Que en poco más de un mes estén listas desde el punto de vista jurídico para su aplicación un total de 110 de las 176 transformaciones económicas y sociales aprobadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular es, cuanto menos, un récord cubano en materia legislativa y una expresión fehaciente de la voluntad política gubernamental de avanzar con rapidez ante la urgencia de la difícil situación que enfrenta el país.
Como expresó el primer ministro de Cuba, Manuel Marrero Cruz, en el reciente período ordinario de sesiones del Parlamento cubano, “la nación entra en la etapa más decisiva y compleja de su reforma económica: llevar a la práctica las medidas ya aprobadas para que se traduzcan en un mejoramiento concreto de las condiciones de vida de la población”.
Porque la liberación de las fuerzas productivas, el fortalecimiento de las empresas estatales y no estatales y la autonomía municipal son solo el medio para conseguir un fin: salir del atolladero económico en que nos encontramos, y además hacerlo bajo el bombardeo silencioso, pero cruel e implacable, a que nos somete cada día el Gobierno de los Estados Unidos.
Más allá de la discusión política sobre la naturaleza de este conjunto de transformaciones, sobre la cual el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, valoró que “las transformaciones que hoy implementamos no son para más capitalismo, sino para defender y avanzar en la construcción socialista”; lo que urge son resultados concretos a partir de su implementación.
Por solo citar algunas de las medidas de las pasadas semanas, lo anunciado por el Banco Central de Cuba para atajar el descalabro que sufre la población en relación con los pagos electrónicos y el manejo del efectivo, y la autorización del ejercicio de decenas de actividades que permanecían reguladas o prohibidas para el sector no estatal, son apuestas largamente esperadas cuyos efectos en las actuales circunstancias aún estarían por verse.
Para el movimiento sindical la aprobación del nuevo Código de Trabajo en este último ejercicio parlamentario es también un importante punto de partida que pondrá en tensión su capacidad de adecuarse a las necesidades del ahora tan variopinto mundo laboral cubano, en función de dar un vuelco radical a su papel de representación de todos los trabajadores del país.
La cuestión ahora es que los cambios que acontecen en Cuba en materia económica y social son tantos y tan abundantes, que la capacidad para responder a esa vorágine de transformaciones pueda verse afectada por la imposibilidad de asimilarlos todos a la vez, tanto institucionalmente como en la conciencia colectiva.
Un buen ejemplo de lo crucial que resulta no violentar y asegurar bien la imprescindible preparación de cada paso fue el rico debate que se produjo al discutirse la Ley de la Organización de la Administración Central del Estado, que puso en evidencia aparentes cabos sueltos en su análisis previo, al menos en la reflexión interna hacia algunos segmentos de la comunidad científica que habían mostrado sus reservas sobre la desaparición del Citma.
El propio Presidente Díaz-Canel admitió, al concluir el período ordinario de sesiones de la Asamblea, la existencia de preocupaciones populares legítimas sobre la concentración de riquezas, la posible ampliación de desigualdades o la eliminación de subsidios sensibles. Para atender esas distorsiones aseveró que se mantendrá el control popular y la rendición de cuenta, iniciando discusiones inmediatas con los trabajadores.
La prioridad que define el Gobierno es asegurar la aplicación efectiva de las transformaciones, en paralelo con la evaluación de sus impactos reales y la corrección a tiempo de cualquier desviación. No obstante, lo cierto es que ha habido procesos de cambios anteriores donde no siempre se ha sido lo suficientemente ágil para enmendar lo que empieza a irse del cauce originalmente trazado.
“Una gradual recuperación económica tiene que llevarnos en la misma medida a la recuperación social priorizando a los más vulnerables”, afirmó el Primer Secretario del Comité Central del Partido: “Que nadie espere que venga de afuera una solución mágica. Todo depende, en primera instancia y cada vez más, de nosotros mismos”…