A la camagüeyana María Antonia Fonte Alzugaray nadie le dijo que leyera. Ese fue un vicio que le nació solo. Tampoco alguien le impuso un gusto por la historia; esa, dice, fue una pasión que fue descubriendo poco a poco con cada lectura.
Por eso su camino se enrumbó directo hacia el magisterio, algo lógico, consideraban muchos. Y comenzó así su vida laboral impartiendo en una secundaria básica la asignatura de Historia.
Sin embargo, María Antonia sentía que le faltaba algo, que debía hacer más. Y en cuanto escuchó que en el Museo Municipal de Florida necesitaban una museóloga, no lo pensó dos veces.
Y ahí está en el museo desde 1998 María Antonia, como especialista en sistema de documentación de la institución. Del magisterio llevó la calma y sapiencia para ir contando y mostrando un poco de la historia local y nacional a quienes quieran oír.
De sus tres hermanos, dos hijos y dos nietos nadie ha heredado esa pasión por la historia, quizás por eso enfoca María Antonia su mirada en las nuevas generaciones.
Para ellos siempre tiene una sonrisa clara con la que va explicando el papel del museólogo, ese profesional, como detalla, que «es muy importante. Nuestra labor comienza desde que llega por diferentes vías una pieza a la institución.
«Esta se recibe, se estudia de donde salió aunque venga con una explicación y se documenta e investiga, para luego mostrarla al público».
Y aunque pocos lo crean y las urgencias crezcan cada día más, al Museo de Florida todavía lo visitan muchas personas como afirma María Antonia. «De todas formas, añade, tenemos una estrategia para atraer al público y es el trabajo comunitario.
«Eso es esencial, así como el vínculo con el sector educacional. Nosotros no solo nos acercamos a las primarias y secundarias, sino que llegamos a todo tipo de enseñanza, incluso las sedes de las escuelas del Partido.
«Y a ellos les llevamos el Museo, les contamos sobre la historia local, les mostramos las piezas que guardamos. Los enamoramos».
En todos estos años de trabajo María Antonia no debería tener una pieza especial, pues como museóloga todas son importantes. Pero como quien cuenta un gran secreto, confiesa que las que más atesora son las vinculadas con las figuras y personalidades de la cultura e historia, como Máximo Gómez, Alfredo Sosa Bravo o de los floridanos que estuvieron en el Cerro Pelado.
Para María Antonia el museo es su casa y un lugar importante para Florida, pues además de ser la sede de la asociación de base de la Unión de Historiadores de Cuba, «es el sitio perfecto para investigar y transmitir, con amor, la historia a las nuevas generaciones».