Los 65 años de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) encontraron en los territorios una de sus expresiones más diversas. Bajo el concepto Arte Fiel, los Comités Provinciales desplegaron durante agosto —y en algunos casos desde meses anteriores— una programación que convirtió la efeméride en oportunidad para mostrar la vitalidad de la creación artística, reconocer trayectorias y fortalecer el vínculo de la organización con la sociedad.
De Occidente a Oriente, exposiciones, conciertos, recitales, presentaciones de libros, paneles, homenajes, espectáculos y propuestas comunitarias conformaron una celebración con acentos propios, vinculada también al centenario del nacimiento de Fidel Castro.
La creación como homenaje
En Pinar del Río, la literatura y las artes visuales tuvieron un papel destacado. Uno de los acontecimientos más significativos fue la apertura del Centro Cultural Calle Real, nuevo espacio que acoge una galería de arte, la editorial Cauce y otras propuestas destinadas a promover la creación y el encuentro con los públicos. La celebración se vinculó además, con la Feria del Libro de Vueltabajo y con la jornada de homenaje a Palabras a los intelectuales.
Artemisa apostó por la identidad y las tradiciones. El Festival Artemisa Mestiza y los espacios de diálogo con escritores y artistas integraron la conmemoración, mostrando la relación entre patrimonio, memoria y creación contemporánea.
En La Habana, sede de las principales actividades nacionales, la jornada del 17 al 22 de agosto reunió diversas manifestaciones. Exposiciones de jóvenes artistas, espectáculos del Conjunto Folklórico Nacional, conciertos, propuestas para niños, paneles dedicados a Fidel y a los Premios Uneac, el acto central y la gala del Ballet Nacional de Cuba conformaron un amplio programa.
Mayabeque puso énfasis en sus protagonistas. A través de publicaciones dedicadas a sus creadores, el Comité Provincial visibilizó a escritores, artistas e investigadores como parte de la historia viva de la organización.
En Matanzas, la celebración adquirió particular amplitud. La sede provincial acogió exposiciones, encuentros literarios, música y actividades para niños, mientras la programación se articuló con la Feria Internacional del Libro. La gala Monte soy sumó poesía, música y tradición a la celebración.
Memoria e identidad
En Villa Clara, el aniversario encontró espacio en la Casa de la Uneac y en propuestas de sus filiales, con especial presencia de la literatura y los espectáculos artísticos. Cienfuegos combinó música y artes visuales, con exposiciones que relacionaron la creación contemporánea con la figura de Fidel y la memoria cultural.
Sancti Spíritus convirtió la efeméride en ocasión para mirar hacia la propia historia. El espacio Decenios reunió a antiguos presidentes del Comité Provincial y permitió recuperar testimonios y experiencias de diferentes etapas de la organización. La iniciativa Ruta 65 llevó igualmente la celebración a distintos espacios culturales.
En Ciego de Ávila, el pensamiento ocupó un lugar central. El panel Palabras a los intelectuales, 65 años después, propició la reflexión sobre aquel discurso de Fidel y su relación con los desafíos de la cultura cubana actual.
Camagüey vinculó el aniversario con uno de los nombres esenciales de la Uneac: Nicolás Guillén, por eso el Festival Nacional de Poesía Sóngoro Cosongo, realizado en julio, fue una especie de preámbulo a la celebración.
El evento combinó poesía, literatura, música, debates y exposiciones, entre ellas Canto Negro, con la exhibición de objetos personales del Poeta Nacional. La conexión fue temática y conceptual. La primera sesión de trabajo del festival abordó precisamente los vínculos de Fidel con la cultura, con la Uneac y su amistad con Nicolás Guillén.
El festival se inscribió así en la campaña Arte Fiel que, en Camagüey, incluyó el panel Fidel y las Palabras a los Intelectuales; una exposición dedicada a las dos efemérides: los 65 años de la Uneac y el centenario de Fidel; y el reconocimiento a miembros de la organización por sus aportes a la cultura camagüeyana.
De la poesía al changüí
En Las Tunas, la poesía ocupó un espacio privilegiado mediante la jornada dedicada al aniversario y propuestas como Flores del Alma, mientras Holguín articuló las actividades con el trabajo de sus filiales y la promoción de la literatura y las diferentes expresiones artísticas.
Granma apostó por el encuentro con los públicos. La sede de la Uneac en Bayamo acogió actividades de la jornada Arte Fiel y acciones compartidas con la Asociación Hermanos Saíz, expresión del diálogo entre generaciones de creadores.
En Santiago de Cuba, la celebración incorporó especialmente a niños y familias, junto a las propuestas de las diferentes filiales.
En Guantánamo, la conmemoración tuvo además un significado especial para las artes visuales. La galería La Celosía reabrió sus puertas después de los daños sufridos a finales de 2025 por el paso de un huracán. Restaurado el espacio, su reapertura se convirtió en uno de los acontecimientos de la jornada y estuvo acompañada por la apertura de la exposición Limbo, del pintor y dibujante Alejandro Lescay Hierrezuelo, hijo del Premio Nacional de Artes Plásticas Alberto Lescay Merencio.
La programación guantanamera incorporó asimismo la música y las expresiones identitarias del territorio, con particular presencia del changüí.
Una celebración que deja huella
Más allá de las particularidades de cada territorio, las actividades muestran una misma concepción: celebrar los 65 años de la Uneac creando, dialogando, reconociendo la historia y fortaleciendo los espacios de la cultura.
La conmemoración permitió poner en contacto a generaciones de escritores y artistas, acercar la organización a públicos infantiles y comunitarios, rescatar la memoria de sus protagonistas y reivindicar expresiones que forman parte de la identidad cultural de cada provincia.
En algunos territorios la celebración trascendió el calendario: la apertura del Centro Cultural Calle Real en Pinar del Río y la recuperación de La Celosía en Guantánamo, por ejemplo, dejan espacios tangibles para que la creación continúe encontrándose con sus públicos.
La diversidad de las propuestas confirma que la historia de la Uneac no se escribe únicamente desde su sede nacional, depende también de lo que se haga en cada provincia, en sus casas sociales, galerías, teatros, plazas y comunidades, allí donde escritores y artistas mantienen vivo el vínculo entre creación, cultura y nación.