
Y es que la tierra que se distingue por las tonalidades del verde de su naturaleza y el esplendor de los cultivos, especialmente del tabaco, acoge esta celebración como un reconocimiento a los miles de hombres y mujeres que cada amanecer se levantan con el afán de que su aporte no falte para irnos mejor, como provincia y nación.
Se honra con la designación a ese sacrificio habitual de los trabajadores de distintos sectores, que no están exentos de los apagones que superan las 24 horas, altos precios, dificultades con el abasto de agua, deterioro de servicios básicos, pero que aun así salen a sembrar la esperanza.
Al tabacalero que pone en la plantación alma, corazón y vida, y sí, tienen pagos ventajosos, pero con ellos también se acrecientan los bienes de sus trabajadores, de quienes luego benefician y tuercen las hojas. Al pescador, ya no solo vigilante de las mareas y las especies, sino del combustible para hacerse a la mar.
A la maestra que sostiene la educación como acto de amor, y se esfuerza porque en el aula no se cuele, desde su cansancio, el pesimismo; a los galenos que sin dejarse vencer por los “no hay” buscan alternativas para que sus pacientes vuelvan al hogar, mitigan el dolor y presumen de logros como una tasa de mortalidad infantil de 4,4 por cada mil nacidos vivos.
Al funcionario que no frunce el ceño ante la queja o la crítica, hace suyo el problema ajeno, porque es la única manera de generar soluciones y no engrosar las estadísticas de pendientes; al empresario que se siente dueño, porque se sabe pueblo y no está dispuesto a cruzarse de brazos ante números rojos.
Al privado que la bonanza no le ahogó la sensibilidad, y no solo crece él, sino quienes le acompañan; al artista que la oscuridad no le robó la musa; al obrero común de fábrica o taller que aporta innovaciones como máxima expresión de resiliencia.
Es una sede para las mujeres que cocinan con carbón, los hombres que abanican a sus hijos en las madrugadas, los ancianos que vencen la soledad y las carencias… para los pinareños que, en medio de la adversidad, siguen batallando por un nosotros, en presente, que nos permita vislumbrar el alba.