
Y nada más ajustado a esta idea que el inicio el pasado 15 de agosto del proceso de Asambleas de Afiliados y Trabajadores y de Representantes, para la elaboración, discusión y aprobación del plan y presupuesto de sus entidades para el 2027, el cual se extenderá todo el mes de septiembre y que por primera vez se aprueba a nivel de empresa por los propios trabajadores en asambleas.
Sí, como lo escribimos es. No es de arriba hacia abajo, sino viceversa. Las correcciones, ajustes o nuevos indicadores tienen que partir no solo del plan vencido o anterior, también de la realidad en cuanto a insumos y recursos energéticos, fuentes seguras o probables de aprovisionamiento de materias primas que dispondrán para los venideros 12 meses. Nadie mejor que el sindicato y los que producen los bienes y servicios para saber hasta dónde y cómo se pueden llegar a los rendimientos deseados.
Este nuevo formato para construir ladrillo a ladrillo, empresa a empresa, municipio a municipio, provincia a provincia, el plan de la la economía cubana del 2027 intenta evitar formalidades y planes anquilosados en las rutinas, los cuales terminaban por no cumplirse o muy lejos de la realidad proyectada, pues lo decidían mandos que no estaban con el oído pegado a la tierra.
Será vital, al mismo tiempo, que en medio de las atribuciones dadas a las empresas para descentralizar la formación de los precios, no se proyecten y aprueben planes que trasladen o escuden la ineficiencia de la entidad con alquileres de locales o inflación de precios sin generar más niveles de actividad física, es decir más productos o bienes de consumo. Ser celosos con esto es vital.
No pueden faltar en este proceso, ahora más aterrizado y menos burocratizado, las nuevas ideas para incrementar las exportaciones y los ingresos en divisas donde sea posible. El uso de las fuentes renovables de energía, el control y utilización de los inventarios, así como la introducción de mejoras a través de la ciencia y la innovación (con el plan temático de la Anir incluido) no debieran obviarse tampoco en las discusiones, que necesitan ganar en agilidad y no ser maratónicas o aburridas muestras de tablas y números.
No obstante, es imprescindible valorar los recursos humanos disponibles y necesarios, los niveles de crecimiento de su productividad y el fondo de salario, por solo mencionar datos que sí ofrecen certezas sobre lo que proyectamos. Asimismo, habrá que tener cuenta el impacto de las transformaciones económicas y sociales en implementación, muchas de las cuales serán aprobadas de común acuerdo con la organización sindical.
A veces se olvida en este ejercicio de proyección la responsabilidad social a nivel comunitario. Hoy resultaría un contrasentido no mirar hacia esa dimensión, ya que todas las empresas o centros laborales están insertados en un barrio, una comunidad o un poblado al que no solo hay que contribuir con un fondo establecido, sino que debemos ayudar a crecer, a mejoras en su entorno y a no pocas opciones de empleo o venta de servicios y productos.
Son días en que los maratónicos planes de reuniones de plan y presupuesto del 2027 pueden arruinar la esencia novedosa de este proceso. Luego tocará en octubre presentar esas propuestas aprobadas en la base a los ministerios de Economía y Planificación y de Finanzas y Precios para evaluar los principales balances macroeconómicos y conciliar cifras.
Como toda idea primaria podrá haber tropiezos, planes apresurados y otros que sigan a la antigua, pero la voluntad política y la que deben defender los sindicatos y la CTC es que, como llamó Díaz-Canel, la voz y voto de los trabajadores se haga sentir en el diseño de una economía que necesariamente debe nacer donde se crean las riquezas, no desde oficinas o papeles burocráticos que al final siguen divorciados de la realidad, de la verdad.