
Nos queda lo que somos y no lo puedes negar. Ya sé que corre el reloj, que pasa el tiempo y deseas beber, que necesitas continuarte azotando espiritualmente. Sobre la marcha dejas trozos por los que se filtran los líquidos del alma. Te observo y recuerdo a Hemingway. A su pretendida dureza de aferrarse a la más profunda esencia humana. De tomar pedazos de aliento y ajustarlos de nuevo. El espíritu de la sobrevivencia al límite vive contigo y creo que no le dedicas ni un pensamiento. ¿Mejor así, verdad? ¿Te has preguntado que cuando algunos rivales imploran tregua, tal vez tú le grites a tu voluntad? ¿Te has detenido a interrogar a esa victoria íntima llamada superación? ¿En tus nostalgias, triunfos, sueños y hasta frustraciones? Quisiera sentir ese temor visceral más profundo tuyo. A lo que has renunciado. Tocar tu humanidad. ¿Cómo has escrito tu vida? ¿Por dónde empezar? ¿Conversamos, Leslie Amat?
“El triatlón es como la vida. Implica tremendo esfuerzo y sacrificio. Son muchas las exigencias. A veces he pensado en dejarlo. Los tropiezos y ciertas decepciones conspiran. El pasado año fue una de esas ocasiones. Por suerte algunas personas que están a mi lado me impulsaron a continuar. Tengo sueños por cumplir. Por ejemplo, asistir a unos Juegos Olímpicos —apunta y comienza a morderse el labio inferior, le doy un poco de tiempo y prosigue golpeándose suavemente la barbilla con el índice—. No tengo trucos mentales ni técnicas especiales antes de competir. Me digo que estoy bien preparada. Que ninguna es mejor que yo. Intento no presionarme, antes sí lo hacía”, enfatiza mientras observa los espejos y equipos de musculación que son testigos mudos de sus juicios.
“Claro que he tenido pensamientos negativos. Los combato siendo positiva, diciéndome que no, que no puedo pensar eso. Imposible rendirme. Puedo ser algo supersticiosa, pero rituales no tengo.
“¿Fracasos que no olvido? —dice y una vena abultada le late visiblemente en el cuello—. Son varios y la verdad no los recuerdo. Los asimilo. Llevo un montón de años en el deporte, sin embargo, no me lo sé todo. Aprendo más de las derrotas. Te obligan a analizar mejor las cosas para superarte.
“Mira —indica recostándose contra el respaldo de una silla plástica, que parece adaptada a su cuerpo—, no siempre se está en la cima. El 2025 fue frustrante. Tuve fractura en un dedo. Después sinovitis en la cadera y chikungunya. Eso me dio más fuerza y perseverancia. No me rindo.
“La vida deportiva te hace renunciar a muchas cosas, a posponer objetivos personales, sin olvidar que no hay buena situación económica y como otros necesito mejorar. Hago triatlón por amor”, sentencia apretando los labios hasta el punto de que apenas resultan visibles.
Se observa las manos como si no se las hubiera visto antes. Sus cejas largas y claras se le arquean en los extremos cuando recorre su geografía sentimental.
“Soy melancólica. Lloro muy fácil. No me gusta que me vean, incluso me escondo. Ni mi mamá se da cuenta. Es como una vía de escape, un desahogo, una terapia ¿no? Sí, sí, exacto”, apuntala con una voz casi dulce, interrumpida a veces por una respiración poderosa.
“Las lesiones son un enemigo de cuidado. Llevo mi cuerpo al límite con un costo alto. Es algo masoquista, acepto sufrir, sentir que trabajo. También necesito interiorizar que debo tener más precaución. Oír más a mi cuerpo y escuchar al entrenador. Me exijo mucho. Es como una adicción”, sentencia abrazada al mástil de su convicción…
La vida se escribe a pinceladas de arrojo y osadía. Sobre un lienzo de esperanza, pero bajo un inevitable marco de pérdida y renuncia.
“Prácticamente no tengo vida social. Vivo entrenando. Termino cerca de las ocho de la noche. Apenas hay tiempo, por lo menos para tener pareja, es difícil. Creo que nadie aguanta eso. Afecta a la familia. En mi caso es fundamental mi madre. Sin ella tendría que ponerme a trabajar.
“Jamás me he sentido menos que los hombres. Incluso mis compañeros del equipo nacional alaban mi entrega y capacidad.
“En el triatlón como en otras disciplinas hay mujeres que pueden parecer poco femeninas —señala y se pasa un dedo ligeramente por los labios—. Cada cuerpo es diferente. La decisión de ser es de cada cual, eso no influye. No creo estar masculinizada.
“Te digo más —revela y cruza los brazos debajo de los senos escudada en un gesto casi sensual—, disfruto arreglarme. No me pinto mucho ni nada de eso. Soy menudita. ¿Sencilla? ¡Sí!, me gusta mantener la feminidad. ¡Aclaro!, debemos respetar como quiera ser cada cual”.
Leslie se levanta con un saltico. Da un corto paseíto hundiendo los talones en el suelo. Se deja caer sobre la silla y con tono casi infantil regala detalles cómplices
“El que decida practicar el triatlón necesita asumir el sacrificio. Amarlo. Exige dedicación constante y por supuesto ser disciplinado. Es lo que le espera si desea llegar lejos. Nunca quise ser la mejor —aclara, revisitando el pasado—. Jamás fue mi objetivo. Cambió con los años. Fue un proceso en el que la constancia y la dedicación influyeron mucho…”.
¿El triatlón es una metáfora de la existencia?, me pregunto en silencio, creo que como la vida te exige transiciones, lecciones vitales y hasta pruebas que perforan lo más espiritual.
“Intento ser en lo social como en el deporte. Si veo obstáculos trato de sobrepasarlos. Tengo que seguir avanzando. Si caigo me levanto. No queda otra”, legitima con la certeza de que el día a día nos construye.
“Juro que no entro mucho a las redes sociales —expone con una mano sobre el corazón—, las utilizo para poner mis resultados, promover la práctica de deportes o para inspirar con frases motivadoras a otras personas. No me exhibo tanto…
“Mira —afirma mientras su aliento soñador, junto a la emoción más franca se toman de la mano—, quisiera tener un restaurante o una cafetería. Hacer negocios, pero me da miedo. Emprender algo que esté fuera del deporte es complicado para mí, lo reconozco. Veo más claro un día ser profesora de triatlón, spinning o dar clases en un gimnasio, ¿entiendes?”, asevera y alarga el brazo hacia el interruptor del mañana encendiendo la luz de una certeza casi soñada.
Las vacilaciones ante el futuro son un sentimiento tan legítimo como humano. Sus titubeos, nacidos con suspiros de dudas imponen una búsqueda que se convierte en ¿signo de resignación?
“Cuando el retiro llegue será duro. Me afectará romper la rutina de muchos años. Por eso, trato de entregarme al máximo porque sé que se acabará.
“Tengo claro que necesito hacer un serio desentrenamiento por mi salud. Mi corazón es muy grande. Sé de exatletas que han fallecido por paros cardíacos”, certifica con la voz teñida de sentimientos encontrados.
“Me he enfrentado a desafíos —asiente, en tanto hojea su enorme bitácora mental de navegación—, recuerdo un Triatlón de La Habana en el que antes de competir me fracturé el dedo gordo del pie. Casi me desmayé y tuvieron que ponerme oxígeno. Terminé segunda. Una semana después fui a una Copa Continental en Costa Rica y logré podio y puntos para el ranking.
“Definitivamente el triatlón me ha hecho más fuerte y perseverante. Permitió que superara mi timidez y socializara más. Eso me inspira y hace feliz…”.
Leslie Amat ha convertido la superación en fuerza expresiva. En su camino no existe el triunfo sin fisuras, cuya peculiar belleza convive con esa humana imperfección, en la que siempre hay una grieta por la que penetra una luz.
Leslie Amat está considerada la mejor triatleta de la historia en nuestro país. Comenzó en el deporte del alto rendimiento en el nado sincronizado e incluso compitió en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007.
Participó en los Primeros Juegos Olímpicos de la Juventud en Singapur 2010.
En los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla 2018 alcanzó medallas de bronce por equipos y en relevo mixto, cosecha que repitió en la cita que acogió San Salvador en el 2023.
Disputó los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 (lugar 14), Lima 2019 (séptimo escaño, mejor resultado histórico de nuestro país entre las mujeres) y en Santiago de Chile 2023 (15).
Atesora como su mejor presentación en Copas del Mundo un 19 lugar.
Varias veces ocupante del podio en copas continentales de triatlón, además de multi-campeona nacional.
