¡Y cómo duele ese delito!

¡Y cómo duele ese delito!

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Con un overol azul manchado de lubricante, tres envases con capacidad para 20 litros, lle­nos de aceite dieléctrico, incluso, otro a medio llenar, y un tanque más pequeño picado en su parte superior como para trasladar el líqui­do, encontró la patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), en Artemisa, a un ciu­dadano de 36 años de edad, escondido en un cañaveral a pocos metros de la subestación de transformadores.

La llamada telefónica de un vecino del lugar, al órgano policial el 12 de febrero pasado, alertó acerca de un inusual movimiento en el transfor­mador de 33 mil volts, ubicado cerca de la carre­tera al Consejo Popular Cayajabos.

“Tírenme un salve, ¡ayúdenme!”, dijo el hom­bre de mediana estatura al ser descubierto en ple­na tarde, explicaron los oficiales de la PNR, que lo condujeron a la unidad más cercana.

Solo 24 horas después de la detención, esa persona, nacida en Isla de la Juventud y con re­sidencia en La Habana, reconstruyó los hechos en la subestación. Había vulnerado un tapón del transformador para extraer el líquido, el mismo que se expende ilegalmente como combustible, a precios cercanos a los mil pesos por litro.

Por la coincidencia de pruebas documenta­les está a disposición de la justicia, como autor del delito de sabotaje, previsto en el Artículo 125, apartado 1, incisos a) y ñ), de la Ley no. 151 Códi­go Penal, siendo la causa 106 del 2026, del Tribu­nal Popular de Artemisa.

 

Un delito en contexto

“Aunque en la provincia hay reportes aislados de unos siete años atrás de hurto de aceite dieléctri­co, no era común ese actuar”, dijo Edelfín Falcón Guerra, director técnico de la Empresa Eléctrica.

“Nada más en el 2026, de una treintena de de­litos, 25 son sustracción de este aceite en transfor­madores de distribución y subestaciones.

“Los primeros son los colocados en postes o plataformas y brindan servicio a escuelas, una cooperativa, fuentes de abasto de agua o a una pequeña cantidad de clientes; pero los segundos, de quebrarse, sí generan afectación a grandes po­blaciones.

“En ocasiones les extraen solo una parte del aceite, y el dispositivo sigue operando. Días después vuelven, y se roban más, hasta dejarlo por debajo del nivel permisible; entonces entra en falla técnica, lo que afecta el servicio eléc­trico, la mayoría de las veces. Incluso puede ge­nerar incendios y consecuencias fatales para quienes manipulen los transformadores en ave­ría.

“Grandes subestaciones como Beliert, en Guanajay; la ubicada en el poblado de Vereda, Caimito; Tumbadero, Gotera y Bojita, en San Antonio de los Baños; el de la fábrica de pienso, de Alquízar; las de Las Cañas y Cayajabos, en el municipio de Artemisa, y el Gabriel, en Güira de Melena, han estado afectadas, acentúa el ingenie­ro eléctrico con 29 años de graduado.

“Muchos de los artemiseños de estas comuni­dades estuvieron más de una semana sin servicio eléctrico, al averiarse el equipo y no tener cómo reponerlo inmediatamente”, argumentó.

 

¿Qué dice la ley?

La Sala Primera de lo Penal del Tribunal Pro­vincial Popular de Artemisa celebró el juicio oral y público, con características de ejemplarizante, correspondiente a la causa 106 del 2026, seguida por un delito de sabotaje.

Se desarrolló en el propio Consejo Popular, donde pudieron estar afectados casi 4 mil pobla­dores, de no haber existido la denuncia oportuna y el rápido actuar de la PNR, a decir de Ismaray Hinojosa Pérez, presidenta del Tribunal Provin­cial Popular de Artemisa.

“Esta práctica contribuye a elevar la concien­cia popular para proteger estos emplazamientos”, explica.

En la cooperativa Ciro Redondo crearon las condiciones e invitaron al juicio a vecinos, ciuda­danos con interés policial por su conducta, obre­ros de la Empresa Eléctrica y de centros laborales aledaños.

Aunque las pruebas ofrecidas por cinco testi­gos daban fe de la culpabilidad del ciudadano, la defensa por oficio esgrimió sus argumentos y la solicitud de no ser severos con el acusado.

No obstante, Rafael Ángel Soler López, fis­cal jefe provincial de Artemisa, calificó el delito como sabotaje, lo cual establece sanciones de siete a 15 años de privación de libertad.

“El autor pudo con su accionar impedir u obs­taculizar el normal uso o funcionamiento de los transformadores, y a sabiendas de que se produ­jera ese resultado, destruir, alterar, dañar o per­judicar medios, recursos, edificaciones, sistemas, instalaciones o unidades socioeconómicas desti­nadas a garantizar las fuentes energéticas y de transmisión de energía, entre otras infraestruc­turas”, reflexionó.

En la comparecencia Hinojosa Pérez, al deli­berar como presidenta junto con los demás jueces, propuso la sanción de 12 años de privación de li­bertad, y como medidas accesorias la privación de derechos y la prohibición de salida del territorio nacional.

También, aclaró que antes de hacer firme la sentencia, en el término de 10 días, la ley posibili­ta recurrir al recurso de casación.

 

Actuar, entre causas y condiciones

Se cierra un telón, aparentemente, pero crece ese tipo de delito, por lo cual es indispensable no cruzarnos de brazos y proteger los transfor­madores.

“Estamos en el proceso de contratación de se­renos para las subestaciones. De las 83, con más de 100 transformadores, hasta el momento tene­mos custodiadas solo 36. Es una tarea compleja, porque no existen las condiciones idóneas, capa­ces de asegurar la permanencia de los trabajado­res en ningún horario.

“Hemos colocado lámparas solares para po­sibilitar la iluminación nocturna a falta de fluido eléctrico, y aprovecho para comentar que también han sido objeto de vandalismo.

“Y consideramos muy provechoso concretar las actas de cooperación con entidades estata­les o no estatales, aledañas a las subestaciones, con los vecinos y el Ministerio del Interior para incorporar estos objetivos económicos en sus recorridos. Todos debemos contribuir a la pro­tección y la alerta oportunas”, subrayó.

El directivo aludió a la reconstrucción de cer­cas perimetrales, que la mayoría las tuvieron, y también fueron robadas, pues es cierto que gran parte de estas subestaciones, distantes de zonas urbanas, parecen olvidadas en el tiempo, enyer­badas y sin mediar nada que advierta ni impida el acceso, a pesar de los costosos e indispensables recursos que tienen.

Un solo transformador cuesta entre 4 y 5 mi­llones de dólares en el mercado internacional, se­gún cifras de la Empresa Eléctrica. La cifra varía según el mercado donde puedan ser adquiridos, porque no se puede olvidar el efecto del bloqueo del Gobierno de los EE. UU. que impide comprar­los, e incluso partes y piezas.

Esta vez, la causa 106 del Tribunal en Arte­misa, sobre el robo de aceite dieléctrico de la sub­estación que alimenta al circuito 1570, no afectó el servicio, pero consta como un hecho con parecido modus operandi a la substracción de más de mil litros en igual lugar, en diciembre pasado, sin de­finir el culpable de tamaño desfalco.

Hechos de esta naturaleza desencadenan otras ilegalidades. El aceite lo compran para tractores, camiones, máquinas… y receptar tipifica como delito, condenado entre seis meses y dos años de privación de libertad, explicó el fiscal.

Que nunca se nos nuble la vista para alertar ante un posible robo de aceite dieléctrico, compo­nentes de parques fotovoltaicos, paneles solares, grupos electrógenos… De nuestro actuar enérgico también dependen nuestras propias luces.

Acerca del autor

Desde 2005 el periodismo me abre las puertas en Radio Artemisa, con la posibilidad de reorientar mi carrera al cursar estudios en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Soy licenciada en Educación, en la especialidad de Defectología, y ya había cumplido varias tareas, incluso en la Unión de Jóvenes Comunistas.
Los resultados en el medio radial me condujeron a que, en 2011, al crearse la provincia de Artemisa, ocupara la responsabilidad de Corresponsal Jefa de la Agencia de Información Nacional, nombrada poco después Agencia Cubana de Noticias.
En ese mismo tiempo, alternaba como parte del ejecutivo de la Unión de Periodistas de Cuba, en el territorio, y posteriormente me desempeñé como su Presidenta; hasta que, en agosto de 2014 la dirección del Partido me designó directora del su Órgano Oficial, el periódico El Artemiseño, labor que continúo desempeñando.
Las funciones de dirección siguen aportando a la pasión por el periodismo, de ahí que mantenga publicaciones del acontecer de mi provincia en mi órgano de prensa Artemiseño, y en medios nacionales de comunicación, con mayor estabilidad, y representando tanto de compromiso como de orgullo, en el periódico Trabajadores.

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