El verano ya comenzó. Los calores siguen rompiendo termómetros. Los apagones también hacen lo suyo y entorpecen no pocos sueños nocturnos. Pero lo increíble de Cuba es que todavía con tantos problemas y la asfixia casi total por un bloqueo energético, existan horas y tiempos no solo para trabajar —ahora en las profundas transformaciones económicas y sociales —, sino también para sonreír y compartir la alegría en el barrio y en familia.

Las comunidades en estos meses de julio y agosto serán el escenario por excelencia para cualquier proyecto recreativo. Allí también los sindicatos y la CTC deberán poner el pie en el acelerador para atender a los interruptos, en tanto cada empresa y centro laboral deberán “derribar sus muros” y contribuir así al embellecimiento y a generar ideas para el mejoramiento de la vida cotidiana en los lugares donde están enclavados, con énfasis en niños, jóvenes y personas vulnerables.
Mi Barrio por la Patria no puede ser un eslogan o campaña de ocasión para ninguna organización de masas o entidad. Se necesita asumir que entre tantas carencias materiales, lo único que no tienen limitaciones son la creatividad y la solidaridad; que van desde un festival recreativo hasta el trabajo en organopónicos, desde la recogida de basura hasta una feria agropecuaria sin precios abusivos; desde la música hasta el deporte, desde el abrazo hasta una buena caldosa.
La intensidad del verano escalará también la arena internacional, pues Cuba decidió solicitar una sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas para este 7 de julio, con el objetivo de denunciar las acciones agresivas del Gobierno de Estados Unidos, que incluyen la amenaza de agresión militar directa, y la imposición de medidas que violan el derecho internacional y atentan contra la paz y la seguridad internacionales y regionales.
A todo esto lo sacude una idea mayor: resistir y vencer.

