Vigencia del pensamiento de Fidel en el movimiento sindical

Vigencia del pensamiento de Fidel en el movimiento sindical

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La vigencia del pensamiento de Fidel en el movimiento sindical fue el tema abordado por Osnay Miguel Colina, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba, en un panel efectuado en la sesión de la tarde de la jornada inaugural del I Coloquio Internacional dedicado al Comandante en Jefe.

 

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

No se trata, dijo, de repetir discursos de época sino de recuperar principios y mantenerlos vivos, destacó.

A la pregunta de si esos principios mantienen capacidad orientadora en estos tiempos, respondió que después del triunfo revolucionario el trabajador fue no solo productor sino sujeto político, es decir, superó su dimensión productiva para expresar relaciones sociales y participación en cada uno de los procesos.

 

 

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda
Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

Por otra parte, agregó, el sindicato como planteó Fidel, no puede limitarse a gestionar demandas inmediatas, sino que es un formador de conciencia y defensor de intereses. Constituye un ente transformador que convoca a los trabajadores y defiende sus intereses.

Poder trasladar las opiniones de estos enriquece la toma de decisiones, y tanto la administración como el Estado pueden mejorar su política, señaló el dirigente sindical.

Durante su exposición, dijo que en la situación actual, debido a la fragmentación del escenario laboral hay que llegar a cada trabajador con un sindicato que ayude a construir el proyecto colectivo.

Respecto a la democracia sindical expresó que se cambia de la participación parcial a la plena. Ello no ralentiza, puntualizó, sino que aporta conocimientos y capacidad colectiva.

La democracia por tanto deja de ser un principio y se convierte en condición para el desarrollo, y mediante ella las contradicciones se procesan colectivamente no como antagonismos irreconciliables.

Acerca de la ética del trabajador señaló que este asume su labor no solo como obligación externa, sino como realización personal y responsabilidad social. El trabajador es—subrayó—sujeto de derecho y a la vez participante en las soluciones.

Puso como ejemplo que ante las difíciles condiciones que atraviesa el país hay más de 70 mil trabajadores interruptos, reubicados en labores productivas y útiles en la comunidad.

Al comentar sobre el incremento de las formas de gestión no estatal expresó que tiene que existir diálogo con ellos, atenderlos mejor desde el punto de vista sindical para que participen en la solución de las dificultades.

Señaló que el trabajador es sujeto social y político, el sindicato tiene identidad propia frente al poder burocrático, y no se puede construir el socialismo con transformaciones económicas solamente sino con sujetos capaces de comprometerse.

A cien años del natalicio de Fidel todas estas ideas demuestran su vigencia y dinámica, concluyó.

 

El sindicato: espacio vital para pensar y hacer la Revolución

La primera jornada del coloquio abrió con una pregunta que atraviesa el presente sindical: ¿por qué volver hoy a Fidel Castro? La respuesta no se reduce a repetir discursos de época, sino a recuperar principios vivos que siguen marcando el rumbo de la organización obrera y que se actualizan en los desafíos contemporáneos.

En el panel dedicado al método político de Fidel Castro y su concreción en el sindicalismo, el profesor de la Universidad del Partido Ñico López, Dr. C Camilo Rodríguez Noriega presentó la conferencia titulada “Gozos teóricos políticos y proyección en el sindicalismo cubano”. Su intervención partió de una premisa clara: pensar a Fidel es imprescindible para la autocomprensión política y cultural de la sociedad cubana.

Rodríguez Noriega organizó su exposición en cinco tesis esenciales que delinean el método político fidelista y su encarnación en los sindicatos como escenario fundamental. La primera tesis subrayó que el fundamento del método está en la apropiación del sentido transformador total de la Revolución. Ese método articula cuatro marcas inseparables: un nuevo tipo de poder político, una nueva perspectiva ideológico‑cultural, un nuevo modo de producción y un nuevo modo de vida.

Se trata de una herramienta estratégica de diagnóstico permanente, capaz de discernir cuándo aplicar mecanismos radicales o mecanismos evolutivos, evitando tanto el voluntarismo como el reformismo.

La segunda tesis situó al pueblo como sujeto del poder político. La revolución, afirmó, es obra de masas o no es. Desde esa perspectiva, el método fidelista garantiza la adquisición popular de prácticas revolucionarias, impulsa el desarrollo ideológico, ético y cultural, y sostiene un nuevo tipo de poder social con capacidad de afirmarse como ejercicio político popular.

La tercera tesis destacó la práctica sistemática de consulta y relación con las masas. La escucha sensible y el quehacer público se presentan como antídotos contra el burocratismo, y como base para labrar una vanguardia político‑cultural emergida del pueblo. Fidel concebía la revolución como penetración atómica de la vida cotidiana, capaz de combatir desigualdades reales y de fusionar la perspectiva clasista con el bienestar material y espiritual de la nación.

La cuarta tesis abordó la articulación entre conocimiento científico, saber empírico, intuición y sensibilidad política. El método fidelista propone una síntesis superior que entiende la conducción socialista como ciencia para liberar la energía de las masas, donde corazón e inteligencia marchan parejos. La política, en esta visión, es arte de servir al pueblo, y la sensibilidad política se convierte en instrumento de análisis y puente entre teoría y práctica.

Finalmente, la quinta tesis definió el método como motor subjetivo indispensable de la revolución. Al ser hija de la cultura y las ideas, la revolución requiere voluntad, disciplina, organización y crítica pública. Fidel concebía la autocrítica y la rectificación como batalla de ideas, un ciclo virtuoso de aprendizaje colectivo para ajustar la acción a la realidad cambiante.

En la síntesis de estas cinco tesis, Rodríguez Noriega resaltó que el método fidelista encuentra en los sindicatos un espacio funcional estratégico. Fidel radicalizó la metáfora leninista de la “correa de transmisión”: no solo para trasladar líneas del partido, sino para que los sindicatos fueran sujetos activos en la conducción del proyecto revolucionario. Así, el sindicato integra la atención a las reivindicaciones inmediatas con el impulso a la transformación radical de las relaciones laborales desde la clase obrera, ya no explotada, sino como clase fundamental en el poder.

En esa visión, el sindicato se convierte en pilar del poder popular y de la construcción socialista, articulando alianzas con campesinos y otros sectores sociales.

 

Desde el sindicato comienza la transformación

Por su parte, Jorge Bencomo Cuesta, profesor de la Universidad del Partido Comunista de Cuba Ñico López, abundó acerca de Fidel Castro y el papel de los sindicatos en la edificación del proyecto socialista.

El profesor abrió su intervención agradeciendo la presencia de los compañeros de Cuba y de otras latitudes, y destacó la solidaridad internacional como parte inseparable del movimiento obrero. Su ponencia, articuló el rol sindical en la construcción del socialismo desde el triunfo revolucionario del Primero de enero de 1959.

Bencomo recordó que la llegada de la CTC y de los sindicatos a ese momento histórico no fue casual, sino resultado de una larga trayectoria de luchas y resistencias. Desde sus orígenes en la primera mitad del siglo XX, el sindicalismo cubano estuvo marcado por la influencia marxista y por la generación del 20 y del 30, con figuras como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Antonio Guiteras.

La huelga general contra Machado y la participación en el proceso constitucionalista de 1940 fueron hitos que demostraron la capacidad del movimiento obrero para incidir en la vida política nacional. El recorrido histórico incluyó también momentos de clandestinidad y persecución durante las dictaduras, con líderes sindicales asesinados como Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias.

La CTC, nacida como Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y luego transformada en Central de Trabajadores de Cuba, sufrió divisiones internas y manipulaciones gubernamentales, pero mantuvo viva la llama de la resistencia. Esa experiencia acumulada fue decisiva para que, en 1959, el movimiento obrero se sumara activamente al proceso revolucionario y apoyara la lucha en la Sierra Maestra.

Bencomo subrayó que en 1959 la meta inicial no era declararse socialista, sino conquistar la independencia y el antiimperialismo. En ese tránsito, Fidel rompió con la idea tradicional de que el sindicalismo debía limitarse a la lucha económica, reservando la política a los partidos. Por el contrario, planteó que el sindicato debía convertirse en actor político y protagonista de las transformaciones revolucionarias. “El sindicato no puede concebirse como un ente ajeno al proceso, sino como espacio donde se gestan las transformaciones cotidianas”, puntualizó. En los centros de trabajo, en las sesiones sindicales, se construye la conciencia y se impulsa la participación activa de los trabajadores en la edificación de la nueva sociedad.

Esa visión fidelista convierte al sindicato en motor de unidad y en pilar del poder popular. Finalmente, Bencomo destacó que la unidad del movimiento sindical cubano, y de los demás movimientos políticos, se consolidó bajo la figura y el ejemplo de Fidel Castro. “La unidad no fue un dato preexistente ―acotó— sino una tarea histórica que se logró gracias al liderazgo de Fidel y a la capacidad del sindicalismo de integrar diversidad en intereses colectivos.

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