
Según nota remitida a esta redacción, la muestra será inaugurada el próximo martes 18 de agosto, a las 19:00 horas, en la Fundación Mario Benedetti, en Montevideo, y permanecerá abierta hasta la subasta, prevista para el lunes 14 de septiembre, a las 18:30 horas.
La iniciativa, impulsada por varias organizaciones sociales, nace como expresión de solidaridad con el pueblo cubano ante las dificultades que atraviesa la Isla, agravadas por el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos y por el recrudecimiento de medidas que han profundizado las carencias y tensiones de la vida cotidiana.
En ese contexto, el gesto de los artistas uruguayos adquiere una dimensión que trasciende el valor material de las obras. El arte se convierte en una forma concreta de acompañamiento y en un lenguaje capaz de expresar, pueblo a pueblo, la voluntad de no permanecer indiferentes ante las necesidades de Cuba.
La presidencia de la Uneac ha expresado su profundo agradecimiento por este gesto de solidaridad, que llega precisamente cuando la organización se dispone a celebrar, el próximo 22 de agosto, su aniversario 65.
Fundada en 1961 por Nicolás Guillén, la Uneac ha acompañado durante seis décadas y media los procesos de creación, debate y transformación de la cultura cubana. El donativo de los artistas uruguayos se incorpora así a una historia de vínculos culturales y humanos que ha tenido en América Latina uno de sus espacios fundamentales.
No es casual que esta acción solidaria tenga como escenario la Fundación Mario Benedetti. La relación del gran escritor uruguayo con Cuba fue entrañable y fecunda. Benedetti viajó por primera vez a la Isla en 1966 como jurado del Premio Casa de las Américas y regresó al año siguiente para desempeñar nuevamente esa responsabilidad. En 1968 pasó a integrar el Consejo de Dirección de Casa de las Américas y fundó el Centro de Investigaciones Literarias. Durante su exilio, a partir de 1976, volvió a La Habana y se reincorporó a esa institución. (Fundación Mario Benedetti)
Cuba fue, en palabras de quienes han estudiado su trayectoria, una especie de segunda casa para Benedetti. La Isla acogió su obra y su compromiso intelectual, y Casa de las Américas fue uno de los escenarios esenciales de su actividad literaria, crítica y política. En 1982 recibió la Orden Félix Varela, máxima distinción cultural cubana de entonces.
De ahí que “Pueblo a Pueblo” pueda leerse también como continuidad de una tradición de solidaridad latinoamericana que Benedetti defendió desde la literatura y la acción intelectual: la convicción de que la cultura no permanece al margen de la realidad, sino que puede acompañar a los pueblos en sus momentos más difíciles.
Entre lienzos, esculturas y piezas de cerámica, “Pueblo a Pueblo” propone una idea sencilla y poderosa: cuando la solidaridad encuentra en el arte una forma de expresión, la distancia geográfica deja de ser un obstáculo. Uruguay y Cuba vuelven a encontrarse, esta vez a través de la creación de sus artistas.