En un contexto nacional donde la escasez y los precios disparados dominan la conversación cotidiana, una frase sacude el debate: «No son suficientes los nuevos actores económicos, deben seguir creciendo». Quien la pronuncia no es un entusiasta ni un analista independiente, sino un funcionario público desde el corazón de la gobernanza territorial.

Jorge Luis Sol Arias, Jefe del Departamento de Actores Económicos en la Dirección de Desarrollo Territorial de Granma, recibe a este medio con una mezcla de franqueza y optimismo.
Sus palabras dibujan el retrato de una provincia que, pese a las dificultades, se ha convertido en la segunda del país con mayor cantidad de MIPYMES aprobadas, pero también revelan los nudos que hoy frenan el despegue de ese sector llamado a dinamizar la economía cubana.
Periodista: Para muchos cubanos el surgimiento de las MIPYMES en 2021 fue casi una tabla de salvación. ¿Cómo recuerda usted aquel momento fundacional?
Jorge Luis: Fue un momento de tormenta perfecta, si se puede decir así. La Covid- 19 dejó una economía muy deprimida, la empresa estatal quedó golpeada y había una necesidad inmensa en las personas de hacer algo para mejorar su vida. Había mucho deseo de emprender. El Estado, con los decretos 46 y 47, creó el marco jurídico, y la plataforma de actores económicos funcionó como una ventanilla única muy ágil. Era lo que necesitábamos para potenciar la oferta a la población y también proveer de bienes y servicios a las propias entidades estatales. Fueron muy necesarias.
Periodista: Granma destaca en el mapa nacional. Es la segunda provincia con más actores aprobados después de La Habana, y Bayamo el segundo municipio. ¿A qué atribuye ese dinamismo?
Jorge Luis: El granmense supo aprovechar la oportunidad. Se capacitaron, buscaron asesoría, incluso la ANEC aquí tuvo mucha fuerza motivando a los trabajadores por cuenta propia a dar el salto.
La mayoría de los aprobados son negocios de nueva creación, no reconvertidos. Personas que vieron en aquel nuevo marco jurídico una puerta y entraron. Aprobamos alrededor de 900 nuevas formas de gestión no estatal, en su mayoría MIPYMES privadas. Los resultados no se hicieron esperar: enseguida se notó una movilidad distinta en la economía del territorio, la oferta empezó a crecer.

Periodista: Sin embargo, habla de 900 aprobadas, pero menciona que quizás solo un 50 o 60 por ciento están realmente operando. ¿Qué ha pasado con el resto?
Jorge Luis: Ese es uno de los grandes desafíos. Aquí han confluido varias cosas. Está la escasez general que afecta a todo el país: el que produce también necesita materias primas, insumos, y se convierte en demandante dentro de un mercado que sigue deficitario. Cuenta también el atraso tecnológico, la crisis energética que nos golpea a todos… Muchos negocios aprobados nunca llegaron a abrir, y otros que abrieron tuvieron que cerrar.
Han sobrevivido los que fueron capaces de adaptarse, de sacar un plan B, un plan C.
El empresario cubano ha tenido que desarrollar una resiliencia a prueba de todo. Pero esa mortalidad, en cierto sentido, también es natural en las pequeñas empresas de cualquier parte del mundo.
Lo importante es que las que quedan son más fuertes, y necesitamos que sigan naciendo muchas más.
Periodista: Precisamente sobre eso: ¿está hoy frenado ese nacimiento? Hay quien percibe que el proceso de aprobación se ha enlentecido.
Jorge Luis: Ha habido un compás de espera, hay que reconocerlo. En 2024 se actualizaron las normas para mejorar el sistema, y eso implicó una pausa en la plataforma. Se previó descentralizar las aprobaciones hacia los municipios, que es lo correcto, pero crear esas condiciones lleva tiempo: hacen falta computadoras, conectividad, personal capacitado. Mientras tanto, varios especialistas del nivel central dejaron sus puestos y eso ralentizó lo que aún se tramita en La Habana. De un ritmo de 80 o 90 aprobaciones semanales en los primeros años, pasamos a muy pocas desde septiembre pasado. En Granma, después de la reforma, solo se han aprobado entre 10 y 15 nuevas MIPYMES. Es un freno que estamos trabajando para resolver.
Periodista: La descentralización es entonces la llave para recuperar la agilidad. ¿En qué punto está Granma en ese camino?
Jorge Luis: Estamos enfrascados y con optimismo. Ya tenemos seis municipios descentralizados: Río Cauto, que fue el piloto, y luego se sumaron Jiguaní, Cauto Cristo, Bartolomé Masó, Manzanillo y Niquero. Estamos presionando y ayudando a los demás a crear las condiciones técnicas.
Nuestro Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz, ha dicho que en el primer semestre deben estar descentralizados todos los municipios de Granma, y vamos a tomarle la palabra. Cuando logremos eso, volveremos a ganar en rapidez. La tramitación se hará desde el territorio, conociendo de cerca a cada emprendedor. Esa cercanía será una ventaja.
Periodista: Usted ha mencionado otra dificultad que a veces se subestima: la inestabilidad del marco jurídico. ¿Cómo afecta eso al emprendedor?
Jorge Luis: La confianza es clave para invertir. Cuando las reglas cambian, aunque sea para mejorar, se genera incertidumbre. El caso más claro es el comercio mayorista.
Se estableció una nueva normativa, la Resolución 56, que luego fue prorrogada. Hoy los que ya tenían aprobado el comercio mayorista pueden seguir ejerciéndolo sin problema, pero a los nuevos solicitantes no se les puede aprobar esa actividad hasta que salgan las adecuaciones definitivas. Eso limita a quien quisiera iniciar un negocio de ese tipo. Sé que las autoridades estudian cómo ajustar esto, y confiamos en que la solución va a llegar. Mientras tanto, el emprendedor tiene que informarse bien y no dejarse llevar por el rumor.
Las oportunidades siguen siendo muchas.
Periodista: Hay un debate intenso sobre los precios altos. Hay quien pide topes, control. Usted, que está en contacto directo con los actores económicos, ¿qué opina?
Jorge Luis: El mercado tiene sus leyes. La experiencia ha demostrado que topando precios no se resuelve el problema, porque el producto simplemente desaparece o se va al mercado informal.
La verdadera solución es incentivar la producción, la oferta, la competencia. Cuando haya más actores ofreciendo un mismo bien o servicio, los precios van a tener que bajar. Por eso digo que los actores que tenemos, incluso los que están operando, no son suficientes. Necesitamos que sigan creciendo. Es la competencia, y no los decretos, la que va a ordenar el mercado en favor del pueblo. Y en eso estamos.
Periodista: Para terminar, ¿cuál es el mensaje para ese granmense, para ese cubano, que está pensando si vale la pena emprender hoy?
Jorge Luis: Que no vale rendirse. Hemos enfrentado desafíos desde el 2021, desde antes. La escasez, los apagones, el bloqueo, los cambios normativos… todo ha sido difícil. Pero los negocios que sobreviven son los que se adaptan, los que buscan alternativas, los que tienen vocación de resistir.
Emprender en Cuba es un acto de fe en el futuro. Desde el gobierno provincial, con los municipios cada vez más preparados, vamos a seguir acompañando ese empuje.
Vamos a descentralizar, vamos a agilizar, vamos a crecer. Porque de lo que se trata es de sumar, de producir más, de ofertar más. El camino no es fácil, pero el destino vale la pena.
Afuera, la ciudad de Bayamo bulle con el trajín de pequeños negocios que, entre dificultades y esperanzas, ya forman parte del paisaje cotidiano.
La expansión del sector no estatal en Cuba no es solo una política económica; es, como bien resume Jorge Luis Sol, un acto colectivo de resistencia y creación. Y en Granma, al parecer, están decididos a liderarlo.


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