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Acero y lealtad en el 22 Congreso

Las manos de Juan Manuel Aliaga Aguilar no cargan papeles, cargan la memoria viva de un país que se levanta a golpe de producción y sacrificio.
Cuando este soldador de la Empresa Mecánica de Bayamo (EMBA) se ajusta el nudo de la camisa antes de entrar al plenario, no lo hace con la vanidad de quien ocupa un puesto, sino con el orgullo sereno de quien carga un compromiso de más de 20 años como Secretario General de su Buró Sindical.
Juan Manuel ha sido delegado del XXI Y XXII Congreso de la CTC. Foto: Rafael Martínez Arias

 

“Ser Delegado a este 22 Congreso es un alto compromiso y un honor poder representar a Granma y al Sindicato de Industria”, confiesa con la mirada encendida, esa que no se apaga ni ante las complejidades del contexto actual.
Es el único delegado de la provincia oriental por el Sindicato de Industria, pero en su voz cabe el eco de todos sus compañeros de taller.
Su historia comenzó en 1995, cuando entró a la organización. Desde entonces, el chisporroteo de la soldadura ha sido testigo de su entrega.
Por sus aportes a los resultados productivos y al mantenimiento de la empresa, ha recibido varios reconocimientos, aunque hay uno que le atraviesa el alma: la Distinción Florentino Alejo, otorgada a quienes han permanecido por más de 25 años en el sector. Es la prueba de que la fidelidad y la constancia también se forjan.
Ya estuvo en el XXI Congreso, y en las tres Conferencias Nacionales de su Sindicato. Ahora regresa, en un momento que él mismo define sin tapujos: “Va a desarrollarse en medio de un contexto muy complejo, pero es muy necesario porque será una muestra más de que la clase obrera está y estará junto a la Revolución cubana”.
A Juan Manuel le preocupa lo que a cualquier trabajador honrado: que el sudor rinda frutos.
Por eso, alza su voz de soldador para hablar de economía sin maquillajes. “Muy importante que los temas que se deben discutir en este evento sea la recuperación económica, exponiendo ejemplos de cómo podemos mejorar y así incrementar los niveles de producción, para que el salario tenga capacidad de compra y mejorar las condiciones de vida de nuestros trabajadores”, subraya.
No es un reclamo vacío, es el clamor de quien madruga cada día frente al banco de trabajo.
En sus palabras no hay resentimiento, hay un amor inmenso por una Patria que, según dice, debe levantarse. Y en ese vital proceso, él quiere estar en primera fila.
Desde este cónclave obrero, Juan Manuel Aliaga Aguilar reafirma la lealtad al Presidente Miguel Díaz-Canel y el repudio al cerco económico del gobierno de los Estados Unidos al tiempo que abraza el legado como quien sostiene una antorcha:
“Es un momento propicio para seguir llevando el legado del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, en su centenario”, afirma.
Hoy, mientras en La Habana y toda Cuba se dibuja el futuro del movimiento sindical, hay un soldador granmense que recuerda que el metal más fuerte no es el que se funde, sino el que une la dignidad de un pueblo. Y Juan Manuel, con su overol invisible bajo el traje de delegado, está allí para demostrarlo. Convencido, como dice con firmeza, “de que nos vamos a levantar”.
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