Adalberto Ramiro Leyva Segura tenía 18 años de edad cuando entró al fascinante mundo de la pesca, y en estos casi 40 años de trabajo han sido constantes sus desvelos por lograr la práctica amigable con el medioambiente de esta importante actividad del sector alimentario en el país.
En 1983 llegó al Instituto de la Pesca Andrés González Line (La Habana) y en 1986, ya graduado de técnico de nivel medio en Biología Marina, retornó a Las Tunas, su ciudad natal, y desde el departamento de producción en el área acuícola puso todos sus conocimientos en función de la productividad y el respeto al entorno natural de los embalses.

El Chino, así le llaman familiares, amigos y compañeros de faena, considera la ciencia y la innovación son pilares del desarrollo, y las incorpora como prioridad de su quehacer combinando con resultados plausibles las responsabilidades laborales con la academia. Hoy sus planes tienen el sello distintivo del biólogo marino, del ingeniero Agrónomo y del máster en Ciencias, un aval que lo convierte en voz autorizada y respetada.
El cultivo sostenible del ostión
En función del Proyecto para Granja de Ostión de Mangle o Antillano, El Chino ha dedicado tiempo y sapiencia, “forma parte del macroproyecto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para la protección y el manejo sostenible de la biodiversidad marina en el Golfo de Guacanayabo, zona costera que la provincia de Las Tunas comparte con su similar de Granma”, detalla.
“Para implementarlo aquí, hicimos las investigaciones pertinentes y el estudio fue avalado por el Centro de Investigaciones Pesqueras teniendo en cuenta que garantiza este tipo de producción en armonía con el medioambiente y modelando la naturaleza”, enfatiza.
Explica una de las principales ventajas: “La propuesta se distingue porque en lugar de usar las ramas del mangle como superficie de sostén para el ostión utilizamos malla plástica hexagonal y colectores de concha madre que protegen el ecosistema manglar de los daños que le ocasionan las actividades productivas y extractivas de los humanos.”
Sus sueños comenzaron a materializarse en Guayabal, poblado costero del municipio de Amancio, en el sur de Las Tunas, pero “el recrudecimiento del bloqueo que el gobierno de los Estados Unidos impone a Cuba y el cerco a las importaciones de combustibles han frenado los ímpetus en la construcción de la granja”, fustiga El Chino.
De las aguas a la academia
Las investigaciones realizadas sobre este tema sustentaron, además, el trabajo de diploma, del que El Chino fue cotutor: Proyección sostenible del cultivo del ostión de mangle o antillano en el estero-laguna Buena Ventura en el sur de la provincia de Las Tunas, con el que Luis Ángel Silega Almenares alcanzó el título de ingeniero Agrónomo, otorgado por la Universidad de Las Tunas.
En el ejercicio de la defensa, el tribunal del centro de altos estudios le reconoció los “valores social y económico de las pesquisas y sus aportes a la atención y al cuidado del medioambiente”, recuerda El Chino, y agrega: “este es un ejemplo palpable de que todas las exploraciones que nos proponemos no son solo teoría, se diseñan y se materializan en los embalses y la plataforma, y siempre tienen como premisa la defensa del ecosistema”.

Enfatiza que todos los proyectos llevan el sello de la ciencia y la innovación, y las experiencias de la práctica como herramienta que sustenta la verdad, “llevamos al marco teórico el desempeño en el campo, las vivencias que demuestran la viabilidad, las ventajas y los beneficios”, enfatiza.
Compromiso, ciencia e innovación
El Chino abrazó y defendió la soberanía de la República Popular de Angola. De 1987 a 1989 unió energías con soldados de las Swapo de Namibia y las Fapla angolana.
En ese período fue miembro de la 40 brigada de tanques que operaba en el frente Lubango-Chongungo, a las órdenes del General de Brigada Enrique Acevedo González, “tenía entonces 19 años de edad y cuando me hicieron el llamado trabajaba en la Pesca. Esa experiencia me convirtió en mejor persona y contribuyó a mi formación integral”, rememora.

“Regresé, dice, y volví a mi puesto laboral”. Luego, 2009-2011, tuvo otra oportunidad de poner sus conocimientos al servicio de un pueblo hermano, “fui para Venezuela como parte del proyecto CATA de colaboración concebido para apoyar el desarrollo de la acuicultura familiar, específicamente en el cultivo de la cachama, también conocida como pez gato. En la etapa capacité a 53 productores”.
En estas casi cuatro décadas, El Chino coordinó desde la Pesca el Proyecto Ecovalor (2018-2025), “que valorizó los bienes y servicios de los ecosistemas marinos”, comenta y participó en el VIII Congreso Internacional de Pesca y Acuicultura (República Popular China, 2019), y participa del Proyecto Conpescas Guacanayabo, del que es parte la granja ostrícola, cuya construcción el bloqueo imperial obstaculiza.
Epílogo
Así se resume, en síntesis, la fructífera trayectoria laboral Adalberto Ramiro Leyva Segura o El Chino, como prefiera el interlocutor, porque él responde siempre con humildad.
Acerca del autor
Licenciado en Periodismo (Universidad de Oriente, 1986), máster en Ciencias de la Comunicación (Facultad de Comunicación Universidad de La Habana, 2010). Inició como colaborador (1999) y desde el 2008 es corresponsal de Las Tunas. Profesor adjunto de la Universidad de Las Tunas con categoría de asistente. Cumplió misión en la República de Haití (2000) y en la República Bolivariana de Venezuela (2018-2021). Es colaborar del Periódico 26 y de la emisora provincial Radio Victoria.

