La inesperada reunión sostenida el 30 de mayo último por altos mandos militares de Cuba y Estados Unidos en el perímetro que desde hace casi 128 años ocupa la base naval norteamericana en la bahía de Guantánamo, atrajo nuevamente la atención sobre uno de los principales puntos del diferendo histórico entre ambas naciones, después del triunfo de la Revolución en 1959.
Además de suceder en medio de la feroz escalada anticubana del presidente Donald Trump, que incluye un cerco energético y amenazas de agresión militar, el encuentro hace recordar el origen de la presencia del enclave militar, impuesto a la Isla por las exigencias de la abominable Enmienda Platt.
La foto que encabeza este texto inmortaliza el momento del izado de la bandera de las estrellas y barras por miembros del 1er Batallón de marines que tenía entonces la Armada norteña, tras tomar los terrenos situados a ambos lados de la entrada de la bahía de Guantánamo, con el decisivo apoyo de mambises cubanos, en junio de 1898.
Aunque el enclave militar extranjero más antiguo del mundo oficialmente fue creado en diciembre de 1903, en cumplimiento del Tratado Permanente de Relaciones Cubano-estadounidense, firmado en febrero de ese año, en realidad surgió tras los combates ocurridos un quinquenio antes en el lugar.
El gurú del expansionismo naval yanqui, Alfred Thayer Mahan, había señalado el valor de la bahía de Guantánamo para la US Navy, cuando en noviembre de 1897 recomendó que, declarada la guerra contra España, la primera acción a realizar fuera su ocupación para lograr los objetivos estratégicos en el Caribe y dominar el ya ansiado istmo de Panamá.
El incidente del acorazado Maine y la soberbia del gobierno español, negado a conceder la independencia a los cubanos, ganada a golpe de valor en la guerra convocada por José Martí, le brindaron la oportunidad a Washington de hacerse de Cuba, como estipulaba la conocida política de la Fruta Madura.
El 21 abril de 1898, el presidente McKinley declaró la guerra a Madrid y al día siguiente impuso el asedio naval a la Isla. Los hostigamientos de la Armada yanqui ocurrieron en occidente hasta que el 19 de mayo arribó la malograda escuadra del almirante Pascual Cervera y Topete.
Necesitados de una base de apoyo al bloqueo marítimo a Santiago de Cuba, donde quedaron embotellados los buques españoles, el contraalmirante William T. Sampson decidió la invasión de la bahía guantanamera, para lo cual comisionó al comandante Bowman H. McCalla.
La flotilla de McCalla, integrada por el crucero ligero Marblehead y los auxiliares St. Louis, Texas y Yankee, además de la cañonera Dolphin, el 7 de junio atacaron con éxito las defensas coloniales en Playa del Este, Punta Pescadores, Punta San Nicolás y Punta Caracoles, así como al fuerte de Cayo Toro que custodiaba el canal de entrada a la bahía.
Uno de los barcos enganchó el cable submarino que comunicaba a la villa de Guantánamo, a través de Caimanera, con Santiago de Cuba, privando al mando español de ese medio.
El 10 de mayo de 1898 el Consejo de Gobierno de la República en Armas había sancionado el compromiso de Estrada Palma con McKinley de que las tropas mambisas se subordinaran a los generales norteamericanos cuando se iniciaran las operaciones conjuntas en Cuba.
En cumplimiento de esa indicación y por orden de Calixto García, lugarteniente general del Ejército Libertador, el mayor general Pedro Agustín Pérez, jefe de la División Guantánamo, entre el 7 y el 9 de junio abordó el Marblehead para ultimar con McCalla los detalles del desembarco norteamericano en la bahía.
Además del apoyo directo de combatientes del Regimiento Guantánamo, Periquito concibió el aislamiento de las tropas coloniales del general Pareja en Guantánamo y las guarniciones de Jamaica, Caimanera, Baracoa y Sagua de Tánamo para que no pudieran auxiliar a las fuerzas cercadas en Santiago de Cuba y tampoco reforzar las posiciones defensivas ibéricas en la bahía guantanamera.
Hace 128 años
El 10 de junio, cinco de las seis compañías del 1er Batallón de Infantería de Marina, traídos por el buque transporte Panther, pisaron tierra por Playa del Este, Punta Pescadores y Playa del Cable, convirtiéndose en las primeras fuerzas yanquis que invadieron a la Isla en la guerra hispano-cubano norteamericana.
Ese día fue izada la bandera norteamericana en Loma Blanca, a 133 metros de altura, y hecha la histórica foto. Fue la primera vez que el estandarte yanqui ondeó en la bahía guantanamera.
Después de fracasar su ataque a Caimanera, los marines fueron contenidos y hostigados por los españoles en el campamento McCalla, al pie de las colinas malditas de Playa del Este. Estuvieron a punto de sucumbir, pero los salvaron 100 mambises del Regimiento Guantánamo bajo el mando de Enrique Thomas y Thomas.
Ante la incapacidad demostrada por sus jefes en tierra, McCalla traspasó al mando de las acciones en tierra al teniente coronel guantanamero, quien el 14 de junio de 1898 dirigió con éxito la primera acción aliada en la guerra: la toma de las posiciones españolas en El Cuzco.
La prensa norteamericana acogió con júbilo la victoria en el primer combate terrestre del conflicto en Cuba.
Con ella la bahía de Guantánamo se convirtió en base de operaciones que apoyó a la flota vencedora en la batalla naval de Santiago de Cuba y desde donde partió el contingente del general Nelson A. Miles (el asesino de indios) que el 25 de julio de 1898 invadió Puerto Rico por la bahía de Guánica, al sur de la Isla.
Antes, el 18 de junio, reconociendo el papel de la tropa mambisa de Thomas, el jefe norteamericano en Guantánamo rindió honores a Periquito Pérez y a la bandera cubana en el crucero Marblehead. Fue un hecho único en la guerra hispano-cubano-norteamericana por el que McCalla fue reprendido por Washington.
Lo ocurrido desde entonces en la bahía de Guantánamo se conoce
Con la Cuba revolucionaria, la eliminación del criminal bloqueo y la devolución del territorio usurpado por la base naval en la bahía de Guantánamo son dos aspectos cardinales que reclaman nuestro Gobierno y pueblo para normalizar las relaciones con los Estados Unidos.
La actual administración ha alejado como nunca esa posibilidad, lo que hace más notable la reunión del 30 de mayo, calificada de “positiva” por ambas partes, en la que hablaron de la seguridad en el perímetro de la base naval y acordaron mantener la comunicación entre ambos mandos militares.
El lenguaje mesurado del comunicado oficial del Gobierno revolucionario informando sobre el encuentro indica que, sin ceder un ápice en el legítimo reclamo de que Estados Unidos devuelva esa tierra que es nuestra, usurpada desde hace 128 años, en estos momentos más importante es mantener un ambiente de distensión en su perímetro para preservar la existencia de la nación soberana que la rodea.