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El estímulo de la gratitud

Foto: Cortesía de Ariel Luis Oviedo Bravo

Matanzas.— Casa, escuela, sitio de aprendizaje y crecimiento per­petuo, eso es para el máster Ariel Luis Oviedo Bravo el Hospital Mi­litar Clínico-Quirúrgico Docente Mario Muñoz Monroy, institución de salud de notable prestigio en esta occidental provincia.

Al centro sanitario llegó cuan­do aún era estudiante de técnico de nivel medio… Han pasado más de 32 años, buena parte de los cuales ha ayudado en la recuperación y adaptación de numerosas personas con problemas somáticos o psicoso­máticos.

El tecnólogo A en perfil de Te­rapia Física y Rehabilitación tam­bién trasciende en ese espacio de crecimiento encontrado en el Sin­dicato de Trabajadores Civiles de la Defensa, que cuenta en sus filas con hombres como este cardenense.

Quizás por ello confiesa lo mu­cho que su estatura profesional y humana se relaciona con la aten­ción a los pacientes, con su rol de dirigente sindical, y también como el hijo, hermano y padre que es. Estas son sus dimensiones. En ellas habita Oviedo.

Licenciado en Cultura Física y ahora Máster en Ciencias en Medi­cina Bioenergética y Natural, sos­tiene que no obstante las limitacio­nes, “en la salud pública siempre se puede hacer más”, y en eso, afirma, el hospital militar es ejemplo, “por sobreponerse a la falta de insumos, de medicamentos. Por no dejar de innovar, de resistir”.

En la capacidad de resiliencia de la institución médica, es vital la contribución del sindicato, li­derado desde el buró sindical por Oviedo, “tarea nada fácil tenien­do en cuenta mi labor puramente asistencial y la gran afluencia de pacientes al servicio de Medicina Física y Rehabilitación. También soy docente…”.

Lo difícil, admite, es quedar bien con todos los afiliados, por­que a veces la respuesta dada a un planteamiento no es la esperada.

“¿Qué reconforta? Intentar re­solver los problemas, el apoyo de ese primer eslabón que son las sec­ciones sindicales y los magníficos vínculos con la dirección del hos­pital, que siempre tiene en cuenta a la organización para la toma de decisiones o para esclarecer cual­quier tema legal, un respeto que también hemos ganado”.

Oviedo define el puesto laboral como trinchera de combate, “y ahí, cada cual debe luchar sin reser­vas”. Él honra esa prédica. Con tres participaciones en congresos de la Central de Trabajadores de Cuba, incluido el último, a sus 53 años posee dos condecoraciones conce­didas por Decreto Presidencial: la Orden Lázaro Peña de Tercer y Se­gundo Grados.

Oviedo junto al Héroe del Trabajo Juan Carlos Martín Tirado, director del hospital militar de Matanzas. Foto: Noryis

“Son méritos individuales que atribuyo a la calidad del colectivo al que pertenezco, que dirige un Héroe del Trabajo de la República de Cuba como el doctor Juan Car­los Martín Tirado”, dice, mientras revisa con sumo cuidado la pierna de un paciente.

“No hay mejor estímulo que la gratitud. Ir por las calles y recibir el saludo de complacidos con la rehabilitación o escuchar de pronto a una madre decirle a su hijo: mí­ralo bien, por él te recuperaste”.

A esas emociones suma otras. La más reciente se las regaló su hija. “Acaba de graduarse con títu­lo de oro en la carrera de Medicina. Ahora ocupamos puestos en varias ramas de la salud”, agrega y son­ríe. “Mi niña la doctora; mi espo­sa, enfermera en este hospital, y yo como tecnólogo”. Quién sabe si su otro hijo, que está en onceno grado, les siga los pasos. Él no lo sabe aún. Su certeza mayor es el valor de la familia.

Por eso celebra las enseñanzas de sus padres, a él y a su hermana, y también el hospital militar, co­lectivo al que “siempre agradezco en grado superlativo mi formación laboral”, esa otra parte de su exis­tencia convertida en casa, escuela, en sitio de aprendizaje.

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