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RETRATOS: Liuva; enfermera, delegada, diputada

La jefa de enfermería recorre el hospital, saluda con cariño al que mantiene brillando los pisos del hospital, al residente, al médico, entra en las salas, se interesa por los enfermos ingresados… todos la acogen afectuosamente, porque Liuva Martínez Betancourt se ha hecho sentir en los apenas dos años que labora en el hospital Comandante Manuel Fajardo de la capital.

Foto: Carlos Vanega

Siempre sonriente, esta mujer adora su profesión. “Parí muy joven, confiesa, pero mis dos hijos –una hembra que tiene actualmente 27 años y un varón de 23–no me impidieron continuar la carrera de enfermería, los puse desde muy pequeños en el círculo infantil y logré transitar desde el técnico medio a la licenciatura, porque lo que yo quería era trabajar en la atención a pacientes.”

Del hospital Freyre de Andrade, donde se graduó, estuvo durante diez años como jefa de enfermería en el policlínico Luis Galván.  A petición de la directora del Fajardo, pasó a desempeñar esa función cuando el jefe anterior partió al cumplimiento de una misión.

De una energía que parece ser inagotable, Liuva lleva adelante de manera simultánea tres responsabilidades: la de su especialidad, de delegada del Poder Popular y de diputada.

Y cada una la asume con pasión, “no podemos cansarnos” afirma con una sonrisa que siempre ilumina su rostro.

Pienso en el pueblo porque soy del pueblo

Liuva es delegada del consejo popular Colón, de Blanco y Trocadero donde reside, perteneciente al capitalino municipio de Centro Habana y sus electores son testigos de su batallar constante en defensa de sus derechos y la solución de sus necesidades.

“A veces tengo que convencerlos de que una medida es necesaria, aunque no sea tan bien recibida, como cuando hizo falta cambiar en el barrio una instalación eléctrica de noche, en medio de complicaciones, y la población estaba reclamando con urgencia ese servicio que le era tan  necesario. Ello podía poner en riesgo a los trabajadores encargados de hacerlo y si bien me identificaba con la necesidad de los vecinos no podía pasar por alto el tema de la seguridad y los persuadí de que la labor se realizara al siguiente día en mejores condiciones.

“Ser diputada para mí fue un reto, a veces la población piensa que uno no debate sus problemas, es todo lo contrario, se realizan discusiones de todo lo que nos preocupa y lo digo en plural porque yo me siento parte de ella, y como tal me comporto en estos análisis.

He tenido que aprender de leyes, no solo de la Ley de Salud, que me corresponde dominar, sino otras sobre las cuales he tenido que discutir, dialogar, explicar.

Soy diputada por el municipio de Centro Habana, pero como nos ha enseñado el presidente del Parlamento Esteban Lazo, somos diputados de Cuba. Y si cualquier persona de la población se nos acerca para plantearnos un problema, tenemos la obligación de indagar de qué se trata y llegar hasta el fondo de la situación

Hemos tenido intercambios muy bonitos entre comisiones y visitado los 15 municipios habaneros, ha sido una experiencia muy enriquecedora.

 

Soluciones a las dificultades

En nuestra labor diaria como jefa de enfermería nos enfrentamos a innumerables dificultades: al transporte, porque los ómnibus que han situado para salud pública no resultan suficientes para trasladar a todo el que lo necesita, los apagones que afectan a nuestro personal como a cualquiera de la población, entre otros inconvenientes. A veces llegan al hospital agotados, pero les decimos que no se pueden cansar porque trabajamos con vías humanas a las que hay que dedicarles tiempo y atender con dedicación.

Para garantizarlo tenemos regulaciones que hemos denominado convenios. En otros lugares los trabajadores que viven lejos se han reubicado en sus áreas de residencia, aquí no fue necesario, no importa que por dificultades de transporte lleguen un poco más tarde, son trabajadores que llevan años laborando en la institución, y lo fundamental es que acudan a brindar su experiencia. Los que sí tienen que estar temprano son los jefes de servicio que viven en lugares más cercanos quienes reciben a los enfermeros que van a estar aquí 24 horas. No hemos tenido que doblar turnos. Trato de que el enfermero nunca le falte al paciente.

Y algo muy importante: puede que no contemos con un medicamento, pero no debe faltar el bueno día, pasarle la mano al enfermo, preguntarle cómo se siente eso para ellos es un aliciente.

Una no nace para ser jefe y tampoco serlo significa que siempre debamos ser rectos, si tengo que serlo lo soy primero con mis jefes de salas, después con los enfermeros, pero mejor que todos ellos no los quiero. Hay que tener un poquito de humanidad, mientras que no violemos ningún paso, para enfrentarnos a todas las dificultades que surgen en el hospital, que tienen los trabajadores y la población.

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