¿Qué hace un país sin su masa obrera, sin los trabajadores, quienes llevan bajo su responsabilidad la producción y los servicios? A tono con ello, no podemos despojar el eco de las voces del 22 Congreso de la CTC.
Una experimentada sindicalista reconocía la importancia de los cuadros que lideran cada organización, desde las secciones sindicales, que, a su juicio, eran dirigentes imprescindibles en los cambios, en potenciar la unidad, equilibrar el sistema de trabajo, y, sobre todo, la preparación constante.
Irradiar en los trabajadores, en los sindicatos, llegar a cada una de las secciones sindicales, conversar, convencer, y lograr que quienes asuman cargos en los colectivos sean los ejemplares, los que motiven, aquellos que, al dar el primer paso, muchos o todos, les siguen, constituye una prioridad, exponía.
Esta es la misma Revolución y la clase obrera que retumbó con cambios desde los inicios del 59; sin embargo, el contexto sí cambió. El escenario económico nos impone otras maneras de proyectarnos, de buscar soluciones.
Cada vez más, estos tiempos exigen que no haya reglas. Nos perdemos cuando miramos con ojo ceñido hacia trabajadores estatales o no. Todos somos cubanos y amanecemos echando pie en tierra por los nuestros, como dijera otra voz delegada a la cita obrera.
Los ejemplos de qué y cómo se hace llegaron de diferentes maneras al escenario del congreso. Unos más modestos, todos altruistas, tienen el protagonismo de los trabajadores cubanos. Y si anotamos en blanco y negro para transformar en los colectivos laborales lo que aún está en la retaguardia, entonces habrá valido la pena.
Cada quien debió llevarse un botón de muestra de la revitalización de un movimiento sindical que no puede detenerse si de salvar a la Patria se trata.
No hay fórmulas, pero sí podemos acopiar las experiencias de un país, y participar todos ajustando los tonos. Porque si algo quedó claro, es que el modelo que precisamos avivar tienen a la unidad, como aspiración genuina.
A días de la magna cita, el imperativo es no olvidarnos, de la deuda, esa que sigue siendo aportar con muchísimo aliento, sin derecho a claudicar, con la conciencia de que debemos renovar las maneras de hacer y ubicar al sindicato en el centro.
En la agenda individual tenemos notas, ideas múltiples, saberes y oficios para cambiar los modos de interactuar en las secciones sindicales. ¡Hagámoslo! Proyectémonos en la comunidad con una inyección de optimismo obrero.
Como dijera en el 22 Congreso Osnay Miguel Colina Rodríguez, Secretario General de la CTC, “A Cuba tenemos que defenderla, haciendo. ¡Y no hay tiempo que perder!”.