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La Ilusión Guajira de Coco

“No soporto estar quieto en un lugar. No me gustaba la escuela, pero tan bruto no soy, por­que no habría logrado todo esto”. Y hace un ademán señalando la finca.

Coco apuesta por la ciencia en función de humanizar el trabajo y potenciar la eficiencia. Foto: Pedro Paredes Hernández

Solo basta una mirada alrededor para coin­cidir plenamente con Pedro Luis Rodríguez Sánchez, a quien familiares y amigos llaman Coco.

A 10 kilómetros de la ciudad de Pinar del Río están los predios donde dio cuerpo el sueño familiar de crear una vega. Justamente porque parecía una utopía. La esposa, madre de sus dos hijos (una hembra de 17 y un varón de 13) y compañera inseparable en cada batalla, Maricé Pérez Caro la bautizó como Ilusión Guajira.

“Cuando llegamos aquí, eran nueve hectá­reas de marabú, no había ni una cuarta de tierra limpia, solo trillos que habían hecho los pesca­dores para acceder a la presa”, recuerda Pedro. El desmonte, realizado a mano, propició la pri­mera fuente de ingresos con la elaboración de carbón, actividad en la que no tenía experiencia y que constató es muy trabajosa. La búsqueda de alternativas para humanizar esa faena abrió paso a un camino de ciencia en la vega.

 

¿Innovador?

“No me considero un innovador”, asegura Coco. “Lo que aplico aquí es ciencia antigua, una téc­nica asiática”, el carbón lo hacen en hornos bajo tierra, con chimeneas y el control del flujo de aire, lo que elimina la vigilancia permanente y las noches en vela; “así tú puedes ser también carbonero, veguero, ganadero, lo que quieras, porque solo es esperar las 96 horas después de que se apague para ir a sacarlo”, precisa.

“Si les compraba merienda, zapatos y ropa a los muchachos, no podía adquirir químicos para fertilizar la tierra, te digo la verdad, por eso fue que empezamos con la agroecología, y ahora sé que es lo mejor, donde aplicas materia orgánica, hasta la hierba sale diferente”.

La necesidad impulsó, además, a encontrar opciones más económicas para la manutención de los cerdos, por lo que incursionaron en los alimentos líquidos fermentados que sostienen la cría de cerdos y otros animales. Recogen los desechos de las producciones, les incorporan el suero de la leche de vacas y cabras, que proce­san para hacer quesos y dulces, lo que le aporta el ácido láctico a la composición.

Otros ingredientes son caña de azúcar, sal, pescado, yuca. Se obtiene una mezcla semilí­quida que tiene un gran beneficio sobre el sis­tema digestivo de los cerdos, disminuye consi­derablemente los gastos veterinarios e influyen en un favorable peso del animal.

Antes de llegar a este punto tuvieron mu­chos tropiezos, errores de formulación con un alto costo. En una ocasión perdieron todos los animales, porque al estar equivocadas las pro­porciones el resultado fue que los alimentaron con un alto contenido de salmonella.

 

El hogar

Incluso la vivienda circular es fruto del conoci­miento, es más resistente a los huracanes, des­pués de haber perdido todo cuando el paso del huracán Ian. Confiesa que dedica muchas horas a estudiar, porque como dijo, no le gustaba la escuela, pero sí aprender.

La finca fue concebida como un proyecto de desarrollo local y así esperan irradiar bienes­tar a la comunidad. “Esto lo empezamos para nosotros, gustó a otros y nos han hecho pro­puestas como el fomento del agroturismo.

“Para mí la familia es todo, no la veo como una carga, sin su apoyo no se puede hacer na’, quien no tenga familia es como un barco a la deriva”, sentencia. En Coco se funden los valo­res ancestrales del campesino y el ansia de co­nocimiento de lo moderno. Esa combinación es la materialización de una ilusión guajira.

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