Digna Guerra: El mejor premio es el premio compartido

Digna Guerra: El mejor premio es el premio compartido

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La reconocida directora coral, Heroína del Trabajo de la República de Cuba, apuesta por el empeño colectivo: Ha sido maestra de varias promociones de cantores y directores. Y ha liderado procesos institucionales para consolidar la presencia de estos formatos en el panorama musical cubano

 

Esto no habría ni que preguntárse­lo, ¿qué siente Digna Guerra cuan­do dirige una formación coral?

“La verdad es que no pue­do definirlo. Es inefable el senti­miento de escuchar a un grupo de personas cantando juntas, can­tando bien, como si el espíritu y el impulso fueran patrimonio de todos. ¡Muchas voces, una voz compartida! Y estar al frente de ese colectivo, saberse de alguna manera responsable de que todo fluya, artífice de esa maravilla, es una experiencia única porque sig­nifica poner mis sentimientos, mi trayectoria, mis sueños y desafíos en las voces de quienes tengo de­lante.

“Creo en la utilidad de la virtud, en la fuerza del ejemplo. Y en la necesidad que tenemos todos de la belleza, que no debería ser un privilegio de pocos”. Foto: Cortesía del portal Cubarte

“Es como cederles mi corazón, porque la música viene del alma, viene de muy dentro. Lo que sien­to —lo que soy— de cierta forma se los transmito a ellos; y ellos, a su vez, se lo entregan al público. Es una especie de triángulo amo­roso que nunca se ha roto. Al me­nos en mi caso siempre permane­ce, incluso cuando ya ha acabado el concierto”.

Digna Guerra es la directora del Coro Nacional de Cuba, re­ferente indiscutible de un movi­miento musical que ha represen­tado a este país y a su cultura en grandes escenarios del mundo. Ha sido maestra de varias promocio­nes de cantores y directores. Y ha liderado procesos institucionales para consolidar la presencia de estos formatos en el panorama musical cubano.

Quienes la conocen saben que es una mujer exigente, se diría que hasta perfeccionista. Pero está lejos de cierta imagen de la directora inflexible, endiosada, inaccesible…

“Mis cantantes han sido siem­pre mi familia extendida. Ya ves cuántos parientes tengo por tan­tas partes”.

Pero hay familias y familias… supongo que esa gran familia co­ral tenga que ser funcional. ¿Cómo se siente cuando en un ensayo o en un concierto todo marcha bien, cuando las voces están perfecta­mente entonadas?

“Muy bien, realmente muy bien. La música tiene armonía, y aunque a veces no lo parezca, la armonía corre por la sangre: la siente quien la produce, quien la transmite y quien la recibe. Se forma un círculo que hay que as­pirar a que sea perfecto… no es que en definitiva lo sea, somos hu­manos, pero esa debe ser la aspi­ración”.

Digna Guerra ha recibido los más importantes reconocimientos por su labor. Foto: José M. Correa

¿Y cuándo nota que ese círculo se rompe?

“Cuando se rompe lo noto en­seguida. Entonces lo señalo, pido que se rectifique, y si no se corri­ge, habrá que sacar a esa persona del coro, al menos hasta que logre integrarse. El coro es un empeño colectivo, de mucha gente. No fun­ciona desde las individualidades, sino desde el conjunto. Puede ha­ber alguien que haga un solo, pero eso es otra cosa. La mentalidad tiene que ser colectiva. El resul­tado siempre pertenece al colec­tivo”.

Usted es Heroína del Trabajo de la República de Cuba, ¿qué sig­nificó ese título?

“Te lo voy a decir con total sinceridad: ha sido el mayor re­conocimiento de mi vida. He re­cibido muchas medallas, premios, y una los agradece porque remi­ten a alguna arista o faceta de tu trabajo, de tu compromiso, de tu entrega. Nunca creí merecer el honor de este título de Heroína del Trabajo. Es que una no hace música para eso. Para mí la mú­sica es necesidad y premio. Es un placer inmenso y al mismo tiempo exige consagración. Que me ha­yan distinguido por trabajar en lo que amo lo asumo como el premio a toda una vida. El trabajo ha he­cho al hombre. Es la más noble de las realizaciones humanas”.

Hay quien dice que los artistas no trabajan…

“Quien dice eso es justamente el que no trabaja. El artista traba­ja muchísimo: con las manos, con el cerebro y sobre todo con el co­razón, porque pone emoción en lo que hace. Por supuesto que hacen falta condiciones, talento, cosas que vienen con uno. También hay intelecto, hay dominio de una téc­nica (que implica bastante esfuer­zo), horas y horas para alcanzar un resultado. He tenido la suerte de trabajar en lo que me hace fe­liz. Ese es un gran privilegio”.

¿En esa visión del trabajo qué importancia tiene su familia?

“La familia es mi sostén, mi energía. Mi hija canta conmigo en el coro, y mi esposo es, práctica­mente, el representante. Los tengo vinculados a este proyecto, y eso es muy importante, porque siento que vamos en la misma dirección”.

¿Y su compromiso con la for­mación de las nuevas generacio­nes?

“Es una de mis obsesiones. La continuidad (que implique renova­ción, calidad y búsqueda perma­nente) es vital en un movimiento con tantas exigencias como el co­ral. Mucho hemos conseguido: hay que mantenerlo, incluso en tiem­pos particularmente difíciles.

“Creo en la utilidad de la vir­tud, en la fuerza del ejemplo. Y en la necesidad que tenemos de la belleza, que no debería ser un privilegio de pocos. El arte no es un añadido. Es esencia de vida, es conciencia de identidad, sostén espiritual de la humanidad. Por eso formar artistas no es cuestión de capricho.

“Mi compromiso puntual está con las personas que tengo delan­te siempre: los cantores del coro. Ellos aprenden algo nuevo cons­tantemente. Porque cantar no es solo repetir. Hay que pensar, tra­bajar la afinación, comprender el texto, razonar lo que se está di­ciendo. No son pocas las acciones que intervienen en el acto de can­tar. Yo misma sigo aprendiendo. Este es un proceso que nos benefi­cia a todos”.

¿Se siente una mujer realizada?

“Plenamente. No me puedo quejar de la vida. Escogí esta ca­rrera, esta profesión, y creo que lo he hecho bien. No quiero pa­recer inmodesta, pero me siento muy satisfecha con los resultados. Algo he aportado a esta obra in­mensa. Porque —quiero insistir una y otra vez en esta idea— mi realización nunca ha sido indivi­dual. El mejor premio es el premio compartido”.

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