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Nuevos bríos de La Estancia

Sancti Spíritus.— La unidad empresarial de base (UEB) 3 La Estancia se resiste a la inercia. Desde hace meses las principales líneas de una de las fábricas más modernas de la zona industrial de esta pro­vincia permanecen preserva­das. No obstante ese panora­ma desalentador, el colectivo se niega a la paralización pro­ductiva con una estrategia evidente: reinventarse.

Natillas y atoles de diferentes sabores son surtidos de la línea de mezclas secas de la UEB 3 La Estancia en Sancti Spíritus. Foto: Yuleiky Obregón Macías

Roturas tecnológicas y falta de financiamiento para la adquisición de envases y materias primas pusieron en conteo de protección la pro­ductividad de la industria espirituana, por muchos años referente nacional en la ela­boración de jugos, compotas y derivados del tomate, envasa­dos con la tecnología aséptica Tetra Pack.

Negados al nocaut, se le­vantaron. Lejos de asumir la paralización como destino encontraron una solución en la diversificación, el encade­namiento con otros actores económicos y en la innova­ción como pilar esencial de resistencia.

Lo confirma Ana Isa González Farfán, presidenta de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionaliza­dores (Anir) en esta central provincia, quien se declara enamorada de una de las in­ventivas facturadas allí. No por gusto esa entidad acogió la arrancada de la Expo–Anir Soluciones Cuba 2026 en el territorio.

 

Negados a estancarse

Con más de 200 trabaja­dores interruptos, Nelson Fonseca Pita, especialista en Mantenimiento, no lo­graba conciliar el sueño. “Decidimos hacer algo para poder trabajar. Con plan­chas de acero inoxidable y otros materiales que esta­ban en el taller fabricamos un trompo para mezclar productos secos. Ante las limitaciones con la energía decidimos hacerlo de forma manual”, advierte.

“El costo de la innova­ción, concebida con recursos recuperados, ronda los 2 mil pesos. Ya demostró con cre­ces su factibilidad porque en las primeras dos semanas se elaboraron siete toneladas de productos con un impacto hacia la empresa que supe­ró los 5 millones de pesos”, detalla el innovador.

La iniciativa dio pie a la nueva Línea de Mezclas Se­cas. Una producción coope­rada con una mipyme de un plan mensual de 14 toneladas, unas 28 mil bolsas de produc­tos que tienen como destino fundamental la red del co­mercio minorista.

La ingeniera química y Máster en Ingeniería Indus­trial, Addys Iliana Castella­no Gómez, quien se desem­peña como especialista de Calidad, aportó las formu­laciones. “Tras detenerse los principales procesos, en el almacén quedaban materias primas que podían correr el riesgo de vencer. Son alimen­tos valiosos y no podían per­derse. De ahí surgió la idea de elaborar este nuevo surti­do a partir de mezclas secas de ingredientes como maice­na, sabores, azúcar.

“Comenzamos el año an­terior con natillas —expli­ca— y en el 2026 incorpora­mos el atole que prescinde de la leche en polvo. Son produc­tos nutritivos, de preferencia entre las familias y de fácil elaboración en nuestros ho­gares. Ya cuenta con registro sanitario, tiene confeccio­nada su norma de proceso y especificaciones de calidad. Le damos seguimiento en el laboratorio físico-químico y de microbiología. Contamos con un panel de catadores que evalúan sensorialmente los productos, hasta el mo­mento con excelente calidad y aceptación. No hemos teni­do quejas ni reclamaciones de clientes”, puntualiza.

A esta ingeniera, funda­dora de La Estancia, la reta encontrar soluciones. “Aquí el capital humano es decisivo. Tenemos un gran sentido de pertenencia, por eso a pesar de los obstáculos podemos sa­lir adelante. Duele ver que co­menzamos con tecnología de punta y ahora trabajamos con la más atrasada, pero lo que resultaría imperdonable sería parar. Es un deber garantizar el empleo a esas personas de tanta experiencia y que no podemos perder”.

La historia reciente de La Estancia refleja los de­safíos de la industria ali­mentaria cubana en el ac­tual contexto de múltiples y acrecentadas carencias, pero también las elevadas com­petencias para enfrentarlas. En un país donde producir alimentos es una prioridad estratégica, logros como es­tos, más que soluciones pa­liativas, trascienden como claras evidencias de super­vivencia laboral, productiva e industrial.

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