Intervención del ministro de Relaciones Exteriores en el Séptimo Período Ordinario de Sesiones
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Foto: Carlos Vanega
Intervención del ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla en el Séptimo Período Ordinario de Sesiones, en su X Legislatura
29 de julio de 2026
Compañero General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana,
Compañero Primer Secretario y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel,
Compañero Esteban Lazo, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular,
Compañero Primer Ministro Manuel Marrero,
Compañero Roberto Morales, Secretario de Organización del Partido Comunista de Cuba,
El reciente discurso del primer secretario y presidente, Miguel Díaz-Canel del 26 de julio y su brillante y contundente demostración del genocidio que perpetra el gobierno de los Estados Unidos contra el pueblo cubano, las deliberaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas del pasado 7 de julio y la introducción que acaba de realizar el Presidente de la Asamblea Nacional me relevan de tratar de algunos aspectos.
Me acompaña en esta sesión el Consejo de Dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores.
La Asamblea Nacional del Poder Popular, en su conjunto, su Consejo de Estado, la Comisión de Relaciones Internacionales y muchos de sus diputados han jugado y juegan un papel relevante en el ejercicio de la acción exterior del Estado cubano y en el desarrollo de la política exterior.
Compañeras y compañeros,
El contexto político internacional en el que nuestra Revolución defiende y representa los intereses del pueblo se ha agravado significativamente.
El gobierno de los Estados Unidos ha tomado la decisión de quebrantar y destruir el Derecho Internacional, la Carta de las Naciones Unidas y los pilares que emergieron de la II Guerra Mundial y durante más de 80 años han guiado las relaciones entre los Estados, sobre la base del respeto a la soberanía y el principio formal de la igualdad soberana entre los Estados.
Ha demostrado, además, su capacidad relativa y temporal de imponer su voluntad a diversos gobiernos, por encima de las prerrogativas soberanas y constitucionales de estos, mediante la intimidación, la coerción y, muy específicamente, la utilización de medidas coercitivas unilaterales y de aranceles comerciales punitivos.
Ha acudido a la agresión militar, a guerras sin justificación alguna, al bombardeo de poblaciones civiles, al secuestro de un Jefe de Estado en ejercicio, al asesinato político, al terrorismo de Estado, al “cambio de régimen” y a la guerra cognitiva o no convencional.
Fundamentan esa conducta en una nueva e insólita doctrina que titulan “paz por vía de la fuerza”, como la supuestamente surgida en el pasado histórico del saqueo, el despojo, la conquista, el exterminio, la ocupación, la esclavitud, la limpieza étnica, o la paz de los viejos imperios coloniales, las Guerras Mundiales, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, del fascismo y el nazismo, de la Doctrina Monroe y sus Corolarios, del diseño que debe haber motivado a Hitler cuando se propuso reconfigurar el mapa de Europa en la primera mitad del siglo XX o más recientemente con el malogrado rediseño del Indo Pacífico, del Nuevo Medio Oriente o de la OTAN.
En las últimas semanas, como si no se hubieran aprendido las lecciones de la historia, resurge en Estados Unidos como política oficial el fantasma del macartismo y la cacería de brujas. Una extraña Cumbre, a la que fueron convocados en Washington de improviso decenas de Cancilleres, se dedicó a intentar lanzar la persecución de un fenómeno del que no se había oído hablar. Lo llaman “resurgimiento del terrorismo de extrema izquierda”. Antes, habían intentado acuñar el extraño concepto de “narco-terrorismo”. Habría que recordar las sangrientas dictaduras latinoamericanas y el Plan Cóndor que impusieron.
Poco después, el Departamento de Estado publicó un extenso informe sobre Cuba, que ha dado mucho que hablar por su superficialidad, mendacidad e inconsistencia, como si fuera encargado a una aplicación de Inteligencia Artificial mal empleada, según se dice, pero que intenta singularizar a Cuba como un peligro para Estados Unidos.
Además del absurdo de suponer que nuestro país pueda amenazar a la mayor potencia militar nuclear del planeta, el informe busca criminalizar y reprimir las genuinas expresiones de solidaridad con Cuba, manifiestas en múltiples sectores y segmentos de la sociedad estadounidense.
Busca condenar y también criminalizar la simpatía de la Revolución cubana con las causas a favor de la justicia, los derechos civiles, contra el racismo, el sionismo, la guerra y la opresión. Cuestiona nuestro derecho a defendernos de la agresión imperialista. Ataca la obra solidaria y humanista en la que nos hemos empeñado en muchas partes del mundo. Condena el esfuerzo internacionalista de Cuba a favor de la liberación de los pueblos de África y contra el apartheid, e identifica a nuestro país como un peligro por su ejemplo, su resistencia, su dignidad y su obra de justicia social.
Hace poco más de 5 años, en julio de 2021, ese gran estadista mexicano y latinoamericano Andrés Manuel López Obrador sentenció y cito: “Podemos estar de acuerdo o no con la Revolución cubana y con su gobierno, pero el haber resistido 62 años sin sometimiento es toda una hazaña. (…) En consecuencia, creo que, decía por su lucha en defensa de la soberanía de su país, el pueblo de Cuba merece el premio de la dignidad, y esa Isla debe ser considerada como la nueva Numancia por su ejemplo de resistencia, y pienso que, por esa misma razón, debiera ser declarada patrimonio de la humanidad”. Fin de la cita.
Ese ejemplo, esa alternativa al capitalismo salvaje y al imperialismo, es el peligro que identifica Estados Unidos al que suma la sed de venganza de los herederos de la dictadura de Batista, asesinos de 20 mil cubanos, de los esbirros, torturadores y ladrones, de los mercenarios de Playa Girón, de los que trataron de empujar a un holocausto nuclear, a la guerra bacteriológica, los de los atentados, los terroristas y de los que se adueñaron del país, y por eso nos condena a una guerra despiadada y sin cuartel. Son la reencarnación de Valeriano Weyler, y aquel holocausto del siglo XIX; y de Léster Mallory, diseñador de la política de provocar sufrimiento, desesperación y el derrocamiento del gobierno.
Bajo una conducta agresiva y amenazante, la mayor potencia militar y económica del planeta coarta la voluntad de muchos Estados en el desempeño de sus propios asuntos nacionales e incluso en sus relaciones internacionales.
Esa realidad ha permitido al gobierno estadounidense reforzar en extremo la guerra económica y el castigo colectivo contra Cuba, apretar al máximo el cerco energético, estrangular nuestras posibilidades de interacción comercial con otros países y avanzar en el empeño de desconectar a Cuba de la economía internacional.
Mienten descaradamente cuando dicen que no hay cerco energético, que obteníamos petróleo gratis, que el bloqueo no existe y que este no invade la soberanía ni la jurisdicción de los demás Estados.
Es un escenario muy peligroso y lógicamente insostenible en el mediano plazo, pero que en las actuales circunstancias impone a Cuba el incremento de la capacidad destructiva despiadada del gobierno de los Estados Unidos.
El 26 de julio reciente, el Primer Secretario del Partido y Presidente de la República advirtió, cito: «Cuba libra hoy una batalla histórica. Un nuevo Moncada. …. las generaciones actuales, vamos contra los muros de una política genocida que se ha propuesto asfixiar a todo el pueblo para apropiarse del país», fin de la cita.
Aun en estas circunstancias, nuestro pueblo disfruta de amplias y profundas relaciones en todo el mundo. Son, como norma, relaciones amistosas y de cooperación, pero son, también como norma, relaciones de respeto, incluso con países y gobiernos con los que tenemos diferencias políticas, que son los menos.
No hay duda respecto al rechazo mayoritariamente universal al bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba. La contundente votación de 136 contra 9 frente al intento estadounidense de impedir un debate sobre el tema en la Asamblea General de la ONU, el pasado 7 de julio, es muestra fehaciente de dónde está la opinión pública mundial, incluso bajo el clima de intimidación existente.
Quien se levanta hoy por Cuba, se levanta para todos los tiempos, repetiría seguramente Martí en estas circunstancias. El silencio, la indiferencia o el estrecho y egoísta interés pondrían a la humanidad entera en peligro. Cualquier estado podría ser el próximo si una amplia articulación internacional no detiene la barbarie. Si los ciudadanos estadounidenses accedieran a información veraz y suficiente impedirían ellos mismos la catástrofe con que su gobierno amenaza al planeta.
El 1 de enero de 2024, el Líder de la Revolución, General de Ejército Raúl Castro Ruz expresó, cito: “La política de hostilidad permanente y de bloqueo del Gobierno de los Estados Unidos es la principal causa de las dificultades de nuestra economía. No tengan duda de esta realidad, aunque el enemigo invierta millones de dólares y mucho esfuerzo para ocultarla”. Fin de la cita.
Nuestro pueblo está al tanto de las noticias y comprende con toda claridad que está en curso un plan macabro y bien diseñado, orientado a cortar, paso a paso, las fuentes de ingresos financieros, el acceso a mercados y tecnología, y los suministros esenciales para la economía y la vida de los cubanos, incluyendo alimentos y medicinas. Se suman a esas limitaciones y otras significativas, las impuestas con el bloqueo energético total, que está en vigor desde de enero de este año y que, con el uso de todos los medios, prácticamente impide la importación no solo de combustibles, sino de elementos y piezas, incluidos paneles solares y todo insumo o tecnología asociada a la generación eléctrica.
Está también consciente nuestro pueblo de que la amenaza de agresión militar sigue vigente. Aun cuando no se concibe ni es lógicamente concebible qué excusa o pretexto podría esgrimirse para acto tan criminal e irresponsable, el apetito agresivo de los sectores anticubanos dentro de Estados Unidos no parece tener límites.
Son los mismos que celebran como el éxito de su política, la agonía y el sufrimiento de una madre que pierde a un hijo por carencias de insumos médicos. Son los que se alegran por cada megawatt que deja de generarse en el país, por las horas de apagón que soporta el pueblo, por las restricciones de abasto de agua que encaran segmentos significativos de la población, por la basura que no logra recogerse y la desarticulación del transporte público.
El gobierno de Estados Unidos conoce muy bien nuestra disposición a encontrar solución a las diferencias bilaterales por la vía del diálogo y le consta la paciencia con que hemos aceptado su propuesta de conversar sobre bases de respeto.
Estados Unidos y todos observan nuestra disposición a acceder, pese a mentiras y manipulaciones, a un ofrecimiento de ayuda, que curiosamente se califica de humanitaria, por un monto que meramente equivale al impacto económico y social de cinco días del bloqueo, que es inferior a la ayuda del Programa Mundial de Alimentos que trató de impedir, y a pesar de que la brinda el mismo gobierno empeñado, inútilmente pero provocando hondo dolor y sufrimiento, en generar en Cuba una crisis humanitaria.
La meta real y la inclinación verdadera del gobierno de los Estados Unidos no se manifiestan por vía del diálogo o la diplomacia, ni tampoco por el ofrecimiento de ayuda, sino por medio de la coerción y el empeño de provocar el mayor castigo posible al pueblo cubano para conseguir su rendición.
Cuba no es una amenaza para Estados Unidos, ni desea ser su adversario o un enemigo. Nuestra vocación es de paz, como consta en las relaciones que disfrutamos con toda la comunidad internacional y en la Proclama de Paz de la América Latina y el Caribe, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno de la región, en La Habana.
Nuestro único compromiso es con el pueblo cubano. Nuestro mandato es el que ha emanado y emana directamente de su plena, única y absoluta soberanía. Tenemos el deber y el derecho de rechazar y enfrentar la agresión que lo castiga y amenaza, y tenemos el derecho y el deber supremo de defendernos, incluso con las armas, si somos agredidos militarmente.
Seguimos aspirando a la eventual posibilidad de una relación respetuosa y constructiva con nuestro voraz vecino del Norte y a dar pasos que conduzcan en esa dirección, siempre con absoluto, total y completo respeto a los derechos y prerrogativas soberanas de cada parte, que es como se conducen las relaciones entre los Estados.
En territorio estadounidense, viven muchos de nuestros connacionales. Con nuestros compatriotas, nos esforzamos por estrechar los vínculos y ofrecerles las mayores posibilidades de interacción con la Patria y los lazos fraternos con sus familiares y allegados. Muchas de las medidas de gobierno adoptadas ahora y en años recientes se orientan en esa dirección y descansan en el convencimiento de que los cubanos que residen fuera de Cuba, en cualquier parte del mundo, tienen un papel importante en el desarrollo de la nación, desde donde estén y también si regresan al país.
Las nuevas transformaciones económicas y sociales en las que estamos enfrascados amplían considerablemente esas posibilidades.
Deseo expresar nuestra inmensa gratitud por las expresiones de solidaridad con la causa de Cuba procedentes de todos los continentes, por la ayuda humanitaria y constante y sin condicionamientos ni oportunismos políticos de numerosos gobiernos, parlamentos y parlamentarios, organismos internacionales, organizaciones fraternales, movimientos sociales, partidos políticos, empresarios, asociaciones de amistad, solidaridad y de la sociedad civil, intelectuales y artistas, personalidades y académicos, y personas individualmente, de signo político y compromiso ideológico diverso, pero que coinciden en el rechazo a la injusticia y el crimen que se comete contra Cuba.
Apenas habían transcurrido cuatro años del triunfo de la Revolución cubana, cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresara, en 1963 y cito: «Es verdad que aún estamos bajo el bloqueo imperialista; es verdad que los imperialistas tratan de estrechar ese bloqueo, y que no sabemos cuán largo tiempo tendremos que resistir esa situación. ¡Y la resistiremos! ¡porque nuestra bandera revolucionaria no se plegará jamás! ¡porque la frente alta de esta nación no se doblegará jamás! Porque afrontaremos los riesgos que sean necesarios cuanto tiempo sea necesario; afrontaremos los sacrificios que sean necesarios, cuanto tiempo sea necesario» fin de la cita.
Sabemos nosotros que de ello dependerá la Independencia, la Revolución, el Socialismo y la propia existencia de nuestra Nación y de nuestra Cultura.
En el año de su Centenario, es preciso comprender, asimilar, actuar y repetir sin cansancio esa idea afincada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz de que un mundo mejor es posible, un mundo sin crueles bloqueos, y cito “que matan a hombres, mujeres y niños, jóvenes y ancianos, como bombas atómicas silenciosas”. Aspiraba Fidel y convocaba a luchar por un mundo mejor que sólo será resultado de la lucha revolucionaria y progresista. Esa visión alimenta el optimismo, la certeza de la victoria y nos compromete a luchar sin descanso, aun en las circunstancias tan duras y desafiantes como las que hoy vivimos.
Repitamos con José Martí “antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera la Patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”.