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Trabajadores… Palante

El Treme no la teme

Paquito

Desde que era chiquitico su mamá le decía que iba a ser abogado. Porque Trivaldo González y García, a quien no por gusto apodaban Tremebundo, siempre esta­ba enredado defendiendo a los demás.

El Treme, como le ex­presaban de cariño en su centro de trabajo, era el terror de las administra­ciones cuando a los jefes les tocaba rendir cuenta en la asamblea sindical sobre el cumplimiento del plan.

“Compadre, no me pon­gas mala la reunión”, le co­mentaba el secretario gene­ral del sindicato, que veía por los ojos del director, en vez de fajarse por los ingre­sos de sus afiliados.

“¡Buena, él es el que la pone buena!”, reconocían los demás trabajadores, aunque también un poqui­to arrecostados a que fuera el Treme quien rompiera el hielo cuando se pedían opiniones, y hasta cuando no se pedían.

“La cuenta no da, ca­ballero”, argumentaba parsimonioso el Treme, quien era un lámpara para desmontar coeficien­tes sospechosos, desinflar falsos sobrecumplimien­tos y desenmarañar re­particiones extrañas que favorecían más a quienes trabajaban con aire acon­dicionado que a los que sudaban la gota gorda en el taller de producción.

Por eso a nadie le sor­prendió que su colectivo lo eligiera como delegado al 22 Congreso de la CTC. ¡El Treme —dijeron— ese sí que ni la debe ni la teme!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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