Cuando resulta imposible llegar a donde uno quiere a través de un camino completamente bloqueado e intransitable, no queda más remedio que intentar hacerlo dando un rodeo, aunque la nueva ruta no esté exenta de otros obstáculos y peligros.
Las transformaciones que esta última semana debatieron y aprobaron los diputados en la Asamblea Nacional del Poder Popular, previa discusión también en un Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido, parecen ser la vía que nos va quedando para tratar de salvaguardar el proyecto socialista cubano, y con él, conservar nuestra independencia y soberanía como nación, de modo que a futuro podamos retomar todas las legítimas aspiraciones de justicia social.
Como era previsible, estos profundos cambios que se avecinan en las relaciones de producción han generado un intenso debate económico y social entre la ciudadanía, en la cual el protagonismo de los trabajadores tendrá que seguir siendo un componente esencial para tener posibilidades de éxito.
La realidad es que la economía cubana está prácticamente inmovilizada, como consecuencia en primer lugar del feroz cerco petrolero y de todo tipo por parte de la gran potencia mundial, en un momento de resquebrajamiento del orden internacional y de forcejeo geopolítico entre grandes fuerzas contrapuestas, en el que las naciones pequeñas llevamos las de perder, en medio .y como víctimas propiciatorias la mayoría de las veces. de esos infames y despiadados rejuegos de guerras y dominaciones.
En un acto de rebeldía que dice mucho sobre quiénes somos y cuál es nuestra historia como Revolución auténtica, estas más de 170 transformaciones buscan dar continuidad al proceso de cambios y actualización del modelo socialista que se inició en el 2011 con el VI Congreso del Partido, al ampliar el empleo de fórmulas capitalistas y mecanismos de mercado en una arriesgada ecuación que pretende reactivar las capacidades productivas de una ya muy maltrecha economía.
Dentro de la urgencia que caracteriza el momento, el Gobierno cubano ha mantenido su vocación de tomar decisiones colectivas, colegiadas y públicas, para la búsqueda de un consenso social suficiente alrededor de este golpe de timón, cuya efectividad también estaría determinada en buena medida por su capacidad para sorprender al enemigo, al implementarse con la mayor rapidez alcanzable.
Frente a ese panorama, la realización esta semana del 22 Congreso de la CTC constituye una gran oportunidad, pues debe convertirse en un escenario ideal para diseccionar aún más los alcances, límites y equilibrios que necesitan establecerse para tales transformaciones, y hacerlo además con el escalpelo preciso de quienes en última instancia tienen que implementar las medidas y también recibirían gran parte de sus impactos, positivos o no: los trabajadores y sus familias.

