El caso de Roger Jesús Carralero Vento confirma la afirmación de Silvio Rodríguez de que “solo el amor engendra la maravilla”.
Este niño de 15 años padece el síndrome de West, una encefalopatía epiléptica de la infancia, grave y poco frecuente, asociada a otras dolencias que para él requieren de cuidados especiales.
«A las 14 horas de nacido, lo operaron de mielomeningocele», señala su madre, Yusmara Vento Suárez, en un momento de pausa en la atención a su único hijo, vecinos ambos de la calle 260 entre 269 y 283, en la localidad capitalina de Wajay.
El padecimiento es una malformación del sistema nervioso central, de origen congénito, que hace esté postrado de por vida.
También sufre de problemas respiratorios que obligan al uso sistemático de una máquina acoplada a un botellón de oxígeno y es alimentado e hidratado mediante una sonda de gastrostomía.
Casi imprescindible es que permanezca en aire acondicionado, cuya temperatura inhibe la propagación de virus y bacterias.
Yusmara recuerda que cuando Roger Jesús cumplió 5 años, los médicos a cargo de su atención le confesaron que pensaron no llegaría a esa edad.
Agradece cuanto hicieron por él, siendo pequeño, sus abuelos paternos, residentes en el poblado de La Fe, y los especialistas de un proyecto de neurodesarrollo existente entonces en la Isla de la Juventud, lo que le permitió laborar un tiempo más como dependiente-cantinera en un hotel en Cayo Largo del Sur.
Pero la situación cambió drásticamente y retomó su vida en Wajay para dedicarse completamente a la labor de madre cuidadora.
En la capital, Roger Jesús es atendido en el Instituto de Neurología y Neurocirugía, así como en el Hospital Pediátrico William Soler, para cuyos médicos, enfermeras y personal en general dice no tener palabras que expresen del todo su gratitud por los desvelos que profesan al niño.
También tiene el acompañamiento de la asistencia que brinda el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
Precisamente fue Leonardo Valdés Sieres, el funcionario asignado al caso de Roger Jesús, el que contribuyó a involucrar en su atención a una empresa privada de Wajay, después que las condiciones económico-financieras del país se hicieron más difíciles con la pandemia de COVID-19 y el brutal recrudecimiento del bloqueo yanqui.
El amor hace otra maravilla
A pedido de Leonardo, el presidente de la Empresa Kareka Vergara (EKV), Ahmed Hamudi, visitó a Roger Jesús y a Yusmara, para ver cómo podía ayudarlos.
Contribuyó mucho a la empatía desde el primer momento el ser Ahmed un saharaui que fue traído a Cuba con apenas 10 años para estudiar, al amparo de la solidaridad brindada por la Revolución cubana a la lucha contra la ocupación por Marruecos de la mayor parte del territorio de la República Árabe Saharaui Democrática.
«Me conmovió mucho la dedicación de Yusmara a Roger Jesús, el amor que le brinda en todo momento que es lo que más necesita», afirma.
Así, desde hace más de dos años, dentro de su programa social, EKV ayuda a la atención del niño con medicinas, alimentos específicos, aseo, pañales desechables y transportación cuando debe acudir a alguna de las instituciones de salud mencionadas.
Igualmente se encarga del mantenimiento del acondicionador de aire y la reparación de los efectos electrodomésticos de la casa, sin costo alguno.
Pero el genocidio calculado contra el pueblo cubano que es el bloqueo intensificado por el cerco energético, como denunció el primer secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, el pasado 26 de julio, se ensaña contra las cubanas y cubanos más vulnerables.
«Cuando hay apagón, me pasó esas horas dando al pedal del oxigenador mecánico que tenemos de respaldo, pero no hay solución con el aire acondicionado», subraya Yusmara.
Ante esta situación, a propuesta de Ahmed, la directiva de EKV, donó e instaló, para la atención de Roger Jesús, un módulo fotovoltaico compuesto por un inversor de 5 kilowatts de potencia, que entrega 110 y 220 voltios, así como un batería para la acumulación de energía de 10 kilowatts-hora.
Se alimenta de manera híbrida, usando la corriente, cuando llega por la red, y por cuatro paneles fotovoltaicos que en conjunto generan hasta un kilowatt en las horas de mayor irradiación solar.
«El sistema autoabastece totalmente a la casa de electricidad y en momentos de apagón garantiza, por ejemplo, el funcionamiento ininterrumpido del aire acondicionado y el resto de los equipos de soporte vital para el niño», precisa Damian de Armas Muñoz, director División de Energía Renovable de la empresa.
La labor social de EKV no se restringe al caso de Roger Jesús. También brinda asistencia, entre otras instituciones locales, a la afamada Escuela de la Enseñanza Especial «Solidaridad con Panamá», el hogar de niños sin amparo filial, un círculo de abuelos y un comedor del Sistema de Atención a la Familia.
«Yo llegué a Cuba con 10 años y tengo 50. Todo lo que soy se lo debo a ésta, mi segunda patria, y lo que hago es retribuirle lo que con mucho amor hizo por mí y por cientos de niños saharauis formados aquí como profesionales», señala Ahmed Hamudi.
«Yo estoy muy agradecida con él y su empresa por la ayuda que nos dan. Este equipo no solo representa luz sino además amor, esperanza, bondad», sentecia Yusmara.
El amor al prójimo, al necesitado, es un valor humano que la Revolución liderada por Fidel Castro inculcó al pueblo cubano. Es un sentimiento que no puede ser bloqueado y ha hecho posible que, con el concurso de muchos, en Wajay, se engendre la maravilla de que Roger Jesús Carralero Vento viva, mucho más allá del más alentador de los pronósticos médicos.