prefieren vender su divisa al Banco Central de Cuba (BCC) cuya tasa este domingo estaba en 669 CUP, por darle más seguridad y confianza esa operación
El impacto del alza del dólar es para todos, pero con graduaciones. En Santiago de Cuba, por ejemplo, rige un tope oficial de 2 mil 500 pesos para el expendio del litro de aceite, sin embargo, el producto desapareció de los comercios en los últimos meses y pasó a venderse por onzas en la calle. Un pomo de ocho onzas que equivale a menos de 240 mililitros cuesta 700 pesos. El litro, cuando aparece, se paga a 5 mil 500, más del 70 % del salario promedio del país.
“Con mi pensión apenas puedo comprar el aceite que necesito, el dólar es un sueño. Quisiera acceder a él, cada día cambia su cuantía y con los 4 mil pesos de retiro no puedo pensar en ello”, lamentó la santiaguera Mercedes Despaigne, retirada desde hace dos años del sector de la construcción.
¿Dónde queda el trabajador?
Cada mañana no son pocos los cubanos que consultan los índices por los que oscila antes de decidir qué comprar, cuánto gastar o cómo sobrevivir. Yaimara Martínez, madre soltera y trabajadora reconoció que gracias a las remesas que envía la tía de su hijo desde Francia ha alcanzado cierta estabilidad: “Con su ayuda puedo comprar la comida y productos de aseo personal en las tiendas, hasta donde alcance porque siempre no llega lo mismo y cuando falta padezco la misma incertidumbre que tienen otros”.
Pese a todo, el problema no es solo que el dólar desde hace años fija el valor de los precios, sino que también decide quién puede comprarlo o no y resta a no pocas entidades la posibilidad de dar o ampliar su servicio como ocurre en el siguiente ejemplo.
Desde el 2022, en Las Tunas, el Doctor en Ciencias Técnicas Guillermo González Yero dirige Control-Xi, una mipyme especializada en soluciones de automática. Reconocida por la calidad de sus servicios, atiende entidades nacionales cuando el problema técnico supera lo convencional.
Sin embargo, muchos clientes se han retirado porque “no tenemos capacidad de vender en CUP una mercancía que se compra en USD, a pesar de tener buenos proveedores, conocimiento y capacidad de hacer las importaciones”, comentó a Trabajadores.
Por esa razón, la mayor parte del trabajo ha sido con clientes que pueden adquirir en divisas el equipamiento, si bien en no pocos momentos han tenido que, para satisfacer sus necesidades operativas, acceder al dólar en el mercado informal. La divisa a través del banco, dijo, solo han podido obtenerla en una sola ocasión. “Desde junio tenemos una solicitud de compra y no nos ha llegado el turno”.

La lógica se repite en otros negocios privados. Orestes Delgado Milanés, dueño del restaurante Buenos Aires, ubicado en calle Fernando Suárez, entre Primero de Enero y Miguel González, reparto Velázquez, de la capital tunera, aseguró: “Aunque pago a los proveedores en CUP, cuando el valor del dólar sube se afectan directamente la capacidad de compra del emprendedor, las estrategias de negocio y los planes de progreso.
“La inmensa mayoría o casi todos los productos que se comercializan: alimentos, aseo personal y del hogar, materias primas, materiales que son demandados por personas naturales y jurídicas, incluidos los negocios, se pagan en dólares, porque casi todo se importa. Es una ley que cae por su propio peso, y se somete a las reglas del mercado negro”, amplió.
A su vez, propuso lo conveniente de revertir una tendencia perniciosa: lograr que la divisa fluya hacia adentro del país y no hacia afuera. “Es esencial ─insistió─ el aporte de las entidades estatales y de los nuevos actores económicos, con producción destinada tanto al consumo interno como a la exportación.
“Son pocos los que ingresan divisas y hace falta que ese flujo vuelva a pasar por los bancos, para que los dólares lleguen a quienes los necesitan y los emprendimientos sean sostenibles”, acotó.
A ello se suman otros emprendedores que, por razones personales, prefieren el anonimato. No obstante, tuvimos sus testimonios. La situación es cada día más difícil, sus constantes subidas nos han llevado en muchos casos a renunciar a la compra de algunos productos. Otros, que si acceden a adquirirlos en elevados valores, terminan incrementando aún más los precios, porque “si ya lo adquirimos caro, imagina cómo lo podemos vender después. Es doloroso, pero no tenemos otra opción. Tenemos que sobrevivir”.
Bien lo sabe la población, que semanas atrás podía conseguir el picadillo a precios cercanos a los 500 pesos y hoy enfrentan cifras que ya rondan o superan en algunos casos los 600 pesos. El salto no solo encarece la economía familiar, sino que desnuda la realidad actual como un lujo que no todos pueden pagar.
La salida del túnel
“Frente a ese cuadro, muchas de las transformaciones aprobadas recientemente buscan cambiar el escenario macroeconómico del país. Pero, el principal problema de la economía cubana hoy es la pérdida de capacidad de compra del peso nacional”, explicó Alfredo Vázquez Pérez, jefe del Departamento de Eficiencia Económica de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).
“Si no se respalda con producción de bienes y servicios, todo lo demás será una gran mentira”, advirtió. Su diagnóstico apunta al núcleo de la crisis: la inflación que devora el salario, incluso cuando se incrementa el mínimo. El peso pierde valor todos los días y ninguna cifra nominal puede compensar esa hemorragia.
Unido a ello, el doctor Ayubán Gutiérrez Quintanilla, vice presidente primero de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (Anec), advirtió que la inflación no solo erosiona el poder adquisitivo, sino que se comporta como un impuesto regresivo que golpea con más fuerza los hogares de menores ingresos. Para él, la pérdida de capacidad de compra del peso nacional constituye el núcleo de la crisis y la raíz de la desigualdad que atraviesa cada bolsillo.
Añadió que la devaluación del peso no se origina en el mercado cambiario informal, sino en causas estructurales: la caída de la oferta de divisas y el exceso de circulante. A su juicio, la estabilidad del tipo de cambio depende de un mercado formal fortalecido, capaz de regular la especulación y devolver confianza al sistema financiero.
“Mientras las remesas disminuyen y las mipymes demandan más dólares para importar, se genera una espiral devaluatoria que solo puede frenarse con mayor entrada de divisas y control del déficit fiscal”, añadió
José Antonio Pérez Pérez, al frente de la Esfera de Asuntos Económicos de la CTC, advirtió que más del 20 % de la población económicamente activa se encuentra en empleos informales, sin garantías ni protección de la seguridad social. Esa migración hacia actividades privadas o informales, en las que los ingresos son mayores, y no están respaldados por la producción, erosiona la estabilidad macroeconómica y debilita el sistema estatal.
Es una tendencia muy negativa, porque esos trabajadores resuelven una parte de sus necesidades inmediatas, sin embargo, quedan desprotegidos a largo plazo, afirmó.
A la par de ese fenómeno, la falta de divisas para importar materias primas provoca interrupciones laborales y paraliza sectores estratégicos, mientras que actividades privadas dedicadas a comercializar productos terminados captan fuerza de trabajo sin aportar a la seguridad social. El también miembro del Secretariado Nacional de la organización sindical subrayó que el resultado es una economía fragmentada, en la que los trabajadores buscan sobrevivir en el mercado informal, pero sin estabilidad ni protección.
Por su parte, Alfredo Vázquez Pérez significó que lo importante es que con las transformaciones económicas y sociales se alcancen resultados tangibles, y que “la empresa estatal socialista ─actor fundamental de la economía y la principal fuente de riquezas para garantizar justicia social─ disponga de facultades reales para competir en igualdad de condiciones con los demás actores económicos”.
Hay sobradas evidencias, alertó, de que es un peligro para el país que corre el riesgo de entrar en un ciclo en el que “los salarios suben, pero los precios también”, sin que se satisfagan las necesidades básicas, siendo en este sentido una tríada de trabajo que involucra a la administración, al sindicato y a los trabajadores.
Raciel Maldonado, un jurista de larga data, insistió en reforzar el control de precios, la facturación y el cumplimiento del límite de ganancia del 30 %, una responsabilidad que no debe recaer solo en los inspectores, sino formar parte de la gestión cotidiana de cuadros gubernamentales y empresariales, con supervisión constante para prevenir irregularidades. A su juicio, también urge potenciar producciones cooperadas entre empresas estatales y nuevos actores económicos, capaces de ampliar la oferta interna, generar exportaciones y aportar divisas al Estado.
Llegado este punto, vale lo expresado por Vázquez Pérez acerca de la ley económica fundamental del socialismo que es la satisfacción de las necesidades a través del aumento de la producción y la productividad. Sin eso, nunca habrá capacidad de los salarios para sostener la vida de los trabajadores”.
Estabilidad para todos
En ediciones recientes del espacio televisivo Mesa Redonda, un grupo de especialistas analizó la situación actual y las perspectivas del perfeccionamiento del sistema bancario. La ministra presidenta del Banco Central de Cuba (BCC) Juana Lilia Delgado Portal, declaró que este sector debe recuperar su papel en la economía, ampliar servicios y fortalecer la credibilidad.
Muy ligado a esto, y como uno de los objetivos planteados, está devolver al peso cubano mayor utilidad dentro de la economía, restableciendo sus funciones como medio de pago y de cambio. Precisamente, uno de los frentes comprende el mercado cambiario y las remesas. Delgado Portal declaró que la intención es crear mecanismos que permitan canalizar mediante vías financieras seguras determinados flujos que actualmente se realizan fuera del sistema bancario. Esto a su vez, dijo, contribuiría a fortalecer la funcionalidad y convertibilidad de la moneda nacional.
Se trata de un proceso gradual que deberá conducir a un sistema bancario y financiero con mayores capacidades, nuevos participantes y una relación más coherente con la economía y sus clientes.
En tanto, Alberto Javier Quiñones Betancourt, vicepresidente del BCC, señaló que el país necesita un mercado de divisas más eficaz y seguro, capaz de garantizar un uso más efectivo de los recursos en moneda extranjera. Uno de los resultados más visibles es la incorporación de las casas de cambio privadas. El vicepresidente anunció que ya opera la primera en Santa Clara, Villa Clara, con el propósito de generar datos de operaciones reales que permitan fundamentar mejor la tasa oficial del Segmento III que publica el BCC.
“El sistema bancario y financiero tiene que ser un acompañante, un impulsor, alguien en quien puedes confiar. Debe ser una solución y no un problema”, manifestó Ian Pedro Carbonell Karell, director del sistema de pago del BCC.
Quiñones Betancourt aclaró que estas instalaciones privadas son apenas la punta del iceberg. Igualmente, las medidas incluyen nuevas soluciones para las remesas, con operaciones digitales más rápidas, y plataformas innovadoras como la subasta de divisas. Estas herramientas se introducirán de manera gradual a partir de proyectos pilotos, como parte de la creación de una nueva infraestructura financiera.
Devolver su valor al peso
Es evidente que, aun cuando el dólar no circula en su forma física de mano en mano, manda desde las sombras. Su influencia alcanza incluso a quienes no pueden acceder a él, porque cada decisión cotidiana empieza por preguntar ¿a cómo está hoy? No obstante, ya se reconocen proyectos que, sin ser soluciones mágicas, intentan enfrentar el problema.
El reto no es menor: se trata de que el dólar deje de ser árbitro invisible de nuestras vidas y que el peso recupere su lugar como moneda capaz de sostener los salarios, los precios, la esperanza del pueblo. El verdadero desafío es que las transformaciones no se queden en anuncios, sino que se conviertan en resultados palpables. Sin producción que respalde el salario ni control de la inflación, la moneda seguirá siendo frágil. Lo que está en juego no es solo la estabilidad económica: es la credibilidad institucional y la certeza de que las decisiones respondan a la vida concreta de quienes sostienen el país con su trabajo.

Acerca del autor
Licenciado en Periodismo (Universidad de Oriente, 1986), máster en Ciencias de la Comunicación (Facultad de Comunicación Universidad de La Habana, 2010). Inició como colaborador (1999) y desde el 2008 es corresponsal de Las Tunas. Profesor adjunto de la Universidad de Las Tunas con categoría de asistente. Cumplió misión en la República de Haití (2000) y en la República Bolivariana de Venezuela (2018-2021). Es colaborar del Periódico 26 y de la emisora provincial Radio Victoria.

