Ebel Echemendía Ortiz, fue el penúltimo delegado en expresar su criterio durante las sesiones finales del 22 Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). El único espirituano que, desde su propio terruño, intervino en la magna cita de los trabajadores cubanos, expresó el sentir de los arroceros de La Sierpe.

Desde la primera sesión solicitó la palabra y casi se quedaba sin esperanzas cuando le dieron el pase al representante del Sindicato de Trabajadores Agropecuarios, Forestales y Tabacaleros. A su modo de guajiro con sapiencia, dejó claro que los arroceros del Sur del Jíbaro no conocen la rendición.
Describió con detalles cómo en un contexto de recursos menguados se siembra, se cosecha y se seca el arroz. “Este último proceso ya no se realiza en los secadores de ese polo productivo. Tras la paralización de esas industrias por la falta de electricidad, el grano se seca al sol sobre el asfalto de las pistas de aviación enclavadas en la zona”, explicó.
Pero la esencia de su intervención fue un reclamo planteado de igual manera en el cónclave anterior. Retirado, sí y justo, también. “Abogamos por la devolución de la conocida Villa Arrocera ubicada en la playa La Boca, zona preferida por los espirituanos durante la etapa estival.
“Nos asiste ese derecho porque la instalación fue construida con el esfuerzo y la dedicación de todos los trabajadores de la Empresa Agroindustrial de Granos Sur del Jíbaro. Además de participar en la ejecución de la obra, se edificó a partir de la donación de la estimulación salarial, conocida en ese momento como primas, de cada trabajador.
“Desde que se decidió pasar la administración del inmueble a otra empresa, no han cesado los reclamos de los sierpenses, Siempre vamos a mantener el nombre de Villa de la familia arrocera y la esperanza de recuperarla”, recalcó.


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