El 21 de mayo de 1966, a las 19:00 horas, una de las balas disparadas desde el camión que transportaba a marines en el territorio cubano ilegalmente ocupado por la Base Naval en la Bahía de Guantánamo, entró por la aspillera de la casamata donde el soldado de la Brigada de la Frontera Luis Ramírez López cumplía el servicio de guardia y lo mató.
El joven nacido en Hornos de Mojará, en Guisa, hoy provincia de Granma, apenas dos días antes había celebrado sus 22 años de edad en las trincheras frente al enclave, vestigio todavía presente de la oprobiosa Enmienda Platt.
Su asesinato fue el hecho más grave ocurrido en ese año, marcado por las constantes y peligrosas provocaciones desde la base, dirigidas a encontrar en una enérgica respuesta cubana el pretexto de una agresión militar para destruir a la Revolución.
El incidente puso a prueba una vez más la entereza y ecuanimidad de los jóvenes combatientes de la frontera en cuyas mentes estaban muy presentes la dramática experiencia vivida casi dos años antes con el homicidio por disparos efectuados por marines yanquis del también soldado Ramón López Peña, el primer mártir de la unidad militar vanguardia entre vanguardias, Orden Antonio Maceo, creada por indicaciones de Fidel y Raúl el 9 de noviembre de 1961.
Cumplieron cabalmente la firme orden dada en ese sentido por el entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), comandante Raúl Castro Ruz.
Con su cinismo característico, el Gobierno de Estados Unidos intentó culpar a Cuba del acontecimiento con la falacia de que seis soldados nuestros habían penetrado en el perímetro de la base y fueron repelidos.
La mentira tiene patas cortas y pocos días después corresponsales de prensa extranjeros que visitaron el lugar, a instancias del Gobierno revolucionario, apreciaron la imposibilidad de cruzar las tres cercas perimetrales que circundan el área usurpada sin ser tempranamente detectados por las postas norteamericanas.
Luis Ramírez López es una de las 3478 víctimas del terrorismo de Estado contra la Isla digna e independiente promovido por Washington desde casi el mismo triunfo de la Revolución, terrorismo exacerbado como nunca antes por la actual administración yanqui con el recrudecimiento del bloqueo, el cerco energético, las absurdas sanciones contra dirigentes cubanos y las amenazas de agresión militar directa.
En la despedida de su duelo, el comandante Raúl Castro Ruz, afirmó: «Sé que lucharemos hasta el final de los enemigos de nuestro pueblo. Han transcurrido varios años y el cubano más revolucionario, comunista, internacionalista, aguerrido y combativo levanta esta consigna de combate: Hasta la Victoria Siempre.»
Palabras de total vigencia.