
Menuda, vestida impecable con su uniforme blanco y una envidiable determinación en la mirada. Fue la impresión inicial que recibí de Eladia Idania Hoyos Vivar, la primera Doctora en Ciencias de la Enfermería en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
La prioridad en esa mañana bien agitada era entrevistar a esta destacada trabajadora civil, que desde hace un año ostenta una categoría de la cual no se ufana, más bien reitera que es resultado de su compromiso con el mando, con sus compañeros, con el hospital y con su mamá, que no pudo verla llegar al doctorado.
Los recuerdos le brotan a borbotones por las preguntas y porque es muy buena conversadora.
Sigue agradecida de sus profesores cuando cursaba el técnico de nivel medio en enfermería, de la que se enamoró tanto que decidió seguir hacia la licenciatura y no se detuvo. En el año 2008 concluyó la maestría en Ciencias de la Enfermería. Sin vestigio de nostalgia afirma que declinó estudiar medicina, su primer anhelo de juventud.
“La vocación por la enfermería se redobló cuando entré a las FAR, porque mi especialidad requiere mucho de compromiso y convicción. Y estas condiciones también son importantes tanto para los oficiales como los trabajadores civiles”, asegura quien funge como jefa del Departamento de Enfermería en el Hospital Militar Central Dr. Carlos Juan Finlay.
Disciplina, organización y ejemplo
Como mismo no concibe la vida fuera de la carrera que eligió para su desarrollo profesional, tampoco imagina desvincularse de las FAR. En ambas existen puntos en común que dan integralidad a la formación personal y destaca la disciplina, la organización, el ejemplo.
“Mis padres fueron obreros muy humildes, pero ricos en valores. Lo que ellos me enseñaron lo ha afianzado mi estancia en esa institución armada, donde hay posibilidad de participar en disímiles actividades, no solo de la defensa, sino también patrióticas, culturales, de ciencia, de innovación, de superación”.
Y la enseñanza parece haber calado en Idania, quien desde hace más de 20 años es profesora titular y será la tutora de varios enfermeros que han querido incorporarse al proceso de formación doctoral. No olvida mencionar que desde el 2014 contribuye a la realización de la jornada científica que celebran cada 12 de mayo, por el Día Internacional de la Enfermería, a la que convocan a los jubilados de esa especialidad en el hospital.
“Invitamos a los jóvenes porque no podemos olvidar ni a los que estuvieron ni a los que comienzan. Es una actividad bonita, en la que siempre está presente el sindicato”.
¿Algún cargo aquí?
“No. Hace unos años sí, ahora contribuyo desde la responsabilidad que ocupo en el Partido”.
¿Y el tiempo?
“Lo distribuyo bien. Lo comparto entre mi esposo, médico jubilado de las FAR, y múltiples ocupaciones que suman mucho trabajo y además satisfacciones espirituales porque me gusta hacer poesía, bailar y cantar”.
Su entrega a la enfermería y a las FAR le han valido estímulos como la Medalla Jesús Menéndez, la distinción Emilio Bárcenas, que otorga el Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa y, este año, el reconocimiento Tomás Romay, durante las actividades por el Día de la Enfermería.
Lo menciona, aunque no se envanece. Se siente en deuda eterna porque su vocación es de entrega.