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La ruta más escabrosa

El 22 Congre­so de la Cen­tral de Tra­bajadores de Cuba (CTC) concluyó hace una semana y más que un respiro o ali­vio por dos años de proce­so orgánico, de balances a todos los niveles y de cambios necesarios, ahora toca la ruta más escabro­sa: cumplir lo discutido en una nación colmada de re­tos económicos y sociales, en la que el tiempo es oro y la búsqueda del consenso es imperiosa no solo para resistir, sino para saltar el atolladero en que estamos envueltos desde hace al menos par de años.

La participación de los sindicatos y la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (Anir) en las transformaciones apro­badas por el Gobierno no puede ser mecánica ni li­neal. Es necesario ponerle la impronta de efectividad que requieren, pero pri­mero hay que conocerlas a fondo para explicarlas y compartirlas, abiertos a nuevas ideas o soluciones donde se presenten.

Las preocupaciones mayores están relaciona­das con el impacto de esas medidas en el sector pre­supuestado y la población jubilada, así como con la urgencia de resolver la ga­lopante inflación, la ban­carización real en todas las áreas económicas, la fortaleza de la empresa es­tatal en igualdad de con­diciones a la privada y el aprovechamiento al máxi­mo, tras quitarse ataduras burocráticas, de la produc­ción agrícola, el turismo, el comercio y la inversión extranjera. Por ahí deben estar también las coorde­nadas guías del trabajo sin­dical.

Por supuesto, no olvido que la labor con todos los actores económicos, espe­cialmente el privado, sigue siendo prioridad no para aumentar únicamente el número de afiliados a la or­ganización. Una represen­tación certera y la pelea por derechos conquistados en la Revolución que quizás al­guien intente violar en me­dio de ríos revueltos, serán imprescindibles para preser­var lo que tanto abogó Láza­ro Peña: “el sindicato tiene que actuar con criterio pro­pio, (…) para tener autoridad moral, para exigir deberes y derechos”.

La ruta escabrosa de la que hablamos estará lle­na de no pocas contradic­ciones y también de esos buenos ejemplos, de esos héroes anónimos y de los que portan sus sellos; de esa juventud creativa, de  obreros, intelectuales y campesinos que aspiran a vivir en una Cuba mejor. ¿El Congreso acabó o aca­ba de empezar otro?

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