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Crónica de un tornero incansable

Las cinco de la mañana agarran a Antonio Dagoberto Saavedra Santiesteban bien despierto, preparando con mucha antelación su camino al Centro de Operaciones de la UEB de Transporte, de la Empresa Eléctrica Holguín, donde ofrece su energía de tornero desde que era un joven de 28 años de edad.

 

A Saavedra lo caracteriza un sentido de pertenencia que lo mantiene bien activo tras su jubilación. Foto: Lianne Fonseca

 

La rutina no le cambió ni siquiera cuando le llegó la jubilación. El mes de descanso que le debe preceder a la recontratación fue para él un punto y seguido. Sabía que había un torno italiano con más de 40 años de explotación esperándolo para continuar conformando dropados y otras piezas necesarias para el sector eléctrico.

«Nunca me ha gustado coger vacaciones», confiesa y con la frase da todas las claves de su éxito laboral. Una abnegación inusual lo ha traído hasta sus 66 años con variados reconocimientos, entre ellos la Medalla «Jesús Menéndez» y la Orden Lázaro Peña de Tercer Grado.

Entró a la Empresa Eléctrica de Holguín en julio de 1988 y durante casi cuatro decenios ha sido imprescindible para que los carros anden, a pesar de escaseses de piezas de repuesto, y que incluso una antigua guagua Skoda pronto vuelva a rodar para la transportación de trabajadores.

Saavedra, como todos lo llaman, cuida a su torno como a su propia persona. Le hace reparaciones, mantenimientos, lo mima. Porque con él moldeó una historia de compromiso que lo convirtió en Trabajador Vanguardia Nacional en seis ocasiones y Vanguardia del centro en otras cinco oportunidades.

Saavedra es mucho más que el único tornero de su centro. Dentro de esta entidad ha sido dirigente sindical, anirista, donante de sangre, maestro de estudiantes de politécnico. Incluso, en su hoja de servicios consta que contribuyó a que su UEB fuera Colectivo Vanguardia Nacional en el año 2013.

Por si fuera poco, ha sido premiado en más de una decena de Forums de Ciencia y Técnica a nivel de base y sus innovaciones han conseguido un impacto económico por encima de los cien mil pesos cubanos.

No extraña entonces que desde la Empresa Eléctrica Holguín haya sido el elegido para recibir una moto como estímulo a tantos años de servicio comprometido, de excelencia al hacer, de sentido de pertenencia…

Eso sí, detrás de su historia admirable hay una esposa dedicada por 41 años, un par de hijos y dos nietas. También el recuerdo de un padre que lo animó a hacerse tornero, allá en su Purnio natal, y que vivía orgulloso de sus logros.

Por eso Saavedra no se cansa. Mientras tenga fuerzas y buena vista, asegura, seguirá pegado al torno, gestando piezas como quien le da forma a su propia vida.

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