Máximo Gómez: Por Cuba libre hasta el final

Máximo Gómez: Por Cuba libre hasta el final

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Había concluido la guerra sin que los patriotas hubiesen alcanzado con las armas en las manos los objetivos por los que habían batallado durante treinta años, pues la patria estaba sometida a los dictados de un gobierno de ocupación de Estados Unidos.

Desde Yaguajay el 2\0 de diciembre de  1898, el Generalísimo Máximo Gómez expresaba su criterio sobre la enojosa situación creada por el vecino del Norte:  «Primero contemplando por largo tiempo el asesinato de todo un pueblo, y a la postre cuando se determinaron a intervenir en la cuestión y suprimir al verdugo, ya exánime el Pueblo, se le obra el tardío favor con la humillante ocupación de la tierra sin un motivo racionalmente justificado. De ahí que, aunque la soberanía de España es verdad, que ha desaparecido de Cuba, no es aún libre el cubano ni independiente la tierra después de tanta sangre derramada.»

Sin embargo, la situación creada no podía enfrentarse del mismo modo con que se había combatido al colonialismo español, porque según el propio Gómez las autoridades interventoras estaban interesadas en que se creara un clima de inestabilidad interna como argumento para apoderarse de Cuba de una buena vez.  Por eso consideraba que había que actuar con calma y prudencia

Como señaló en un enjundioso artículo el historiador Yoel Cordoví Núñez, la actitud del dominicano ante la ocupación militar de Estados Unidos no puede calificarse de pasiva, como se han planteado por algunos investigadores, sino como parte de una estrategia política para evitar la prolongación de la presencia yanqui y lograr en el plazo más breve posible el establecimiento de la República.

Un dato interesante y poco conocido que aporta Cordoví sobre la actuación de Gómez en esta coyuntura es su propuesta al gobernador militar de crear Milicias Cubanas, un cuerpo armado de 15 mil hombres que harían innecesaria la intervención de las tropas americanas y de la misma Guardia Rural., que por cierto fue creada por los ocupantes.

Maniobró además para que se ubicaran figuras del independentismo en las alcaldías y otros puestos públicos importantes.

Se opuso desde el primer momento a que en el texto constitucional se establecieran como un principio las bases que habrían de presidir las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, lo que calificó como un par de esposas, y condenó la imposición de la Enmienda Platt.

En un ensayo titulado Porvenir de Cuba señaló «Con la intervención armada de los EEUU en la guerra de independencia es indiscutible que Cuba, al inaugurar la República, ha quedado tan íntimamente ligada así en lo político, como en lo mercantil a la Gran República Americana, que casi y sin casi vienen a constituir tan fatal o fortuita intimidad, un cúmulo de obligaciones que han hecho de su independencia un mito. Y como si el hecho histórico no valiera nada ahí tenemos la Ley Platt, eterna licencia convertida en obligación para inmiscuirse los americanos en nuestros asuntos.»

Se ha comentado mucho la frase de Gómez quien al arriar la bandera de las barras y las estrellas y hacer ondear en su lugar la enseña de la estrella solitaria cuando se instauró la República dijo: «Hemos llegado». Sí, los cubanos habían impedido que el país fuera anexado, lo que él temió y calificó como el naufragio de la nave. Cuba surgía como nación, aunque estuviese maniatada al recién nacido imperio del Norte.

Pero no cesó el batallar del Generalísimo en defensa de la patria que hizo suya. Como narró su hija Clemencia, hasta sus últimas horas su padre se empeñó en encauzar la política cubana en correspondencia del documento que a su juicio debía regir los destinos de la nación: el Manifiesto de Montecristi.

En sus escritos señalo su deseo de que la administración estuviese compuesta por hombres de grandes virtudes probadas. Consecuente con esta ética se enfrentó a los propósitos del presidente Estrada Palma de reelegirse mediante una elección fraudulenta que los patriotas consideraron como un peligro de guerra civil. Gómez lo consideró así y junto con otros representantes visitó a Estrada Palma para disuadirlo lo que no consiguió, entonces emprendió una campaña en contra de la reelección que lo llevó con su familia hasta Santiago de Cuba.

Es conocido que debido a las infinitas muestras de afecto que recibió en su recorrido, manifestadas en numerosos apretones de manos, infectaron una herida. Como consecuencia enfermó de gravedad y falleció en junio de 1905.

La última batalla del recio general quedó inconclusa. La ambición de Estrada Palma provocó la reacción de la inmensa mayoría de las fuerzas políticas incluidos los veteranos mambises y dio lugar a la sublevación armada de 1906, conocida como la Guerrita de Agosto. Al no poderla reprimir Estrada Palma invocó la Enmienda Platt y se produjo la segunda intervención de Estados Unidos.

Acerca del autor

Graduada de Periodismo en 1974 y Master en Ciencias Políticas de
enfoque Sur, Al graduarse pasó a atender temas históricos e
ideológicos y viajó a varios de los antiguos países socialistas. Al
pasar al periódico Trabajadores, escribió para el Suplemento de
salud durante varios años y realizó la cobertura del segundo
contingente de la brigada médica en Guatemala. Posteriormente fue
jefa de la edición digital y subdirectora editorial hasta mayo de 2025
que se jubiló y se recontrató en la publicación. En el transcurso de
su ejercicio profesional Ha ganado premios en concursos
periodísticos y de humorismo.

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