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Triciclos eléctricos: Bendición, pero cordura

Después de varios días entre las lógicas vacaciones y una reincorporación al trabajo muy apretada en tiempo, regresamos a este espacio de comunicación con una nueva serie de post sobre la realidad cubana. Así comenzamos ya:

En la mañana se paró temprano en la esquina de Infanta y Manglar. Hace mucho que no iba a la parada de la guagua del parque La Normal porque allí hace mucho que no pasa nada y cuando lo hace es pura adivinanza de horas. El triciclo eléctrico venía despacio por Infanta y con solo dos asientos ocupados. «Chofe, ¿llega hasta San Lázaro?».
Foto: Tomada del Facebook de Joel García

 

La respuesta afirmativa estuvo acompañada de un precio que duplicaba el de hace una semana. ¿Algo cambió? ¿Subió el kilowatt de electricidad o alguien de la Solinera o la casa donde se carga el triciclo impuso una nueva tarifa para sumarle más inflación y presión a la caldera? «Ustedes son una bendición, pero tengan cordura con la gente», le dijo la abuelita jubilada mientras subía al transporte tras cobrar su jubilación en el banco y tres horas de cola.

No hay ficción en lo narrado. Ocurrió este martes 8 de septiembre. Sin duda el transporte eléctrico, mayoritariamente particular, es hoy el que mueve la dinámica diaria de La Habana y de muchos territorios del país. No son cómodos (a veces van 6 muy apretaditos), van lentos (no pasan de 30 a 40 km/h) y hasta piqueras cuasi oficiales comienzan a pulular para cubrir los tramos más concurridos.
La verdad mas incuestionable es que estos vehículos de tres o cinco ruedas han permitido al menos movernos desde hace meses, porque el combustible anda perdido y los carros que quedan son de miles de pesos… miles de pesos que solo pagan los «nuevos ricos» y no el trabajador de una fábrica, el maestro de una escuela o el médico del hospital.
Ya se ensamblan en el país algunos de estos triciclos y se ponen en función de la vida social. Hay provincias con experiencias visibles y muy agradecidas por el pueblo.
Foto: Tomada del Facebook de Joel García

 

Otros son importados y ni siquiera los dueños son quienes lo manejan, sino personas que se contratan y deben entregarle una cuota diaria de dinero al jefe. Hay quienes prefieren alquilarse para transportar mercancías y aunque ganen menos al día se eliminan los problemas con los pasajeros, que reconocen su necesidad, pero les aprieta el bolsillo un ascenso del precio solo por especulación o decisión unipersonal.
Eso sin contar que no todos los chóferes de esos triciclos tienen licencia de conducción, invaden las carrileras izquierdas cuando deben circular por la derecha y hasta algunos se han virado por giros bruscos o pesos excesivos. Los hay también quienes ya ponen paneles solares en sus techos y hasta música, que por suerte no siempre es reguetón.
De cualquier manera los triciclos eléctricos llegaron para quedarse en la Cuba de hoy. Y quizás hasta del mañana. Solo que la jubilada que montó en Infanta y Manglar tenía toda la razón para inspirar esta crónica: «son una bendición, pero tengan cordura con la gente».
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