Con más deseos de producir que harina en sus almacenes, la Empresa Provincial de Alimentos en Matanzas (Epam) dio un paso osado cuando a principios del 2026 implementó el Decreto (D) 138, de la organización salarial en el sistema empresarial estatal.
No fue copia y pega. Antes hubo un ajedrez de buró, un proceso de disponibilidad, un exhaustivo estudio previo a la decisión de la escala salarial específica, de la clasificación de los puestos, del salario para cada cargo o grupo de cargos, de los pagos por rendimiento.
“¿Quién iba a imaginar una década atrás que en las empresas cubanas se podría decidir algo así…?”, se pregunta Humberto Antúnez Fernández, director de Capital Humano en la Epam.
Es cierto. En el camino de la autonomía empresarial emprendido por Cuba, el salario, la principal preocupación de su población laboral, experimentó en el último lustro un cambio trascendental en la manera de concebirse, gestionarse y, sobre todo, en su lugar de aprobación.
Perfeccionar la retribución por el trabajo en el sector productivo, originó la denominada revolución en los recursos humanos, iniciada con el D 53/2021, modificado luego en las letras del D 87/ 2023, para dar un salto mayor en el D 138/2025.
Al transferir al sistema empresarial estatal la potestad de determinar el salario, el vigente decreto soltó las amarras de la dependencia total de la escala única, y de los calificadores de cargos centralizados por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS).
Tal progreso conceptual implica que la “pelota” ahora esté en cancha de las empresas, porque ese salario deberá asegurarse, construirse y ganar pesos, para no ser engullido de un solo bocado por la inflación.
Libertad salarial, no libertinaje
La facultad otorgada por el D 138 es un arma de doble filo en un país golpeado por la brutal guerra económica, comercial y financiera del Gobierno de los Estados Unidos. El contexto desafía, intimida. Pesan factores objetivos, subjetivos y respeto al contenido de la norma.
Por eso su materialización no puede ser automática, aclara José Antonio Pérez Pérez, integrante de la Comisión Organizadora del 22 Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).
“Cualquier diseño incluye al sindicato y debe ser de mutuo acuerdo. Su análisis y aprobación debe llevarse a la asamblea general de afiliados y trabajadores, y plasmarse en el Convenio Colectivo…”, advierte quien también es responsable de la Esfera de Asuntos Económicos. “Esas conquistas de nuestra organización hay que defenderlas bien”.
Con él concuerda Rafael Guevara Chacón. El funcionario del Departamento Económico de la CTC está convencido de cuánto el decreto vigente allana el camino hacia su aplicación: “Las empresas ya no tendrán que vencer los cuatro indicadores planteados en el D 87. Ahora basta con uno solo: no deteriorar el aporte por rendimiento de la inversión estatal o el pago de dividendos al presupuesto”.
La simplificación, estima, obliga a obtener mayores utilidades, productividad, eficiencia, crear bienes, valores físicos y no mediante el incremento de precios o a base del alquiler de locales.
Dar el paso y mantenerse
Con gran repercusión en la vida de los cubanos, Aerovaradero S.A., en La Habana, estuvo entre las empresas que pudieron instrumentar en el 2021 el D 53. Sin embargo, en el 2023, los indicadores no le alcanzaron para transitar al D 87 y hubo un retroceso.
El procesamiento de más de 500 contenedores, la incursión en nuevas áreas de negocios, el manejo de su carga no comercial por vía área y marítima… abrieron las puertas al D 138, resume la directora general Gloria Alacán Ruiz.
“Aquí todo depende de la tonelada física. Si baja la carga, baja el salario. Si se estanca el flujo, se estanca el ingreso”, explica.
David Díaz Linares, jefe del almacén 4, no quisiera que algo así sucediera. No es lo mismo llegar a 50 mil o 60 mil pesos entre el salario y otros pagos, que volver a los 5 mil.
A más de 100 kilómetros de la capital, un temor similar siente el matancero Dilan Núñez Domínguez. “En marzo cobré mil 400 pesos más que mi anterior salario de 2 mil 100, sin contar otros ingresos por los resultados… Es estimulante, pero trabajoso…”, dice, mientras el sudor le empapa el rostro. “Estamos horneando con carbón y con leña lo hacen en otros establecimientos…”, exclama Yosvany Rivero, administrador de la fábrica de galletas La Yumurina.
“Ante la falta de harina y de petróleo lo más fácil hubiera sido renunciar, pero mire la cola, la gente está esperando por las croquetas y los moldes para pizzas a base principalmente de yuca y extensores”.
A esas y otras fabricaciones alternativas recurrió la Epam para mantener sus procesos, el empleo, producir alimentos… y se dieron las condiciones para aplicar el D 138.
“Fuimos cautelosos. No empleamos ninguno de los decretos anteriores. Llegó este y nos parece más viable… Ya se cobró marzo y abril. La gente está contenta… Aún no hemos usado los pagos adicionales… Sería un gasto superior. Vamos paso a paso”, aprecia el director de Capital Humano.
“Con vista larga, lo siguiente será medir cómo los millones erogados impactan en el incremento de la producción, la calidad, la eficiencia y, muy importante, vigilar que no se deteriore el aporte al rendimiento de la inversión estatal para no regresar al salario del año anterior”.
Una lucha similar libran en la empresa de conformación Noel Fernández (Conformat), también en Matanzas. Ante la imposibilidad de la importación de la materia prima, la única fabricante de cilindros para gas en el país apeló al talento de sus innovadores. Hornos, cocinas, rejas…, y la reciente transformación de cinco contenedores para uso de viviendas, ampliaron su objeto social y la salvan.
“Logramos mantenernos en el D 87 y transitar al nuevo”, sostiene la responsable de Recursos Humanos, Miriam García López. “¿Que si es mejor que el otro? En sentido general sí”, dice y mira fijo a Arianne Suárez Rosario, la secretaria general del buró sindical.
Cerca de ellas está Lázaro de Jesús Marrero Carriera. El operario de 58 años se muestra inconforme. Otros 56 que como él acumulan tres decenios o más en la planta, no podrán percibir el tope de 3 mil pesos por años de servicios prestados.
Miriam detalla que el malestar surge porque la “cuantía máxima mensual que reciba el trabajador por concepto de ese y otros pagos adicionales no puede exceder el 50 % de su salario escala, y el de los directos de aquí con más de 30 años de labor, está por debajo de los 6 mil pesos. Al dividir el monto por dos, no da para erogar los 3 mil.
Si el sentido del D 138 es fortalecer el salario dentro la estructura de los ingresos, los años de servicios o la antigüedad, como lo veo yo, debiera estar fuera de los pagos adicionales, opina Miriam. “Dejarlo a criterio de la empresa estatal socialista, como lo hicimos con el D 87”.
Y es que el D 138 es una oportunidad de dignificar el trabajo, apunta Noelis Borrero Izquierdo, director de Servicios de desarrollo en la capitalina Empresa Nacional de Software, S.A. (Desoft). Llegó, agrega, para “convertir la autonomía en resultados económicos tangibles, que se reflejen en la vida cotidiana de los colectivos, del país y constituyan mejores beneficios”.
Lograrlo implica que “directivos y sindicatos aprendan a ejercer juntos sus facultades”, aporta Katia Labrada Vidal, secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte y Puertos.
“La norma por sí sola no hará milagros” señala Osmar Ramírez Ramírez, secretario general de CTC en la provincia de Matanzas. “Ahora toca consolidarla, hacerla sostenible, trabajar por incorporar las entidades que aún no lo hacen y que crezcan los aportes de bienes y servicios. El país lo necesita, los trabajadores y sus familias también”.