Lo que va de año deja una cronología de grandes sismos y el desafío de enfrentar con ciencia la desinformación
En los últimos meses el planeta ha registrado una sucesión de movimientos telúricos de considerable magnitud que han provocado cientos de víctimas, miles de damnificados y cuantiosas pérdidas materiales en distintos continentes. Aunque la coincidencia temporal ha despertado inquietudes sobre una posible conexión entre estos fenómenos, la comunidad científica insiste en que, en la inmensa mayoría de los casos, se trata de eventos independientes, vinculados a la dinámica natural de las placas tectónicas.
El año comenzó con una intensa actividad sísmica en el cinturón de fuego del Pacífico y otras zonas de elevada peligrosidad geológica. En Asia, América y regiones insulares del Pacífico varios terremotos dejaron daños en infraestructuras, interrupciones de servicios esenciales y numerosas personas desplazadas.
El primer gran acontecimiento de este tipo del 2026 fue el terremoto de magnitud 6,5 en la escala Richter que afectó la costa de México, frente a San Marcos, en Guerrero.
Luego, diferentes regiones del Pacífico registraron sismos de intensidad moderada y fuerte, algunos acompañados de alertas preventivas por posible generación de olas de tsunami.
La península rusa de Kamchatka nos recordó que se asienta en una de las zonas más activas del planeta desde el punto de vista sísmico. Un fuerte movimiento telúrico activó alertas de tsunami y obligó a evacuar áreas costeras, aunque los sistemas de vigilancia y prevención contribuyeron a reducir el impacto sobre la población.
América Latina no escapó a esta racha. Diversos países experimentaron movimientos sísmicos perceptibles que ocasionaron daños localizados en viviendas, carreteras y servicios públicos, además de mantener en alerta a los organismos de protección civil.
Hasta hoy el episodio más grave ha sido el doblete sísmico registrado el pasado 24 de junio en Venezuela. Siete horas antes, California registró un temblor de magnitud 5.6 y Japón tuvo un movimiento de tierra de 6.9 grados en la escala Richter solo 25 minutos después de los sismos venezolanos.
La ocurrencia de terremotos importantes en un corto intervalo de tiempo generó incertidumbre entre la población y abrió un intenso debate tanto en medios de comunicación como en redes sociales.
¿Existe relación entre tantos terremotos?
Los especialistas niegan la posibilidad de que tal actividad sísmica en placas tectónicas diferentes este relacionada y explican que la Tierra libera energía de manera continua a través del reacomodo de esas estructuras.
El geofísico Andrew Michael, del U.S. Geological Survey (USGS), por ejemplo, aseguró que un gran terremoto puede alterar esfuerzos en fallas cercanas, pero no existe evidencia de que desencadene sismos a escala global o en otros continentes sin conexión tectónica directa.
En la misma línea, la sismóloga Angie Lux (Berkeley Seismology Lab) explicó que los llamados “encadenamientos sísmicos” solo ocurren dentro de sistemas de fallas relacionados espacialmente, no entre regiones tectónicas separadas. Todo ello descarta la idea de una relación global entre los terremotos de este año.
Los expertos añaden que la percepción de que «cada vez ocurren más terremotos» responde, en buena medida, al desarrollo de las redes mundiales de monitoreo, que hoy detectan prácticamente todos los eventos significativos, y a la rapidez con que las redes sociales difunden las imágenes de cada desastre.
El doblete venezolano: de la explicación científica a la manipulación
Lo ocurrido en Venezuela se ha descrito como un doblete sísmico, es decir, dos terremotos de magnitud importante producidos en un corto intervalo de tiempo dentro de un mismo contexto tectónico. Aunque se trata de un fenómeno poco frecuente, no es el primero y muy probablemente tampoco será el último.
Interrogado por la publicación cubana Juventud Técnica, el Doctor en Ciencias Enrique Diego Arango Arias, jefe del Servicio Sismológico Nacional de Cuba, del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais), aclaró que “los terremotos en Venezuela ocurrieron en zonas de fallas conocidas, donde anteriormente se han registrado terremotos fuertes, fallas bien estudiadas por diferentes métodos, entre ellos de paleosismicidad, geodesia, geofísica, satélites, etc, situadas en una zona límite de placas, con una tasa de deformación acumulada, donde ya se esperaba un terremoto fuerte en cualquier momento por su periodo de retorno o recurrencia de unos cien años. Nada que ver con sismicidad inducida por la extracción de petróleo u otras causas”.
Los grandes desastres naturales suelen convertirse en escenarios donde circulan narrativas contradictorias, especialmente en contextos de alta polarización política, como sucede hoy en la nación bolivariana. Expertos en gestión de riesgos advierten que la difusión de información no verificada durante emergencias puede generar confusión, dificultar la coordinación entre organismos de rescate, desviar recursos hacia la verificación de rumores, y retrasar decisiones críticas en las primeras horas del desastre.
En el caso venezolano, la rapidez con la que circularon versiones no confirmadas coincidió con un momento de alta demanda de información oficial y de saturación de los sistemas de comunicación.
La experiencia internacional muestra que, en eventos sísmicos de gran magnitud, la prioridad operativa depende de información precisa y verificable. Cuando esta se sustituye por especulación, el costo no es solo informativo, sino también humano. En ese contexto, combatir la desinformación resulta casi tan importante como atender las consecuencias materiales del desastre.
Los terremotos seguirán formando parte de la dinámica natural del planeta. El verdadero desafío consiste en fortalecer la preparación de las comunidades, mejorar los sistemas de alerta temprana y garantizar que, frente a cada emergencia, prevalezca la información basada en la evidencia científica.
Actividad sísmica relevante (primera mitad del año 2026)
► 2 de enero: terremoto de magnitud 6,5 en la costa de México, frente a San Marcos, Guerrero.
► 7 y 10 de enero: dos sismos de magnitud 6,4 en el sur de Filipinas, cerca de Sarangani y Santiago.
► 24 de marzo: terremoto de magnitud 7,5 en Tonga. Ocurrió a gran profundidad, por lo que sus efectos en superficie fueron relativamente limitados.
► 30 de marzo: sismo de 7,3 en Vanuatu, en el Pacífico Sur.
► 1 de abril: terremoto de 7,4 cerca de Bitung (Indonesia).
► 20 de abril: terremoto de magnitud 7,4 frente a Miyako (Japón).
► 16 de mayo: terremoto de magnitud 6,0 cerca de Antigua y Barbuda.
► 8 de junio: sismo de 6,1, con su epicentro al oeste de Mantua, Pinar del Río y perceptible en el occidente cubano.
► 19 de junio: terremoto de 6,6 en Kamchatka (Rusia).
► 24 de junio: sismos de 5,6 en California; doblete de 7,2 y 7,5 en Venezuela; y de 6,9 frente a Japón.