Jorge Martínez: “Soy un hombre de pueblo”

Jorge Martínez: “Soy un hombre de pueblo”

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Jorge Martínez Castillo (La Habana, 16 de septiembre de 1962), cariñosamente conocido como Yoyi por familiares y amigos, es uno de los grandes exponentes de la escena artística cubana contemporánea. Su destacada trayectoria abarca múltiples disciplinas, como la televisión, el cine y la radio, lo que lo convierte en una figura multifacética y profundamente respetada en el ámbito cultural.

Jorge Martínez es uno de los grandes exponentes de la escena artística cubana contemporánea.

A lo largo de su carrera, ha sabido conquistar al público con su versatilidad interpretativa y su compromiso con la calidad artística, consolidándose como un referente indiscutible dentro y fuera de las fronteras de Cuba, razones que motivaron este diálogo para compartir con nuestros lectores algunos de los momentos más significativos de su vida personal y profesional, así como sus motivaciones creativas y su visión sobre el desarrollo del arte escénico en la actualidad.

—¿Cómo describiría el impacto que tuvo su formación en la Escuela Nacional de Arte (ENA) en su desarrollo profesional?

—Para mí la escuela fue la base de lo que soy hoy como actor, no solo por la metodología de enseñanza que usaban, sino por la calidad de los profesores. Tuve la oportunidad de hacer varios  clásicos como Shakespeare y Moliere; así como Teatro en verso y Teatro cubano, pero también Televisión. Cuando hice mi primera serie para la Tv yo estaba en Segundo año de la carrera y eso creo que me dio una formación mas completa.

Dejé para cerrar la pregunta, decirte que creo, sin temor a equivocarme, que tuve al mejor profesor que ha pasado por esa Escuela, formador de grandes actores, un gran pedagogo y mejor ser humano, Raúl Eguren. Para él mi eterno agradecimiento.

La ENA, como todos sus estudiantes  la conócenos, y en general todas las escuelas de Arte, han graduado excelentes artistas en todas las manifestaciones

—Ha trabajado en diversos medios como la radio, el cine y la televisión. ¿En cuál de estos ámbitos se siente más identificado?

—Bueno el medio que más conozco es la Tv; son muchos años y ya hay  un oficio y por mi misma naturaleza curiosa siempre he tratado de conocer desde dentro cómo se hace. La radio también me gusta mucho y admiro a los actores que la hacen, por la inmediatez conque se trabaja, y el cine es el medio que más perdura y es también el que más recursos tiene, y hay más tiempo para trabajar, pero jamás trato de sentirme demasiado cómodo, por respeto a la obra y a su director, y a mí mismo, que me exijo demasiado cada vez que enfrento un trabajo, sea el que sea, pero no sufro; me divierto consciente de que estoy haciendo lo que me gusta.

Su destacada trayectoria abarca múltiples disciplinas, como la televisión, el cine y la radio, lo que lo convierte en una figura multifacética y profundamente respetada en el ámbito cultural.

—¿Podría compartir alguna experiencia memorable que haya vivido durante su recorrido artístico?

Una de las experiencias más fuertes que he vivido fue precisamente haciendo la película Últimos días en la Habana, porque tenía una escena en la que tenía que estar bajo la lluvia y a pesar de que todo el equipo de realización me cuidó muchísimo y hasta el agua que me caía era caliente, tuve que estar mucho rato mojándome y yo estaba todavía convaleciente de una operación en la que me extirparon un pulmón y cuando en el guion llega Patricio Wood y me carga, me abraza y me sienta, yo todavía estaba mojado. Después, cuando van llegando los vecinos, seguía mojado, que ya casi es la penúltima escena mía, y eso me provocó una falta de aire que me estaba ahogando, prácticamente no tenía respiración.

Jorge Martínez en la película Últimos días en La Habana, de Fernando Pérez, producción que obtuvo el premio  Biznaga de Oro al mejor filme latinoamericano en el Festival de Málaga.

Y cuando Fernando Pérez, el director de la película, vio eso se alarmó y enseguida me llevaron para un policlínico que había cerca, donde me dieron aerosol y me inyectaron para abrir un poco el pulmón y poder respirar mucho mejor.  Luego regresé a la filmación, pero Fernando dijo: “vamos a suspender el llamado” y yo le respondí: “no, no, no, cómo vamos a suspender el llamado, vamos a seguir porque ahora es que me siento muy cercano a lo que lo que pretendía el personaje o cómo debía estar en ese momento. Fernando vamos a seguir”; y seguimos la escena.

Fue muy peligroso porque me sentí bastante mal, pero yo quería hacer esa escena.

Yo decía, bueno aunque me muera yo tengo que hacer esta película, la termino y nada. Ese fue uno de los momentos más amenazadores de los que he vivido, pero me hizo sentir bien en el sentido de lo que yo quería lograr con el personaje.

—En la actualidad, ¿qué proyectos artísticos o culturales está desarrollando?

Hace ya un año terminé la película Teófilo, con el Icaic, bajo la dirección de Alejandro Gil. Concluí también otro filme con Magda González que se llama Ricky Ricardo y además participé en  la ópera prima de Danielito Chile que se llama, o por lo menos tiene un nombre preventivo, que es Sin amanecer, un Thriller. Asimismo hice la segunda temporada de Las reglas de Rodo, un personaje muy interesante que me gusta mucho porque además soy fan de la serie. En estos momentos estamos en los preparativos para comenzar una nueva temporada de Tras la huella, con nuevos personajes, escritores y directores, todos bajo la producción general de Roly Peña. Estoy muy entusiasmado con esta nueva producción televisual, vamos a ver cómo sale.

Durante la filmación de Ricky Ricardo. Al fondo la directora del film, Magda González.

—Usted es admirador del historiador Eusebio Leal. ¿Qué aspectos de su labor le resultan más inspiradores?

—Toda la vida miré a Eusebio Leal con mucho respeto. Primero, por su sentido de pertenencia, de cómo él hizo de La Habana su razón de ser; segundo, porque soy un amante de la historia y no solo de la historia de Cuba, sino de la historia universal; me encanta buscar y rebuscar más allá de lo que se escribe en los libros, de lo que se imparte en las escuelas que a veces son clichés sobre la historia, los mártires y los héroes. Me gusta profundizar, como lo hacía Leal, un poco más allá de lo que de lo que eran y de lo que son como seres humanos, con sus virtudes y sus defectos; es decir, la verdadera historia.

En una época iba mucho a La Habana Vieja, caminaba mucho por ahí, por sus lugares, porque me encantaba. Ahora ya no tengo tanto tiempo de hacerlo, entonces yo vivía en Guanabacoa, cruzaba la lanchita de Regla, caminaba por la Plaza de la Catedral, por la Plaza de las Palomas (popularmente bautizada así), por el bulevar de la calle Obispo. Me encantan los museos y muchas veces me encontré a Eusebio y, aunque no nos conocíamos, me admiraba verlo caminar solito por toda esa Habana, mirando, indagando, parándose a conversar con las personas, muchas de las cuales lo llamaban, le comentaban algo, le pedían cosas o le daban quejas y él siempre, de una manera muy sencilla, los escuchaba.  Lo vi muchas veces haciendo eso; y además solo, no necesitaba personas que lo cuidaran o que estuvieran ahí a su lado todo el tiempo. Eso siempre lo admiré en él; además de su conocimiento, inteligencia y esa manera tan pródiga que tenía de decir las cosas.

—¿Pudiera referirse a su interés por la lectura y por los documentales científicos e históricos?

Mi interés por los documentales históricos y científicos viene precisamente de esa curiosidad que tengo desde que era un muchacho. Recuerdo que estudiaba en la escuela de música en Guanabacoa y frente a esta estaba el Liceo, el cual tenía en los bajos una excelente biblioteca y cuando terminaba de almorzar o no tenía turno de clases o me quedaba tiempo libre,  me sentaba en la biblioteca y allí me leía todo lo que pudiera, especialmente libros de historia y de aventuras de época, de autores de Francia, Inglaterra e Italia; en fin, eso me fue creando  una expectación de la que siempre me he hecho preguntas, cómo de dónde venimos, por qué somos así, cuál es nuestro origen, de dónde aparecen las cosas, por qué un objeto se hizo de esta manera… Ese tipo de interrogaciones me las han hecho y me ha gustado tratar de responderlas a partir de mis lecturas y de esos documentales tanto científicos como históricos; además de mi afán por el conocimiento. Leer me ha dado la oportunidad de saber; aunque  uno nunca va a saber todo lo que quisiera.

—Usted es gran amante de la naturaleza, los animales y defensor del medio ambiente. ¿Cómo integra estas pasiones en su vida cotidiana?

—Quizás mi interés, mi deseo y mi manera de ver la vida de los animales, la naturaleza y las plantas, así como de disfrutar de un río que pasa y del sonido del mar, vienen arraigadas en mí por mis padres, que eran campesinos. Ellos vinieron jóvenes para La Habana, aquí se conocieron, pero esas raíces no se olvidan. De muchacho yo iba mucho a las fincas que tenían mis tíos en Florencia, en Ciego de Ávila, y eso me gustaba tanto que contaba los días que me faltaban para que llegaran las vacaciones y podernos ir para allá y bañarme en el río, subirme a una mata de mangos, montar caballos, caminar por las montañas… ese era mi lugar favorito. También me gusta mucho el mar, sentarme en la arena y escuchar el sonido de las olas.

Me molesta mucho ver a la gente tirando las cosas en la arena o yéndose para el agua a tomarse una cerveza y botar ahí la lata vacía; no entiendo cómo es posible que no se den cuenta de lo que están haciendo, del mal que les ocasionan al mar. De verdad que se ve terrible ir a un lugar a disfrutar y a pasarla bien y lo encuentras lleno de  basura, y uno dice, cómo las personas son capaces  de hacer eso. También hay un problema con esto, pues generalmente no se ven muchos dispositivos receptores de desperdicios en la playa.

Y no voy a hablar de la ciudad y de la basura acumulada en esta,  eso sería otra entrevista bastante larga y molesta; pero por lo menos de lo que hablo es de que cuando uno va a esos lugares debe llevar una javita y meter dentro de esta esa basura y después la bota en un contenedor. Son hábitos que la gente va perdiendo; se  trata de disciplina y de educación formal del individuo.  Eso afecta el disfrute de verdad, pues cuando se llega a un lugar, como a la playa, y va con su familia, se percata de esta verdad tan terrible.

Asimismo, soy amante de los animales y me duele muchísimo y me molesta ver cuando alguien es capaz de maltratar un animalito, de  llevarlo a situaciones en que no se siente cómodo. Parce que no se dan cuenta de que de que son seres que también se duelen y sufren, es muy difícil de verdad. Y te digo que  quizás sea por mis orígenes, por ese ADN que tengo, esa genética que tengo de mí familia, de haber vivido todo eso en mi niñez. Tal vez por eso soy amante de la naturaleza, no me gusta el abuso,  ni siquiera pisotear una flor.

—A lo largo de su carrera, ¿cuáles han sido los mayores desafíos que ha enfrentado como artista en Cuba?

El mayor desafío que tenemos los artistas, por lo menos el que tengo yo en lo personal, es levantarse cada día a hacer arte. Es  penoso ver cómo todo el pueblo se levanta cada día a tratar de hacer la vida cotidiana. Todo se ha vuelto mucho más espinoso;  fíjate, si esta  pregunta  me la haces seis meses atrás, es posible que la respuesta hubiera sido la misma, pero con menos premura y te la estoy contestando ahora que estamos en una situación peor y no sabemos si estará peor.

El desafío de los artistas es el mismo que tiene todo nuestro pueblo en estos tiempos, tratar de vivir una vida. Asimismo, es difícil el transporte para llegar al trabajo,  llegar a este y no tener corriente y no poder grabar o no poder hacer algo; es fastidioso que tengas un proyecto, el cual estás esperando dos o tres meses sin trabajar, y que de pronto te digan no, ese proyecto ya no se va a realizar o no se puede, o sencillamente hay que posponerlo y tú sigues quedándote sin dinero porque nosotros los actores, por lo menos en mi caso, si no trabajamos no cobramos. Asimismo sucede cuando llegas a la casa y tienes que aprenderte diez escenas y no tienes corriente ¿cómo estudias?  Son muchas cosas que nos afectan a todos.

Solo te he contado por arribita, porque hay mil cosas más, como que cobras por transferencia y después vas a algún lugar y no puedes pagar por esa vía;  o la última ahora es que te quieren cobrar un 10 o 20% por encima si pagas por transferencia, es una locura y a quien más nos afecta es a los que trabajamos para el Estado y no tenemos otra manera de cobrar nuestro salario.

—Finalmente ¿qué legado artístico y humano quisiera dejar a las próximas generaciones?

—El legado, no tanto del actor como tal, sino un poco más general y amplio: el legado del artista a la cultura, es sensibilizar un poco a la gente más allá de todos los problemas diarios tan duros que estamos viviendo, y concienciarlas para  encontrar un poco de belleza  y de luz en la vida cotidiana y tratar de hallar esos resquicios donde podemos protegernos, donde podemos asirnos y decir, bueno, la vida es mucho más que eso, y yo creo que esa es la principal función que tiene el arte y que tienen los artistas como proveedores de ese arte, de esa sensibilidad, porque si no vamos a ir a la destrucción como sociedad.

No puede haber historia en un país y no puede haber desarrollo, sin el arte, sin la cultura; y eso es a lo que le tengo muchísimo miedo, porque no basta solo con hacer actividades todos los días y de programar bailables en La Piragua, que también son necesarios;  pero hay que administrarlos con pocos recursos para también poder invertir en cosas que reconstruyan la sensibilidad y el conocimiento creativo, apoyar  obras de teatro, conciertos, los Sábados  del libro y rehabilitar, como los había antes, lugares donde se vendan buenos discos o puedas grabar una memoria con buena música; se que la Asociación Hermanos Saíz lo hace en el Pabellón Cuba, pero no basta.

Todos los sábados,  en las ferias populares de alimentos que se hacen en los parques en casi todos los municipios; por qué no ponen un kiosco de ventas de libros y discos de música; para ese tipo de cosas que no son tan difíciles de hacer  y que no conllevan mucho gasto. Se le puede pedir colaboración a las Mipymes que ya están allí; en fin, urgen iniciativas  porque es imprescindible hacer ese tipo de cosas.

Yo sería muy egocéntrico, muy autosuficiente y estaría muy lejos de la persona que soy, si pretendiera dejar algún legado para la posteridad. No soy ese tipo de personas, yo lo que sí pretendo es que si me recuerdan algún día me recuerden como esa persona con los pies siempre puestos en la tierra; sabiendo de dónde vengo, cuáles son mis orígenes, teniendo en cuenta que tuvieron que sacrificarse  muchas personas para que yo llegara a tener una profesión de la cual puedo vivir más o menos; no olvidar todo el sacrificio que tuve que hacer  para lograr las cosas que quería y todo lo que pude dejar en el camino que podrían haberme dado muchas más cosas materiales y, sin embargo, las dejé para poder seguir siendo fiel a lo que amo, a lo que quiero, a la manera en que quiero vivir mis últimos años y siendo consecuente con eso.

—¿Qué consejos brindaría a los jóvenes que desean seguir una carrera en las artes escénicas?

A los jóvenes les aconsejaría lo mismo que me aconsejé yo cuando también fui joven, no cejar nunca en el empeño. Esta es una carrera que no es para que la gente te conozca en la calle, no es una carrera para las vanidades de cada cual; porque conlleva mucho sacrificio cuando de verdad quieres empeñarte en ser un profesional no solo de la actuación, sino de la vida en general. La gente puede creer que haces una novela o que vas a un concierto y tocas la música o que vas y bailas en un teatro o que pintas un cuadro y que todo es muy fácil y que eso lo puede hacer cualquiera.

Antes había el concepto de que las artes eran muy fáciles y es todo lo contrario, para llegar a ser alguien en la vida tienes que sacrificarte mucho, saber lidiar con los fracasos y  con lo que sabes que puede herirte y herir tu sensibilidad, pero hay que seguir adelante. A los jóvenes les digo, además, que nunca cesen en el empeño, que van a haber muchos fracasos, pero también cuando logren las cosas que quieren, van a tener una sensación de alivio, de libertad, de placer y de realización

Yo soy un hombre de pueblo, sin chovinismo, sin demagogia te lo digo. Y eso no lo olvido más allá de estas profesiones que aparentemente y muchas veces son muy engañosas.

“Yo soy un hombre de pueblo, sin chovinismo, sin demagogia te lo digo. Y eso no lo olvido más allá de estas profesiones que aparentemente y muchas veces son muy engañosas”, afirma el artista.

Y son engañosas porque mucha gente se cree que ser artista, que ser músico, que ser actor, entre otras profesiones, es un estatus superior; y están totalmente equivocados, es todo lo contrario; para poder llegar a estar en el corazón y ganarse el cariño de la gente, tienes que ser la persona más sencilla y más centrada en los pies puestos sobre la tierra y saber que vienes de ahí y que ahí sigues y seguirás.

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