Un gran hechizo envuelve a quienes optan por el camino del magisterio, dejándolos extasiados con ese inconfundible ruido que hace el roce de la tiza con el pizarrón y atándolos de por vida al ajetreo de las aulas, de donde exhala un oxígeno característico producido por los alumnos, que los mantiene vivos y con deseos de darlo todo para formar a nuestros hijos e inculcarles conocimientos.
Acerca de ese misterio que uno encuentra en el sector educacional habla un grupo de maestras que luego de jubilarse retornaron a las aulas porque les faltaba ese oxígeno:
«Algunos padres habían hablado conmigo por la necesidad de docentes que existía en mi escuela; llevaba solo un año en la casa, pero no me adaptaba, imagínese eran más de 40 años de experiencia.
«El pedido de los familiares aumentaba a diario, conocían de mis métodos y estilos de trabajo, no les decía nada en ese momento, pero les confieso que extrañaba la tiza y el pizarrón, el amor y el cariño de mis niños, esos buenos días y las despedidas en los vespertinos acompañadas de un beso, los regaños cuando hacen travesuras, sí porque son “malditos”, la carita de alegría que ponen al dar en el blanco con un contenido.
«Me sentía con fuerza y capacidad para enfrentarme al aula; el día del retorno fue inolvidable para mí por las emociones vividas; fui presentada en el matutino, hubo aplausos prolongados y al final no faltaron los elogios ni las muestras de agradecimiento por estar de nuevo en el colectivo: qué bueno que regresaste’; no te vamos a dejar ir.
«Estoy feliz porque sé que ayudo a la preparación de los maestros jóvenes, no he tenido queja ninguna de la atención hacia nosotros, todos los días nos preguntan cómo está la salud, si tenemos alguna situación personal que resolver para planificarnos los turnos.
«Pienso estar más cursos frente al aula, no tengo ningún problema de salud, me siento bien, pero no me descuido porque tenemos que estar mucho tiempo de pie y eso a mi edad no es muy recomendable si el almanaque no me traiciona estaré muchos años en el sector» expresa una entrevistada Gladys Boffil Duquesne, con 41 años de experiencia, dedicados a impartir docencia en el primer ciclo de la primaria.

Mientras Rosa Lucía Machado Peña, licenciada en Biología y máster con 51 años de labor subrayó: ¡Qué decir de mi regreso!, me siento muy bien con los alumno, sin ellos me sentiría de nuevo triste, sola y melancólica, en la casa no me hallaba, los extrañaba, tengo por costumbre guardar sus fotos en un álbum, el cual hojeo cada vacaciones para rememorar sus ocurrencias, reírme de lo lindo al recordar sus historias; al visualizarlo; me di cuenta que necesitaba de imágenes nuevas, además de que añoraba esos besos mañaneros cuando llegan a la escuela, los cuentos que hacen, sus vivencias, las ocurrencias ante cualquier situación.
«Tengo también por hábito llevarme a algunos para mi casa los fines de semana para que mi familia los conozcan y compartan con ellos, a pesar de que hay quienes viven a solo unas cuadras.
«Mi mayor satisfacción es verlos graduado de médicos, arquitectos, maestros, logopedas, especialista de deporte, entre otras ramas donde dejan su impronta. Óigame, la emoción aumenta cuando uno llega a tomarse la tensión arterial y en medio del malestar escucha: ‘tranquila profe, que se pondrá mejor’, rápido levanto la cabeza y efectivamente, su rostro ocupa un lugar en mi álbum de los recuerdos.
«No puedo quejarme de la atención de la dirección municipal de educación, nos tienen en cuenta en las preparaciones metodológicas, los colectivos de ciclo, y demás acciones de superación, donde nos explican la importancia de enseñar a los pinos nuevos bajo los principios revolucionarios que nos formamos para que puedan ser mejores seres humanos.
«Yo no falto nunca a mi escuela, tengo que estar en cama o tener la tensión arterial muy alta, y con todo y eso cuando me la controlan cojo mi bolso y voy para escuela. «Mi familia me apoya, me dicen: ‘no trabajes más’, mientras que tenga fuerza estaré en el aula.
«Se extraña: mire profe ya terminé…, o las quejas que constantemente me dan por cualquier cosa, que si fulanito me dio, que si menganito me cogió la libreta o el lápiz, que si Alejandro no me quiere dar mi goma… Me incorporé y mi vida me cambió, me siento feliz, óigame los pesitos hacen falta, ahora cobro más por mi trabajo, aparte del dinerito de la chequera.
PARA LA CASA NO …

Ese mismo misterio que hizo retornar al sector educacional del Municipio Especial Isla de la Juventud da muchos rostros, desde Martha Modey Heredia del preuniversitario Ignacio Agramonte, secretaria general del sindicato hasta otros tantos jubilados del Municipio es el que también ha atrapado a otros jóvenes de la formación pedagógica: Jeison Ponce de León Alfaro; Ariel Pérez Soto; Charelys Borroto Ocaño y demás de la escuela Martha Machado Cuní, ejemplos de autosuperación porque les gusta la profesión y enseñan con amor. Septiembre los espera para seguir ligados al sector porque quién se resiste al arte de enseñar.

