Con una puntualidad que no abunda llegó Ernesto Freire Casañas. Más que una entrevista, como reconoció al concluir, fue poner marcha atrás en la máquina del tiempo que, cual flashazos, revivió más de 30 años vinculados al movimiento sindical y a muchas personas que lo marcaron en lo personal, profesional y político.
Se creía predestinado a transitar por una vida laboral sin muchos altibajos luego de su paso por la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, en el antiguo municipio habanero de Baracoa, tras el cual fue asignado a la Academia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) para atender la actividad de Organización del Trabajo y los Salarios (OTS).
Graduarse de ingeniero industrial en la Cujae parecía suficiente para afianzarse en la especialidad que aún le gusta. El cambio comenzó antes de ser graduado universitario. Primero fue afiliado del Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de las FAR (años más tarde de la Defensa) ¿Cómo adivinar que por sus conocimientos en la aplicación del perfeccionamiento empresarial en esa institución armada sería llamado para iniciar un vínculo que todavía mantiene con la Central de Trabajadores de Cuba (CTC)?
“Nunca pensé ser dirigente sindical”, confesó. Los hechos se desencadenaron, indetenibles, a partir de 1990 y hasta el 2006: ejerció en distintos momentos la máxima dirección del Sindicato de Comunicaciones y la secretaría general de la CTC en La Habana y Ciudad de La Habana.
“Acumulé 11 años entre esos dos últimos cargos. En medio de las múltiples tareas que implicaron resulté designado presidente de la Comisión Nacional de Candidaturas para las elecciones generales de 1997-1998 y 2002-2003. Un aprendizaje tremendo, igual que los 12 años que fui miembro del Comité Central del Partido.
“¿Conocer a Fidel? Constituyó un gran privilegio. Siempre admiré su visión de futuro, su carácter fuerte y a la vez la preocupación constante por las personas más necesitadas, por crear o revitalizar programas en función de forjar el hombre y la mujer nuevos. Que si las brigadas estudiantiles de trabajo o los trabajadores sociales… Fue la etapa de la Batalla de Ideas. Todo lo que implicaron esas tareas lo experimenté gracias a encontrarme en el movimiento sindical”.
¿Su primer congreso? “El XVII. Este tipo de evento siempre deja vivencias. Cómo se organizan, cómo van desarrollándose desde la base con el colofón en las sesiones finales. Son el cierre de un período de trabajo en los cuales se evalúa en qué hay avances, retrocesos y lo que se aportó en las estructuras de la CTC, sus sindicatos y los innovadores y racionalizadores.
“¿Qué opino del trabajo sindical?, pues que donde se materializa es en la base, con la importante encomienda de organizar, capacitar, movilizar a los trabajadores y representarlos bien ante las administraciones. Y para eso hay que estar bien preparados”.
Tal valoración hace que recuerde a Ramón Cardona Nuevo, Ángel Luis Mena Kindelán y Lázara Silvia Santiago Rodríguez, experimentados dirigentes sindicales ya fallecidos.
“El rico historial de Ángel y Lázara tuvo como remate su fuerte quehacer en el Movimiento de Jubilados y Pensionados en la CTC nacional y en La Habana, respectivamente. A Ramonín lo sucedí en el cargo al frente de la Federación Sindical Mundial para América Latina y el Caribe, función que ocupo y que tampoco imaginé realizar.
“Aplico mis experiencias y la convicción de que uno debe aportar lo más posible en el puesto en que esté. Las relaciones internacionales son importantes y Cuba, la CTC, tienen un gran apoyo en organizaciones sindicales de todas las latitudes. Los ejemplos más recientes estuvieron en las actividades por el Primero de Mayo, lo constatamos en las campañas de solidaridad que agradecemos infinitamente. Es otra satisfacción que siento gracias a que un día, hace más de 30 años, me sumaron al movimiento sindical”.