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Un Héroe en su Rincón

El Dr. C. Rolando Monte­ro Díaz posee una original virtud: con pasmosa facili­dad se desdobla en médico, director de hospital o en empresa­rio agrícola, y demuestra en cada función que la estrella de Héroe del Trabajo de la República de Cuba que atesora desde mayo del 2024 no fue fruto del azar, sino de una formida­ble entrega personal, que tuvo sus inicios en Playa del Caimito, un hu­milde poblado dedicado a la pesca y enclavado al sur de La Habana, don­de naciera 58 años atrás.

El doctor Rolando Montero Díaz impulsa el Proyecto Finca Agropecuaria Integral El Rincón. Foto: Agustín Borrego

“En ese lugar, donde las casas son de madera y el techo de guano, tengo hoy muy poca familia, pero sí muchísimos amigos de la infancia a quienes considero como tal. Allí es­tán mis mejores momentos, lo más lindo de mi vida. Allí lloro”, me su­surró.

Además, en Montero sobresalen dotes de conversador incansable, y una excelente memoria para recor­dar tiempos de alumno primario, y los años en el famoso IPVCE Vladi­mir Ilich Lenin.

También una admirable locua­cidad para reseñar su vida de recién graduado en la dirección de servicios médicos del Ministerio del Interior, sus varias misiones internacionalis­tas y las relaciones de colaboración, trabajo conjunto y amistad con los encargados de la iglesia y el Santua­rio Nacional de San Lázaro, ubica­dos en los predios del Hospital Der­matológico Dr. Guillermo Fernández Hernández-Baquero.

Con labores de dirección en cin­co grandes hospitales habaneros, Montero demuestra ser un hom­bre realizado, de los que no sopor­tan permanecer sentados frente a un buró y prefieren el movimiento constante y la conversación directa con cualquiera de los 245 trabaja­dores que componen la plantilla del hospital.

Sabedor del tema que me llevó hasta él, no esperó pregunta alguna y comenzó su explicación por donde consideró más pertinente: su proyec­to agrícola, aunque, a decir verdad, a veces saltaba de un asunto a otro sin aviso previo, generalmente para determinado detalle profesional.

Incluso los datos médicos que ofreció me permitieron catalogar como absurdas e infundadas creen­cias que tenía sobre algunas enfer­medades de la piel, como también conocer de primera mano que la muy estigmatizada lepra no constituye problema de salud en Cuba desde hace ya muchos años.

 

Donde no hay quejas

El 2019 marcó el inicio de su direc­ción en este hospital, único en Cuba, Centro de Referencia del Programa Nacional de la Lepra y del tratamien­to del pie diabético con Heberprot-P, enclavado en el pueblito de El Rincón, en las afueras de La Habana.

Un colectivo de excelencia labora en el hospital. Foto: Agustín Borrego

Le comento sobre lo hermoso del hospital y su respuesta satisface so­bremanera: “Aquí la gente que llega para una consulta externa no tiene que sacar turno. Siempre son atendi­dos en el día, pues solo se planifican las reconsultas. No hay quejas, a to­dos se les trata bien, y por las noches somos como una institución tradi­cional, aunque no tengamos cuer­po de guardia. Nuestra fórmula es que si a un vecino cercano le surge un problema le damos las primeras atenciones y lo remitimos según nor­mas ya establecidas”.

Sobresalen los amplios y lim­pios pabellones, donde por doquier se observan apuntes de la historia patria, hechos y pensamientos de héroes guerreros y pensadores cu­banos. “Por la gran humedad de la zona tenemos que pintar tres veces en el año. ̍Mira, ahora estamos pin­tándolo por segunda vez”, dijo para mi sorpresa.

“Contamos con 190 camas, de ellas 90 (21 ocupadas) para pacientes de larga estadía (sus familias deja­ron de atenderlos y viven y trabajan aquí); 60 para enfermos agudos de dermatología y 40 para el tratamien­to de la úlcera del pie diabético con Herberprot P”, dijo.

Sus palabras al hablar del hospi­tal, fundado por Real Cédula del Rey de España Felipe V en junio de 1714 en terrenos aledaños a lo que hoy es el parque Maceo en el centro de la capital cubana, no fueron para satis­facer ego personal alguno, sirvieron para extender el tema con pacientes y trabajadores del Centro.

La estrecha relación con los pacientes es fundamental. Foto: Agustín Borrego

Entre ellos nos habló Pedro Ce­lestino Crespo Kindelán, de Santia­go de Cuba, uno de los pacientes más antiguos del lugar. “Tengo 61 años y llevo más de 40 en el hospital. Vivo aquí y nos tratan muy bien. Estoy jubilado, pero soy custodio y trabajo en tareas agrícolas en la finca. Reci­bo dos salarios y la pensión”.

 

La joya de la corona

El doctor Montero es el líder de lo que se da en llamar Proyecto Fin­ca Agropecuaria Integral El Rincón con destino al abastecimiento ali­mentario del hospital, de sus traba­jadores y también para la comuni­dad aledaña.

“Este proyecto es un orgullo para todos y también nuestro aporte a la soberanía alimentaria y segu­ridad nutricional del país”, refiere colmado de contagioso entusiasmo.

“Es el resultado de una estre­cha relación productiva con la coo­perativa 1.º⁰de Julio, del Cerro, y la Empresa Agropecuaria Bacuranao. Perseguimos, y cumplimos, cuatro objetivos: que sea agroecológico, sostenible, eficiente y replicable.

“Varios centros productivos y científicos del Ministerio de la Agri­cultura necesitaban mi idea para desarrollarse y nos unimos. Ellos son los que producen y garantizan sus necesidades. Dirijo el proyecto, ellos nos hacen la venta y pagamos por cheque. Todo a través de la coo­perativa.

“Las dos vaquerías las atiende el Grupo Ganadero. Una de ellas solo para la producción de leche, donde logran cada día 80 litros, que noso­tros compramos a precio de costo. En la otra tenemos 20 búfalos y ga­nado menor.

“El proyecto dispone además de dos naves con gallinas ponedo­ras atendidas por el Grupo Avícola. El cartón de huevos se vende a solo 300 pesos a los trabajadores; de los puercos se encarga el Grupo Por­cino. También tenemos dos espejos de agua con peces, un or­ganopónico y se siembra arroz, frijoles, pepino, to­mate y otras verduras y condimentos.

“Una parte de la pro­ducción es para el come­dor de los trabajadores y pacientes del hospital, a precio de costo; otra par­te, con igual precio más un pequeño por ciento, se vende a los empleados de la institución para llevar a sus casas. Y otra parte del producto se comercializa con la po­blación a precios topados en ferias sabatinas para así contribuir a con­trarrestar la especulación con los costos”, explicó.

“Entre otras, anualmente se le hacen cuatro ofertas de carne de cer­do a los trabajadores —dos de siete y dos de 11 libras— y pensamos iniciar este año la venta de carne de búfalo.

“Algo importante, ni la coopera­tiva ni los grupos de la agricultura pueden salir a vender la producción en ningún lugar. Definimos esos destinos, pero ni vendo ni toco el di­nero”.

En la finca laboran 15 trabaja­dores de la cooperativa y los martes y viernes van otros 15 del hospital, por el concepto de cambio de labor. “También construimos un campa­mento juvenil donde de viernes a domingo se albergan 20 estudiantes universitarios y de Ciencias Médi­cas, los que laboran voluntariamen­te en la finca. Nosotros le damos la alimentación”.

La frase del Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente cubano, Miguel Díaz Ca­nel, al conocer detalles del proyecto, lo resume todo: “Miren cuántas co­sas se pueden hacer, cómo se pueden convertir las excepciones en regla”.

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