Icono del sitio Trabajadores

La varita mágica de Armando

Humear la ter­cera parte de un tabaco y disfrutar una taza de café, al escuchar las noticias de RT en español, es el ritual de Armando Trujillo Gonzá­lez, Hombre Habano desde el 2011, y merecedor, a los 50 años de edad, del Títu­lo Honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, en el 2013, por su obra al frente de la unidad bási­ca de producción coopera­tiva (UBPC) Felipe Herrera Acea, en uno de los cuatro polos productivos de Arte­misa.

José Ramón Machado Ventura le impuso el Titúlo de Héroe del Trabajo. Foto: Cortesía de Armando Trujillo González

De solo conversar con él unas horas, comienzas a descifrar dónde está la ma­gia para tanto éxito propio y colectivo, pues la UBPC también ha logrado la Ban­dera de Vanguardia Nacio­nal por 29 años, al ser ren­table desde 1997, a pesar de limitaciones, reordena­miento monetario y vientos huracanados, entre otras contingencias materiales o naturales.

Es una lección de vida recorrer la cooperativa al lado de un hombre con la estatura moral de Armando. En agitado andar y hablar se ocupa de quien va y viene… el mecánico del motor de un tractor o el de la tabaquina contra la plaga del cultivo. Pregunta por el almuerzo que no puede demorar, o por el local de la escogida con iluminación y ventila­ción interrumpidas por los efectos del cerco energético. Reconoce que el Título de Héroe del Trabajo se da la mano con su dinamismo.

“Como me gradué ya enamorado de estas hojas grandes y de su aroma pe­culiar en una granja de la Empresa de Acopio y Be­neficio del Tabaco Lázaro Peña, transité por todas las etapas de siembra y cosecha, estudié hasta ser licenciado en Agronomía, en 1992.

“Un año después, al crearse las UBPC, firmé un pacto eterno con esta enti­dad alquizareña, no obstan­te vivir en San Antonio de los Baños.

“Exijo mucha discipli­na. A pesar de estar compli­cado socialmente el entorno, aquí no podemos permitir robo, desorden ni incumpli­mientos. La disciplina no es una palabra aislada, sino la primera prueba de actitud de quienes trabajan aquí.

“Para trabajar con el tabaco tapado, desde que plantamos la semilla, se re­quieren 536 actividades. No hay proceso productivo tan genuino. El 90 % depen­de de las personas, con su aporte de nobleza increíble”, comenta mientras se le achi­nan los ojos.

“Ir a una vega, con unos 60 trabajadores encerrados dentro de esa tela y admirar la disciplina de cada uno ha­ciendo su pedacito, trasmite una energía de unidad, y si esa imagen es una UBPC, el mérito mayor está en cómo esa riqueza la repartimos entre todos, según su apor­te”, aprecia con justeza.

“Por las mañanas nos reunimos para informar la asistencia y la tarea diaria. A las 5:00 p. m. recibimos el resultado. Si no cumplimos, no nos vamos. Nada puede quedar pendiente para el otro día.

“Que esta cooperativa sea Vanguardia Nacional y yo Héroe del Trabajo no son virtudes de una persona ais­lada. En ambas categorías brota muchísimo sentido de pertenencia, experiencia fu­sionada con ciencia y técni­ca en los suelos, en busca de la mejor capa, garantía de la exportación”.

 

¡Qué gente, pero, qué gente la de Armando!

Cualquiera pudiera pensar que Armando anda con una varita mágica. Sin embargo, son otras las poderosas fór­mulas con las que logra mo­tivar al colectivo, en el cual las mujeres son mayoría, entre los casi 200 cooperati­vistas.

Lejos de conocer los re­conocimientos a través de los diplomas colgados en las paredes de su oficina acepté la invitación de ir a la esco­gida donde deciden la pelea. “Ahí está la gente más im­portante”, dice, Y comenzó a describir a quienes impul­san la cooperativa.

Menciona a Idalmis Guilarte Cobas quien lleva muy bien los 67 años cum­plidos, con las habilidades alcanzadas por los 31 de la­bor en la misma UBPC entre la rectitud de él y las hojas de tabaco.

Idalmis, junto a Armando valoran la capa de tabaco. Foto: Otoniel Márquez

La califica como “la heroína de la cooperati­va. Fue merecedora de la Medalla Jesús Menéndez otorgada por el Sindicato Nacional de Trabajadores Agropecuarios, Forestales y Tabacaleros”. Armando exhorta a un “mejor fun­cionamiento sindical, des­de el municipio, la provin­cia y el país para entregar condecoraciones a tiempo, no cuando anden con mu­letas quienes trabajan con dedicación y resultados”.

Y mira a otro lado, donde Alexei Perdomo Álvarez, jefe de Calidad, toma un mazo y valora las condiciones de la hoja. “Andamos juntos desde los 16, aquí y en el barrio, al graduarnos de agrónomos. ¡Imagina si me conoce se­cretos!, pero entre los dos le sabemos mucho más al tabaco”, ríe casi a carcaja­das.

Median segundos y presenta a Oneydis Blan­co, obrera con 16 años de experiencia, y a su hijo de 24 años de edad, quien es técnico en las casas de cura, en campaña, y se vincula a la escogida en tiempo muerto. Al instan­te dirige la mirada hacia Yanet Frías Martínez: 11 años en la cooperativa. Ella depura el proceso de clasificación; en el local contiguo su mamá labora en el medidor.

“¿Somos o no una fa­milia? Tanto como la de sangre, nos une una tra­dición. Hasta yo, aunque tengo dos hijas de un ma­trimonio anterior, opté por casarme aquí hace ya 19 años. Nos pasamos el mayor tiempo haciendo y pensando en este sitio”, confirma mirando a la es­posa, responsable de hacer reportes diarios de las la­bores individuales.

“Y si supieras que de los 38 a los 48 años de edad fumé cigarros, hasta que en un evento de Hombre Habano probé un puro. Ese sabor me encantó, de ahí el ritual de la mañana, solo una vez al día”.

 

Las reservas de un Héroe

“Al parecer has cumplido bien la obra de la vida, cuan­do tus dos hijas te siguen los pasos. Una, licenciada en Biología, trabaja el exten­sionismo, en el Instituto de Investigaciones del Tabaco, y la otra en Derecho, aboga­da del grupo de Calidad de la empresa.

“Admiro la juventud. No hablo de lo que fue, sino de lo que es y será. Apuesto por los cuatro ingenieros, capa­ces de decirme un día bús­canos trabajo: nos quedamos contigo. Aportan novedades, ciencia y técnica, incluso, el uso de la inteligencia artifi­cial. ¡En ellos está mi rele­vo!”, expresa a sus 63 años, cumplidos el 1.º de abril.

“Aquí resistimos. No estamos ni estaremos de­rrotados mientras podamos generar soluciones. Si todo está difícil redoblamos los esfuerzos, cuidamos más la maquinaria, garantizamos la fuerza de trabajo, prepa­ramos mejor la tierra y con­servamos la sonrisa; a fin de cuentas, todo lo primero ga­rantiza el sustento material, y esto último el ambiente la­boral.

“Nuestro plan era sem­brar 95 hectáreas de tabaco tapado, y las tenemos. Co­sechamos 256 mil 963 cujes. Acopiamos 117,75 toneladas de hojas, de 118,02 previstas. Y ya beneficiamos 16 tone­ladas, ocho de capa para la exportación, para un 50 por ciento.

“Nunca he querido ser una persona pública, por­que aquí no hay logros in­dividuales. Deseo trabajar y trabajar”. Y al afirmar­lo pienso en la magia de Armando: su modestia y ejemplo.

Compartir...
Salir de la versión móvil