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El retroceso de los derechos LGBTQ+ en América Latina y el contraste de Cuba

Por:Dra.C Mariela Castro Espín (Especial para Trabajadores)

 

En materia de diversidad sexual y de género, América Latina ha sido escuela y campo de batalla frente a las embestidas conservadoras que reemergen en el siglo XXI, fuertemente articuladas y financiadas por organizaciones ultraconservadoras globales, regionales y locales, basadas en fundamentalismos políticos y religiosos que promueven una agenda para desarticular los avances de las mujeres y las diversidades sexo genéricas.

 

El movimiento LGBTIQ+ latinoamericano expresó su apoyo a Cuba ante las constantes agresiones y bloqueo, el cerco energético y las amenazas de agresión militar, durante la X Conferencia Regional de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex para América Latina y el Caribe (ILGALAC), celebrada del 5 al 8 de mayo último en Niterói, Brasil.

 

Durante el auge de los gobiernos progresistas en nuestra región, países como Argentina, Uruguay, Brasil y México encabezaron olas de reconocimiento como el matrimonio igualitario, las leyes de identidad de género autopercibida, los cupos laborales trans y los sistemas de salud inclusivos, que constituyeron referentes para quienes buscábamos las mejores prácticas en el ejercicio efectivo de los derechos para todas las personas. Todas sus experiencias, logros y desaciertos fueron fundamentales para seguir avanzando en el anhelo martiano de conquistar toda la justicia.

Sin embargo, entre la transición democrática y la consolidación neoliberal emergió un sólido enjambre transnacional de políticas, leyes, organizaciones, plataformas, congresos, campañas y otros dispositivos políticos y simbólicos, que han tejido una ofensiva sistemática contra la llamada “ideología de género», como una peligrosa amenaza “comunista” contra el orden social, que destruye a la familia “original”, tradicional. Una de las campañas más conocidas es la de “Con mi hijo no te metas”, con un efecto de sugestión impresionante que logró movilizaciones masivas en favor de figuras y gobiernos de extrema derecha, sustentados por el principal hegemón imperialista y las aristocracias nacionales.

Hay evidencias abrumadoras sobre la ejecución deliberada de una agenda neoconservadora que desacredita los aportes de las ciencias, con el propósito de regresar a las narrativas oscurantistas de control, coerción y castigos sobre los cuerpos y las subjetividades de las mujeres y las personas LGBTIQ+. Promueven una agenda obsoleta, pero bien estructurada, que también apuesta por la fragmentación de los movimientos populares para enfrentarles como enemigos, establecer parcelas excluyentes e impedir que se comprendan las causas estructurales de las desigualdades.

En ese entorno tan adverso y a pesar de las hostilidades permanentes del imperialismo liderado por los EE.UU., y los efectos de su política de asfixia contra la resistencia de nuestro pueblo, en Cuba se ha experimentado un proceso de  transformación jurídica y social significativo en materia de derechos para las personas LGBTIQ+, en un proceso impulsado por la actualización constitucional y legislativa que ha posicionado al país entre los más avanzados de la región en el reconocimiento legal de la diversidad sexual y de género.

La nueva Constitución de la República aprobada mediante referendo popular en 2019, tras un riguroso proceso de consulta con toda la ciudadanía, ponderó el respeto a la dignidad humana como principio fundamental, y blindó la protección explícita contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género.

En la nueva Carta Magna se reconoce la pluralidad familiar y se concibe el matrimonio como la unión «entre cónyuges», abriendo así la puerta legal al reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo género. Este cambio constitucional estableció el mandato de actualizar el Código de Familia, que databa de 1975, para adecuarlo a los nuevos principios de pluralidad, inclusión y dignidad humana.

El Código de las Familias, sometido a referéndum popular en septiembre de 2022, demostró un respaldo popular histórico, en un proceso ampliamente participativo, discutido en más de 79,000 reuniones populares, que recogió las opiniones de más de 6.4 millones de cubanas y cubanos, lo que llevó a modificar cerca del 48% del texto original. Con una participación del 74% del padrón electoral, el Sí obtuvo el 66.87% de los votos válidos, ratificando popularmente el nuevo código.

Esta norma superior, ya en vigor, representa un cambio cultural profundo al reconocer legalmente la diversidad de configuraciones familiares que existen en el país. Sus principales novedades incluyen el matrimonio igualitario, que define el matrimonio como la unión voluntaria entre «dos personas», y la adopción homoparental: por primera vez, las parejas de personas del mismo género pueden adoptar de manera conjunta.

Al respecto, nos satisface apuntar que desde octubre de 2022 hasta abril de este año, según datos del Ministerio de Justicia, un total de 3 mil 693 parejas del mismo género han contraído matrimonio, y otras 356 han legalizado su relación familiar mediante la figura menos conocida de la Unión de hecho afectiva. No son simples datos estadísticos fríos: es una expresión de mayor felicidad, amor, realización personal y seguridad jurídica para esas parejas, sus familiares y hasta sus amistades.

El avance más reciente ha sido la aprobación de una nueva ley que permite a las personas trans cambiar su identidad de género en sus documentos oficiales de manera mucho más ágil y respetuosa. La Ley del Registro Civil, aprobada en la Asamblea Nacional del Poder Popular en julio de 2025, se espera que entre en vigor a mediados de 2026.

 

«Cuba ha logrado cosas por las que muchos de nosotros aún seguimos luchando», expresó en Brasil Yuri Guaiana, cosecretario general de Ilga Word

 

Esta ley representa un avance legal importante porque permite a las personas adultas trans modificar su nombre y el asiento registral relativo al sexo (masculino o femenino) en el certificado de nacimiento, el carné de identidad y otros documentos legales sin necesidad de presentar pruebas de cirugía de afirmación de género u obtener una sentencia judicial.

También en 2025 se aprobó el Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes, que consagra como parte del derecho a la integridad corporal la prohibición de intervenciones médicas cosméticas o normalizadoras en personas intersex menores de edad, salvo estricta necesidad para la salud, convirtiendo a Cuba en referente singular en la protección temprana de estos derechos. En esta Ley se fomenta también la educación integral de la sexualidad en niñas niños y adolescentes, enfocada entre otros aspectos en el respeto a la diversidad sexual y de género.

A la par trabajamos en la actualización de la política de Educación Integral de la Sexualidad, establecida desde la década del 70 por el Estado cubano, por iniciativa de la Federación de Mujeres Cubanas y con el respaldo indispensable del Partido Comunista de Cuba desde su Primer Congreso en 1975.

Cuba ha mantenido un esfuerzo educativo sostenido a través de las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia, organizadas anualmente por el CENESEX desde 2008. Estas jornadas de diálogo científico y activismo social junto con sus campañas comunicacionales han contribuido a crear conciencia en la mayoría de nuestro pueblo, porque no sólo visibilizan y combaten la discriminación, exclusión y segmentación social de las personas LGBTIQ+, sino que también sirven como espacios de diálogo para explicar y promover las nuevas leyes.

Por ejemplo, las ediciones recientes se han centrado en el debate sobre el Código de las Familias, la Constitución y los derechos sexuales. El lema “Por todas las familias, el amor es ley» resume el espíritu de este proceso de transformación cultural que pretende explicar y acompañar los cambios jurídicos.

No obstante a los logros alcanzados, identificamos brechas y desafíos que nos ocupan, tanto a las instituciones del Estado como a las organizaciones de la sociedad civil, y que trabajamos en estrecha alianza.

No les contaré lo que significa nacer y vivir en un pequeño país que al escoger el camino de la libertad se enfrentó a los más grandes poderes económicos, militares, culturales y patriarcales de la historia. No les voy a contar lo que significa vivir en una ciudad sitiada a 90 millas de los EEUU y bajo la incertidumbre de una agresión militar, porque sobre esos temas hablamos casi a diario, aunque no siempre vemos el impacto negativo que eso también genera como el principal perjuicio que hoy enfrentan las personas LGBTIQ+ para su pleno desarrollo e integración social en nuestro país.

Y concluyo con un mensaje de una gran amiga, de una activista trans fuera de serie, Lohana Berkins. La militante argentina decía que “en un mundo de gusanos capitalistas, hay que tener coraje para ser mariposa”. Por eso, a pesar de los discursos de odio contra las mujeres y las personas LGBTIQ+, y de las opresiones múltiples que agudizan los sufrimientos de las personas discriminadas, desde Cuba seguiremos trabajando para que la dignidad humana, la justicia social, la libertad solidaria y el bien común sean principios universales que guíen los esfuerzos colectivos por un mundo mejor.  Frente a las narrativas de dominación neocolonial y las amenazas explícitas del imperio, el pueblo cubano sigue en resistencia.

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