La experiencia de los círculos infantiles cumplió 65 años. Un verdadero logro de la Revolución que ante la actual situación económica necesita la contribución de todos.
Dicen que “a falta de pan, casabe”, y por eso nos toca hacer magia con lo que tenemos; a fin de preservar este logro que, pese a las dificultades, continúa ofreciendo sus servicios a las madres trabajadoras, a las familias.
Frente a los problemas mencionados, algunos se preguntan cómo contribuir. Conocemos que desde hace tiempo existen centros laborales que han asumido dentro de su programa de trabajo el apoyo a círculos infantiles en cuanto a la alimentación y la reparación de los locales; sin embargo, los buenos ejemplos no abundan tanto como desearíamos.
Llevar esas iniciativas al máximo posible permitiría un mayor vínculo con nuevos actores económicos —mipymes y trabajadores por cuenta propia—, quienes poseen muchos casos de ayuda a escuelas, hospitales, hogares de ancianos y de niños sin amparo familiar por solo citar estos casos. ¿Quién niega que en los últimos meses es muy visible esa solidaridad colectiva, respuesta de los cubanos para enfrentar tan difícil circunstancia?
Si tomamos como base esas alternativas me atrevería a proponer que en dependencia del monto de las donaciones a los círculos infantiles, estas se gestionaran con las autoridades en la localidad. Otra de las maneras de estrechar vínculos con la comunidad y de mostrar transparencia en el proceso.
Y no me refiero a aplicarlo solo en los círculos infantiles en las ciudades, también incluyo a los de las zonas periféricas y rurales. Hay ejemplos de ello, pero deben de ser más. Estas propuestas no eliminan la responsabilidad institucional, solo pedimos que se multiplique la solidaridad. Nos corresponde cuidar lo que ya poseemos. No dejemos morir, por falta de acción u omisión, uno de los logros más hermosos de la Revolución.