Defender la soberanía no es un delito

Defender la soberanía no es un delito

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Hoy, como hace 30 años, los cuba­nos repudiamos la escalada agre­siva creciente del Gobierno de los EE. UU. contra este archipiélago. Hoy, como hace 30 años, el imperio trata de tergiversar y manipular la historia.

Foto: Joaquín Hernández Mena

Aunque hay una generación de compatriotas que no había na­cido en 1996, existen las pruebas documentales de lo que realmente ocurrió el 24 de febrero de ese año, cuando en un acto legítimo de de­fensa de nuestro espacio aéreo fue­ron derribados dos aviones piratas tipo Cessna, procedentes del aero­puerto de Opalocka, en el estado de la Florida, mientras transgre­dían una vez más el espacio aéreo en aguas territoriales cubanas.

Una cronología de los hechos puede hacerse a partir de las in­formaciones oficiales publicadas entonces en este semanario. La primera, aparecida el 15 de enero, resultó una advertencia pública en la que se expuso que los días 9 y 13 de ese mes, “en horas del día, avio­netas procedentes de los Estados Unidos (…) lanzaron octavillas de carácter subversivo en algunos lugares de las provincias habane­ras”.

Hubo otras “irresponsables y peligrosas acciones” de ese tipo, como las del “verano del año pa­sado”, mencionadas en sucesivas notas divulgadas en Trabajado­res, dando fe de que actividades de igual naturaleza conllevaron en varias ocasiones una nota di­plomática para poner al tanto al Gobierno de los EE. UU. y a los or­ganismos pertinentes como la Ad­ministración Federal de Aviación de ese país, con el fin de agotar recursos disuasivos para evitar los peligros que entrañaban tales vuelos no autorizados.

El 26 de febrero, 42 días después de aquella información, se publican en portada y en la página 4 de este semanario dos amplias notas del Ministerio de Relaciones Exterio­res, con los antecedentes del trági­co suceso y el desenlace posterior.

Se da a conocer que a las au­toridades estadounidenses les fue permitido que entraran con los funcionarios cubanos en aguas ju­risdiccionales al norte de La Ha­bana a participar en labores de búsqueda y salvamento en el área donde aconteció el derribo de las dos avionetas pilotadas por miem­bros de la organización terrorista Hermanos al Rescate. Esto resulta una evidencia de que los hechos no ocurrieron en aguas interna­cionales como señalaba el enton­ces secretario de Estado, Warren Christopher, quien hasta amenazó con que el presidente Bill Clinton podría adoptar acciones unilate­rales.

Y en eso sí tuvo razón, en Mia­mi se orquestó una gran campaña bajo “la imagen inofensiva de los piratas aéreos y el ‘exceso’ come­tido por los agredidos…”, como se significó en la edición del 4 de marzo de aquel 1996 en Trabajado­res, en el editorial de Nicanor León Cotayo ¿Hasta dónde el triunfo de los “duros”? No fue casualidad —escribió el periodista—, que los grupos contrarrevolucionarios manejados por Jorge Mas Canosa intensificaron desde mediados de 1995 sus acciones subversivas con­tra la Mayor de las Antillas, entre ellas, las incursiones piratas en su espacio aéreo.

Luego del derribo de las aero­naves pidieron un bloqueo naval a Cuba y multiplicaron la presión sobre el presidente Clinton para que firmara el proyecto de Ley Helms-Burton que vino a recru­decer el bloqueo comercial, finan­ciero y económico del Gobierno estadounidense contra Cuba. Y lo lograron.

Treinta años después, vuelven a negar que los hechos de 1996 fueron una acción legítima de de­fensa de la soberanía nacional y pretenden judicializar al líder de la Revolución Cubana, el Gene­ral de Ejército Raúl Castro Ruz. Y para denunciar esta ignominia, miles de habaneros en nombre de todos los cubanos acudieron el pasado viernes a la Tribuna Antimperialista para patentizar también nuestro derecho a la paz y exigir la eliminación del cri­minal e inédito bloqueo que dura más de 67 años.

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