Para Liz Beatriz Rizo de Armas, el petróleo no es solo una industria, es una escuela de vida, así define su paso por este sector, iniciado de manera oficial en el 2008, cuando comenzó en la planta de procesamiento de crudos.

Entonces su historia en la Empresa de Perforación y Extracción de Petróleo del Centro (EPEPC) tuvo su debut en el puesto de tecnóloga de turno, responsabilidad a la que escaló luego de prepararse en un curso de especialización tres años antes, exactamente en el 2025.
Nacida en mayo de 1976, y egresada de un centro de tanto prestigio como la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría, conocida como la CUJAE, en la planta de procesamiento de crudos estuvo unos siete u ocho meses, tiempo suficiente para demostrar capacidad y compromiso.
Hoy en día, Liz Beatriz consolida una trayectoria de más de veinte años en un mundo tan desafiante como el petrolero, y en una empresa como de ganada notoriedad como la EPEPC, colectivo Vanguardia Nacional, y plaza de excelentes innovadores y racionalizadores, por citar un par de sus relevantes resultados y atributos.
Aunque la ingeniera reconoce el “sacrificio que implica” laborar en un área tan estratégica para la economía del país, destaca que “la camaradería y el amor por el oficio lo compensan todo”.
Cuando analiza el tiempo transcurrido, agradece profundamente a su equipo, a quienes considera su segunda familia, a la que de seguro estima tanto como a la que formó con Carlos Michel, su esposo y compañero de vida, a quien conociera en la “batería”, en clara demostración de que cuando “hay pasión, el trabajo y el hogar pueden ir de la mano”.
Otrora especialista en transporte y tratamiento de crudos, al crearse el grupo de proyectos, Liz Beatriz pasó a ser especialista en proyectos de ingeniería, posición que mantiene hasta el día de hoy.
Enfundada en su overol verde, parte de la imagen corporativa de las entidades de la Unión Cuba Petróleo (Cupet), el tiempo le ha enseñado a construir un lema que quizás guía, como brújula, su existencia: «Luchar y esperar, porque la recompensa siempre llega».
De tecnóloga de turno a especialista en proyectos. Así comenzó a escribir su propia historia la mujer, la profesional con una certeza: No cambiaría su profesión por ninguna otra, “un verdadero ejemplo de entrega y amor por lo que se hace”.
(Texto elaborado con información publicada en el perfil de la red social de Facebook de labEPEPC)


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