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Con la ternura intacta

“A veces estoy deprimido y cuando llego a los hogares de ancianos y de niños sin cuidado parental mi estado de ánimo cambia, se transforma con esos saludos sinceros y las manifestaciones de cariño que me dan.”

 

Foto: Jorge Pérez

 

Para Eudelio Hernández Sanabria ese es el mayor premio, la gratificación suprema por el apoyo que brinda como parte del convenio de colaboración que sostiene la unidad empresarial de base (UEB) Taxis Cuba, de Las Tunas, con estas dos instituciones de los sistemas de Salud y Educación, respectivamente.

Fui testigo de esas manifestaciones de afecto: del apretón de manos, las jaranas, la invitación a quedarse…, de la ternura con que la pequeñita de cinco años Melissa Pupo Otaño salió del círculo infantil corriendo, lo abrazó y le dijo papá…

Estas muestras de admiración no son espontáneas, son la respuesta a la entrega desinteresada de Eudelio y la ayuda que brinda a estas personas vulnerables como expresión de su afán por hacer el bien al prójimo en estos tiempos difíciles.

 

Foto: Jorge Pérez

 

En el hogar de ancianos Carlos Font

Desde enero de 2025, Eudelio ejerce como chofer de triciclos eléctricos (Coquitos) de la UEB y cuenta entre las razones que lo animan, “todo comenzó casi de casualidad, cuando me encontré con Euclides Ávila, un viejo conocido que es logístico del hogar de ancianos, buscando un medio para llevar alimentos a los adultos reubicados temporalmente en salas del Hospital Guevara (38) y del hogar de impedidos físicos (40)”, recuerda y ese día asumió la tarea con toda la responsabilidad que entraña.

En la atención a los ancianitos “he contribuido, afirma, al traslado de alimentos  y de leña o carbón para elaborarlos, de tanques de oxígeno, medicamentos, de enfermos hasta los centros médicos…”, lo reseña y ratifica su disposición de continuar haciéndolo mientras pueda y ellos lo necesiten.

“Estamos muy agradecidos con este gesto de humanismo que hace todos los días de la semana, porque nos permite satisfacer necesidades de los reubicados en esos centros con motivo de las reparaciones que hacíamos aquí para mejorar sus condiciones de vida y su estancia”, admite Euclides Santiesteban Ávila, jefe de servicios de la institución.

“Ese sentimiento es colectivo. Así piensan los ancianitos y todos los trabajadores. Antes movíamos los balones de oxígeno en coches que nos costaba hasta 600 pesos, y él lo hace gratis”, asegura Alexander Gandol Cedeño, de la administración.

 

En el hogar de niños sin cuidado parental

La bondad de Eudelio tiene huellas en esta casa que acoge cuatro niños de cero a seis años de edad. Ellos, sus tutoras, las auxiliares, todos los vinculados con la protección de los muchachos que sienten el alivio.

“Antes de los ´Coquitos´, así nombran a los triciclos amarillos, transportábamos a los niños por gestión propia, pero por la iniciativa de la entonces directora de Taxis Cuba, firmamos un convenio que garantizaba la prestación sistemática de estos servicios a todas las actividades programadas”, destaca Yaleydis Alarcón Cutiño, directora del hogar.

Gracias a esta gestión, los niños tienen asegurada y protegida su asistencia, fundamentalmente, a las escuelas, el círculo infantil, a alguna cita médica, los encuentros en el Centro de Diagnóstico y Orientación, “es un gran apoyo”, enfatiza Nilda Vázquez Rodríguez, metodóloga de la Dirección de Educación Provincial que atiende el hogar, un afirmación con la que coincide todo el colectivo.

 

Retrospectiva

Eudelio es un santiaguero que echa raíces en esta provincia del oriente cubano, a donde llegó procedente de Santiago de Cuba, “después de terminar la carrera de Licenciatura en Educación, vine al municipio de Jobabo para cumplir el servicio social en Los Melanio y luego fui designado como subdirector de internado en el preuniversitario Waldemar Díaz de la Rosa, de Majibacoa”, recuerda.

Y se quedó en estas tierras que son, también, de gente buena, solidaria, amigable…, pero Eudelio llegó con esos valores “prendidos” de su alma, “me los inculcaron en el seno de mi familia, y la Revolución me ayudó a consolidarlos y a socializarlos”, reflexiona y proclama la necesidad de defenderlos ante la dura realidad que vivimos.

Eudelio agradece la ayuda de sus colegas, que suplen cualquiera de sus ausencias impuestas por fuerza mayor, como suele ocurrir por desperfectos técnicos u otros motivos, “mis compañeros me sustituyen o me prestan su triciclo, pero cumplimos todos los días”.

 

Epílogo

Eudelio, como todo ciudadano común, necesita y mucho el dinero, pero sostiene de forma invariable esos valores esenciales que palean, en alguna medida, las carencias de hoy, “me gusta ponerme en el lugar del otro –eso es empatía social- y aportar un granito de arena es mantener ese sentimiento que expresa solidaridad, fraternidad… que no podemos darnos el lujo de perder en estos tiempos difíciles”, argumenta.

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