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Raúl en el corazón del pueblo

Cuatro voces, cuatro miradas, un sentimiento abrumador de cariño y agradecimiento. En una mañana tejida con la nostalgia y el orgullo, colegas de la prensa de varias generaciones se dieron cita hoy en la sede de la Unión de Periodistas de Cuba para celebrar el 95 cumpleaños del General de Ejército Raúl Castro Ruz.

 

Foto: Vladimir Molina

 

No fue un acto protocolario, sino un encuentro de confesiones íntimas, anécdotas casi secretas y un inmenso afecto hacia un hombre que, según coincidieron los integrantes del panel Colegas de Raúl, «nunca quiso que hicieran el elogio sobre su persona».

Moderó el encuentro un sentimiento común: la deuda patriótica, profesional y humana con el líder que, desde la discreción y la modestia, supo ser también un maestro de periodistas, un hermano guerrillero y un soldado de la ternura escondida tras el uniforme.

 

La periodista que aprendió con “Viva Talía”

La primera en tomar la palabra fue la periodista Talía González, visiblemente emocionada al recordar aquel 28 de septiembre de 1999 en Guantánamo. Con 24 años recién cumplidos, nunca imaginó que aquel encuentro en un acto de los CDR marcaría su carrera para siempre.

Foto: Vladimir Molina

“Él habló de una manera tan cercana que no lo podíamos creer”, relató. Pero lo que más conmovió a los presentes fue su anécdota sobre las tribunas abiertas de la Revolución. Cuando los jóvenes coreaban “¡Viva Fidel! ¡Viva Raúl!”, el entonces ministro de las FAR les respondía con un guiño revolucionario: “A partir de ahora voy a decir: viva Thalía, porque aquí todos tenemos que vivir para seguir esa lucha”.

González confesó que esa chispa de humor y sensibilidad marcó su vida profesional. Recordó, sin embargo, el rigor del General. Al hablar del programa «Cuba Dice», iniciativa que surgió por idea directa de Raúl Castro, rememoró sus indicaciones precisas: “Lo que me preocupa son las respuestas de los funcionarios… pero no me quites ni una sola intervención de lo que diga el pueblo, porque eso es lo que nos da la medida de qué está pensando”. Y en un tono casi de examen de conciencia, añadió que hoy existe una deuda: no abordar esos temas con la profundidad que él quisiera.

 

La historiadora y el escribiente de la Sierra

La escritora Katiuska Blanco, quien moderó el encuentro, se refirió a la modestia del homenajeado, luego de iniciarse la velada con la intervención de Raúl cuando en el VIII Congreso de la Upec recibió el carné que lo acredita como el afiliado número dos de la delegación de base de Radio Rebelde.

Señaló que, aunque Raúl siempre ha dicho que solo escribió un artículo para la revista Saeta y una breve intervención en Radio Rebelde, la realidad es otra. “Discrepo totalmente”, afirmó con firmeza. Para demostrarlo, se internó en el diario de guerra del joven Raúl, citando textualmente una de sus anotaciones más estremecedoras: “Estoy boca abajo anotando en mi libreta. Quizás están ametrallando… Ojalá se salven los otros, ojalá se salven ellos”.

Foto: Vladimir Molina

Blanco, quien tiene a su haber también una de las biografías más conocidas de Fidel Castro y su familia, trazó un perfil íntimo del General, destacando su amor por Vilma Espín, a quien admiraba desde antes de que surgiera el amor guerrillero, y su lealtad suprema hacia el hermano mayor.

Lo definió como “el ejemplo supremo de la lealtad”, recordando aquella frase de Engels sobre ser un “segundo violín” feliz junto a un primer violín genial. La narradora reveló también un detalle poco conocido: la profunda preparación intelectual de Raúl, incluyendo sus estudios de francés en el colegio de los Hermanos de La Salle.

 

Yunet: El nacimiento de un hermano del alma

La joven escritora Yunet López, visiblemente inspirada por la obra de Katiuska Blanco, viajó con la audiencia hasta Birán, el 3 de junio de 1931. Describió con lujo de detalle la espera de Ángel Castro y la llegada del cuarto hijo, Raúl Modesto, con 11 libras de peso. “Imagino a don Ángel dándole vueltas al sombrero como un molino entre los dedos”, expresó.

Pero fue al hablar de la relación fraternal donde su relato alcanzó una tensión épica. Recordó la orden paterna a Fidel: “Hazlo hombre”. Y para ilustrar la protección mutua, trajo a la memoria una anécdota del Comandante Guillermo García Frías.

Durante la guerra, un campesino desafiante apuntó a Fidel con un fusil. “Raúl no esperó orden de nadie, saltó como un león frente a Fidel, puso el pecho descubierto ante las balas y le dijo: ‘Mátame a mí, pero no mates a Fidel’”. La sala contuvo la respiración. Yunet concluyó: “Eran dos guerreros colosales… incluso hoy, a sus 95 años, sigue al frente de las batallas”.

 

El fotógrafo que le llevó la Sierra a su despacho

El cierre del panel fue un monólogo cálido y pausado del fotógrafo Raúl Abreu, quien confesó haberse sentido “un simple fotógrafo” hasta que el General de Ejército lo tomó bajo su tutela. Narró su primer encuentro en 1984, dentro de una guagua, cuando el entonces ministro se sentó a su lado y le dijo: “Te voy a contar mi historia, para que después tú me cuentes la tuya”.

Abreu reveló la profunda cultura visual de Raúl Castro, a quien describe como un “gran comunicador”. Contó cómo el General corregía las fotos en los periódicos con círculos y rayas, y cómo un día lo reprendió cariñosamente: “Te dije que te podías acercar, que no me pusieras un teleobjetivo”. El fotógrafo confesó que su misión fue “cambiar la imagen que siempre le han puesto al General, minimizarlo solo como una gente recta… era todo lo contrario”.

Entre risas y un nudo en la garganta, Abreu recordó el día que el propio Raúl defendió sus derechos de autor ante el periódico Granma: “Llamó a la directora y dijo: ‘Hay que darle el crédito a él’”.

Pero lo más conmovedor fue su estampa humana: durante una cumbre en el extranjero, a las 3 de la madrugada y con un frío polar, Raúl apareció con un termo de café caliente para repartir entre los soldados y periodistas de guardia. “Ese es el verdadero corazón del pueblo”, sentenció Abreu, mostrando una foto de la palma real y la bandera ondeando en el Alto de Mulato, una imagen que el General guarda en su despacho.

 

El eco de la hermandad

Katiuska Blanco retomó la palabra al cierre para dejar un último testimonio sobre la conexión casi mística entre Fidel y Raúl. Citó al dominicano Juan Bosch y al uruguayo Rodney Arismendi para describir la genialidad del Comandante en Jefe, pero también la capacidad organizativa y estratégica de Raúl, incluso en la creación de un “estado” dentro del Segundo Frente. Recordó que fue Raúl quien sugirió enviar la primera brigada internacionalista a Argelia.

Al despedirse, los cuatro panelistas coincidieron en una idea que flotó durante toda la exposición: Raúl Castro no soporta los homenajes, pero la historia se los impone. Como dijo Abreu, “la historia impone que ya se den a conocer cosas, para que el pueblo conozca y los enemigos conozcan lo que están tratando de mancillar”.

Y en esa Casa de la Prensa, entre lágrimas contenidas y aplausos, quedó la certeza de que, a sus 95 años, el General de Ejército sigue en el centro de ese corazón popular que él mismo ayudó a forjar, con la misma sencillez con la que un día, en una guagua, le pidió a un joven fotógrafo que se sentara a escuchar su historia.

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