Con la credencial de haber asistido a los Congresos 20 y 21 de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Ibrahim Montero Laffita, secretario general del buró sindical de la Escuela de Iniciación Deportiva “Pedro Díaz Cuello”, de Holguín, se prepara para participar en la edición 22 de la magna cita obrera y llevar la voz de un centro que forja a futuros embajadores del deporte.
Montero Laffita, con 20 años de experiencia como dirigente sindical y actualmente jubilado reincorporado, no oculta el orgullo que siente por su centro y por la confianza de sus compañeros, quienes no dudaron en elegirlo como Delegado Directo.
Allí trabaja como profesor de inglés, atendiendo ocho grupos, mientras ejerce una misión sindical que asumió por verdadera vocación. “Defender a los trabajadores es una de las tareas que más me gusta”, afirma y cita la frase de Lázaro Peña: “Esa representación de los míos es la credencial que ostento con orgullo”.
Por eso su principal motivación para asistir al Congreso es poder exponer los planteamientos de los trabajadores de su escuela, con la certeza de que ese espacio de diálogo contribuirá a la búsqueda de soluciones.
Entre los temas que pondrá sobre la mesa menciona la necesidad de fortalecer el reconocimiento a los docentes de las EIDE. Señala que, en comparación con otras instituciones especializadas, existen diferencias salariales que han influido en la movilidad del personal .
Otro de los asuntos que el delegado considera necesario dialogar es el relacionado con los medios de enseñanza. Espera que cuando las condiciones lo permitan los trabajadores sean provistos con mayor frecuencia de recursos como hojas, libretas y lápices.
Montero Laffita valora el papel del sindicato como pilar fundamental dentro del centro de trabajo. Considera que el funcionamiento efectivo de la organización sindical, unido a la armonía entre el Partido, la administración y los trabajadores, permite que todo marche adecuadamente.
“El sindicato tiene que ser fuerte, enfatiza y ganarse el apoyo de los trabajadores. Si los trabajadores te siguen, todo camina”.
Para este delegado directo, el sindicato no puede ser ni ayudante ni vocero de la administración, sino un ente independiente que vela por sus afiliados. Esa claridad en los roles, asegura, es clave para mantener la unidad del colectivo laboral.
Su historia personal habla de entrega y resistencia. En 2013, recién operado de una afección, asistió al Congreso número 20. “Ahí estaba porque había que cumplir”.
Hoy, camino al 22 Congreso de la CTC, Ibrahim Montero lleva el mismo compromiso y el respaldo de una escuela que, a pesar de los retos cotidianos, se mantiene firme en su misión. “Mi gente está orgullosa de que yo sea el que los represente, dice con satisfacción, y yo también estoy orgulloso de ellos”.